Males incurables = Emociones curables

Dicen que es muy bueno llorar. Muchos lo hemos escuchado. Espero que tanto hombres como mujeres (pero ese es tema para otro día). Yo nunca había comprendido de fondo el por qué derramar lagrimas es algo tan positivo, hasta hace unos meses.

Al nacer un bebé, el sonido de su llanto es uno de los primeros síntomas que se espera para saber que su organismo funciona correctamente. A lo largo de nuestra vida todos lo hacemos, lloramos a causa del dolor físico o emocional. Es parte de un funcionamiento psicofisiológico normal.

El Dr. William H. Frey, un conocido neurocientífico y bioquímico americano, escribió un libro titulado: “Crying: The Mystery of Tears” en el cual explica que segregar lágrimas parece tener una función analgésica y paliativa del dolor. Detalló en su publicación que cuando lloramos ante situaciones emocionales, propias o ajenas, nuestras lagrimas sacan fuera de nuestro organismo una dosis de cloruro de potasio y manganeso, endorfinas, prolactina, adenocorticotropina y leucina-encefalina (un analgésico natural).

Llorar es una descarga emocional. Cuando lo hacemos generalmente es porque estamos tristes, tenemos coraje, miedo, frustración, llámale como quieras; llorar para mi es cuando la mente y cuerpo se conectan a un nivel emocional y maravillosamente fluye agua salada por mis ojos, como un desahogo silencioso ( a veces no tanto). Y eso es sano. Me hace sentir mejor.

Como la palabra desahogo lo dice, esas lagrimas tienen que salir para no ahogarse dentro de nuestro ser.

Pero ¿qué pasa si no sabemos que estamos tristes o enojados con algo o con alguien? ¿Qué pasa si no lloramos porque desconocemos por completo cómo nos sentimos? Es ahí cuando empiezan los problemas.

Más de 5 personas queridas, cercanas a mi, me contaron que empezaron tratamiento psicológico, y una psiquiátrico en el 2018. Además de terapias, constelaciones, thetahealing, y alguno que otro tipo de sanación que no recuerdo.

Para mi hace unos años, era un mundo desconocido por completo. Aunque siempre he creído en que funcionan. Nunca he sido escéptica, sin embargo tampoco recuerdo de algún familiar o amigo yendo a terapia. En mi familia era un tema desconocido, rara vez mencionado, pero no tabú. Mi razonamiento siempre fue que ir con un psicólogo era innecesario al menos de que hubiera un shock o trauma. No pensaba que si llevabas una vida “normal”, ir con un especialista de salud mental te serviría de algo.

Hasta que justamente por estas fechas el año pasado se me empezaba a “dormir” mi brazo y mi pierna izquierda, sentía hormigueos constantes. Para como soy, ya me estaba imaginando lo peor, de lo peor. Resulta que estaba visitando Monterrey, así que después de una semana de achaques, fui a cenar con dos de mis mejores amigas (A y K) en la ultima noche de mi viaje. Comienzo a contarles mis síntomas cuando veo que una de ellas empieza a esculcar su bolsa mientras yo pensaba que le estaba importando un cacahuate lo que le estaba contando. “Mira lo que traigo aquí” dice K, desdoblando una hoja blanca un poco arrugada. “Son notas de mi terapia de esta semana”. Ella inició tratamiento psicológico a raíz de un asalto y recientemente terminó después de alrededor de 5 años que le cambiaron la vida. Mejor dicho, le mejoraron su vida. Pero como esta no es su historia (aunque tal vez esta mas interesante que la mía), no me corresponde a mi contarla.

En la hoja de notas acomodada en medio de los platos de sushi pude leer una lista de síntomas psicosomáticos, (psico-¿que? Pregunté en mi cabeza). “Son manifestaciones físicas de tu cuerpo de que algo emocional no esta bien” me aclaró K al ver mi cara desconcertada. En la lista se leía claramente: hormigueo de brazos o piernas.

No se qué me impresionó más, que yo pudiera pronunciar bien la palabra psicosomáticos, que mi amiga pudiera escribir bien la palabra psicosomáticos en sus notas o la “coincidencia” de contármelo el día que me urgía escucharlo.

Ni yo me la creía ¿Así o más clara la señal? A media noche busqué en la RAE la definición de psicosomático: Que afecta a la psique o que implica o da lugar a una acción de la psique sobre el cuerpo o, al contrario. En otra página de google leí: Cuando el cuerpo “habla”. Ok, ya entendí. Pero ¿qué me quiere decir mi cuerpo? Ahí la cuestión.

Regresé a mi pueblo tejano, hermoso claro, para que no se sienta conmigo. Y busqué a la persona que mucha gente me había recomendado ya y había visto resultados en sus vidas. Para no hacer el cuento largo y sin ahondar en temas personales, en una sesión muy intensa de theta healing, y con varios ejercicios de tarea, mis síntomas se quitaron. Había algo que yo necesitaba saber. Estaba atravesando por una situación familiar que yo justificaba, normalizaba… porque no creía realmente que me afectaba. Verdaderamente no lo sabía, por ende no lo aceptaba.

De las 5 personas que el año pasado iniciaron su tratamiento psicológico, todos fue por achaques crónicos: una fue por migrañas terribles, otra porque tuvo una separación de pareja, otro porque después de hacerse análisis y estudios de todo tipo por tener presión alta, dolores de pecho intensos y demás, finalmente un doctor le recomendó una terapeuta, porque tal vez de ahí podía llegar a la raíz del problema que ningún aparato o análisis de sangre le podía encontrar. Otra por ataques de pánicos constantes y otra porqué sentía que lo necesitaba. Amigos y familiares en España, Mty, CDMX y The Woodlands. En diferentes ciudades, de distintas edades, estados civiles y estilo de vida. Todos con vidas “normales” como yo pensaba cuando era apenas una niña. Vidas que no necesitaban a mi parecer tratamiento psicológico. Y todos y cada uno de ellos han mejorado su estado físico y mental. Todos le adjudican a su terapia estar bien.

Lo que he aprendido es que no es algo que te ayude meramente por ir a una sesión semanal. El trabajo es íntimo, es desgastante y agotador, dentro y fuera del consultorio. Es darte cuenta de mucho, es hacer consiente lo que no conocías de tu pasado. Es sumergirte sin saber nadar para descubrir en el agua la manera de mantenerte a flote.

Mi grupo de amigas desde la primaria es de 23 mujeres. Tenemos un grupo de Whatsapp en donde todas aportamos y nos seguimos la pista. Cada una comparte de sus propios intereses. Hace unos días una de ellas comentó algo de un seminario gratis por Deepak Chopra y el sonido de los grillos se hizo notar en el chat, con excepción de dos de nosotras que contestamos. Así que se me ocurrió abrir un chat para las que nos interese un estilo de vida encaminado al soul-searching. Extendí la invitación a las que quisieran estar en ese chat para no bombardear ahí de temas de bienestar mental. Personas que nunca pensé les interesaría ese tema me pidieron que las agregara, y es que no sabemos por lo que pasan las personas que creemos conocer. “Todos tenemos nuestras batallas” como bien me dijo mi cuñado alguna vez. Lo que tenemos que hacer es buscar la manera de salir victoriosos, intentando poco a poco todos los días.

Por mi parte, inicié el ciclo de meditaciones de Deepak Chopra y me volví su fan. Lo sabía hace mucho, y siempre me ha gustado el yoga, meditar, pero esto para mi fue más profundo y me dio el empujoncito para incluir la meditación en mis rutina diaria.

Después de aquella sesión que me curó mis achaques una vez, ya he tenido otro par de experiencias iluminadoras y sanadoras completamente inesperadas.

Escribo esto porque no se qué esta científicamente comprobado o no, pero ya hay evidencia empírica en mi vida de que te curas de muchos males hablándo de tus emociones y trabajándolas. En inglés le llaman anecdotal evidence. Y en mi vida y en la de la gente que me rodea, ya hay prueba suficiente.

A corto y a largo plazo el beneficio es inmenso. Ayuda a prevenir enfermedades y nos da una vida más en paz. En paz no por evadir, sino por enfrentar. Por tener la valentía de dialogar, de indagar. El coraje de llorar, para poder reír. Pero sobre todo para intimar, conocernos más y poder dejar ir. Vivir en armonía se puede alcanzar teniendo el valor de ir hacia adentro, de observar la mente y el alma, de dejar de victimizarnos o de justificar y más bien enfrentarnos con nuestro peor enemigo y mejor amigo, nosotros mismos.

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I am 35

I am 35 and I’ve never felt so good. So free.
I am no longer over-analyzing, over-thinking things and being over controlling. I am free from all the BS.

Today I turn 35 and I feel like I’m steadily ascending to the top of my learning curve on how to be healthy from within. Physically, mentally and spiritually. (Learning doesn’t mean dominating. Although we never stop learning and health tendencies are always changing, at least I know where I want to be, and I’ll be working on it daily for the rest of my life.)

I spend hours of my week building physical endurance but understanding that emotional endurance is equally important. I try to spend my time more wisely and be more focused on my goals. I tend to be scatter minded and I think I will always be, the difference is nowadays I care about less things and less people (not to be obnoxious, but you know what I mean), I know I’m right beside the ones who matter to me.

Today I am happy knowing that small actions build up to something bigger. Today I love deeply and unselfishly. Having been around the sun 35 times, I feel I have a greater understanding about my feelings and my many issues, whether or not they are controllable. I have learned to be mindful of the ones I can’t control and slowly let them go.

Today I can sit in my car and listen to one of my favorite 90s song (which I loved as a teenager)…knowing I am a little bit of all of them.

You gotta be bad, you gotta be bold, You gotta be wiser.
You gotta be hard, You gotta be tough, you gotta be stronger.
You gotta be cool, you gotta be calm, you gotta stay together.
All I know, all I know, love will save the day

(for my younger friends and cousins:

https://www.youtube.com/watch?v=pO40TcKa_5U

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En Privado Por Favor

Desde hace unas semanas me han preguntado por qué ya no he escrito nada en anabeat.com. En el fondo sabía que quería hacerlo pero no le estaba destinando tiempo por estar trabajando en otro proyecto, sin embargo ese interes de amigos era justo el empujonsito que necesitaba.

También, para ser honesta, me daba ese sentimiento de cuando dejas de hacer algo por un rato, siempre te dan esos nervios de volver a empezar. La cuestión no era que no había escrito, porque cuando revisé en mi celular tenía 78 notas con ideas y temas por desarrollar que he ido redactando desde julio.

Empecé a escribir partiendo de algunas de esas notas y escogí dos para publicar hoy (En privado por favor y I don’t own anything). Ambas coinciden en un tema que creía que por mi edad o madurez no me afectaba directamente, pero como siempre, al escribir me conozco más y me di cuenta que sí. Nadie estamos exentos.

En Privado Por Favor

Antes valorábamos la privacidad. Era importante. Necesaria.
La intimidad con alguien, los mensajes de amor o muestras de cariño eran especiales. Y cómo la palabra lo dice: Íntimos.

No todos se enteraban cuando un pretendiente te dejaba una flor en el parabrisas de tu carro y mucho menos de unas palabras de felicitación por un aniversario.

Recuerdo todavía cuando algunos tatuajes se tenían que enseñar solamente a personas de mucha confianza por estar en partes del cuerpo menos vistas, pero hoy el pudor es más fácil disimular en la solitud frente a una cámara.

Vivimos en una época en la que todo lo que hacemos es público, y cuando no, simplemente no es. No fuimos. No lo hicimos. Not been there, haven’t done that. FOMO total!

Y nos lo creemos.
Validamos nuestras acciones a través de los likes que nos otorgan los demás.
Por medio de éstos medimos nuestras emociones o establecemos los parámetros de lo normal.

Las cartas de amor no son tan tiernas si no se profesan abiertamente en Facebook. Como si hacer público un mensaje o subir una foto/video legitimara lo que sentimos por alguien.

Los eventos o fechas importantes no fueron celebradas si no lo compartimos en las redes sociales. Porque si fuimos a un concierto lo queremos mostrar y si estamos de vacaciones en lugar de solo disfrutar también lo queremos publicar.

Un maratón no fue corrido si no lo difundimos en Instagram. Porque hay momentos que vale la pena recordar y esfuerzos que recompensar.

Casi casi que nuestros hijos no cumplieron años si no se sube su fiesta a Instastories.

Lo analizo a detalle porque lo vivo en mi vida diaria. Estuve exenta muchos años de esto y lo veía como algo que yo nunca haría, pero recientemente caí en el clásico: Más rápido cae un hablador que un cojo. O en honor a mi marido. Un pez por la boca muere. (aunque él solo practica pesca de catch and release).

“Yo nunca lo haría” pensaba e incluso lo mencioné algunas veces ¿Cuál es la necesidad? Y terminé haciéndolo. Escribiéndole un mensaje breve a mi marido en Instagram de nuestro octavo aniversario de bodas. ¿Por queeeeee? ¿Para qué? Si vivo con él. Se lo pude haber dicho o haberle dejado una nota en el buró de nuestra cama. No le he preguntado si le hubiera gustado más en privado mi recadito, el punto es que ya no importa. Ya lo sabe él y cientos de personas más.

No sé qué es, pero aunque trato de vivir sin que eso me importe, me da un grado leve de ansiedad (porque no se me ocurre otra manera de describirlo) no publicar una foto con mis hijos en el día de las madres o de mi familia disfrazada en Halloween. No tomo las fotos pensando en eso y mucho menos determina mis decisiones en cuestión de qué ponerme o a dónde ir, pero las ganas de publicar algo al final de esos días están presentes.

Me cuestiono que hay detrás de ese sentimiento. ¿Sentido de pertenecer, de estar vigente o simplemente el placer de compartir un pedacito (bien escogido y curado generalmente) de nuestra vida con quienes nos relacionamos en nuestra cotidianidad; muchos de ellos lejos y con ganas de estar cerca.

Sé que los tiempos han cambiado. Nuestra generación ha sido parte de una gran evolución en tecnología y comunicación. He visto, cada vez más, como nuestros mensajes, además de públicos se hacen más cortos y menos elocuentes, pues ya hay emojis que nos resuelven rápidamente nuestra capacidad o incapacidad de expresarnos con palabras. Todos los medios de información pretenden ser más rápidos y digeribles.

Recientemente fui a una plática de la Dra. Madeline Levine y platicaba como en treinta años de su experiencia como psicóloga ha observado como la innovación ha causado muchísimo estrés innecesario en los niños, tanto académico como emocional, y comentaba que ya están considerando nombrar un síndrome de ansiedad causado exclusivamente por Facebook. No me sorprende nada saber que a nuestros hijos les impactará aún más el avance tecnológico que a nosotros en la juventud, por lo que aumenta nuestra responsabilidad como padres en estar alertas con nuestros hijos y empezar con nosotros mismos a ser más coherentes en lo que creemos con el uso de las redes sociales, predicando con el ejemplo.

Como una persona apasionada de la comunicación en todos sentidos y las conexiones interpersonales me regocija saber que alguna vez tuve el placer de llegar a mi casa, abrir la mochila y desdoblar una hoja 4 veces para leer un mensaje de alguien especial. Simplemente esperar con ansias llegar a mi casa para prender la computadora y leer un e-mail esperado. Para mí y nadie más.

Sin público. En privado, por favor.

¿Soy yo o esto todavía tiene algo de mágico?

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I don’t own anything

 

I don’t own anything

 

Click without sound.

My thumb is scrolling up.

Suddenly I started feeling stressed.

I don’t own anything.

I don’t own my religion, because I am open to spirituality as a whole. And sometimes it is difficult to fit in.

I don’t own a perfect body or follow a specific fitness routine that I would care to show online…

Scrolling up.

I don’t own an addiction to makeup (does Sephora count?) or a deep passion for food (although I invest a lot of thought in everything my family and I consume.

I am not involved in any humanitarian advocacy group or am I a radical about any specific topic.

Scrolling up.

I don’t own anything so bad, not even my kids. They are their own selves and I hope they will always be their own person.

Maybe I should get a dog so I could consider myself a dog owner.

This all came to me while I was Instagraming looking at the images and videos of people I look up to and admire in different ways. It was just one of those days when I was feeling a bit down.

But then, I realized I own my mind and my own voice. I own my words. I own me.

I simply acknowledged I own me. With all my imperfections and sometimes unstable hormones.

I own my ideas and thoughts. I know and accept myself at all levels and that is the way I own ME every single day. Staying true to myself.

Accepting the fact that I like vintage markets more than malls. I love the outdoors and nature. I respect all animals (except mosquitoes and cucarachas). I believe in love as a decision and way of life not a concept. I believe kindness makes a difference and can change the world. I drink beer from the bottle and enjoy writing and reading. I prefer tea rather than coffee. I am not into routines and firm schedules… I believe we all need inspiration as well as friends and laughter for our souls to thrive. My weak spot is a terrace with a view (and some wine). Discussing politics reminds me I am an adult and every choice matters. Melancholy is my companion and transcendence is my most profound aspiration.

I own my relationships and my inner peace.

And I am enough.

Click with a sound.

Good night, me.

 

“Your mind is an instrument. Dont let it play you.” Author Unknown

 

 

 

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Ya chole con #girlpower

Lo tenemos que aceptar….Colgar una toalla después de bañarse (ponerla arriba de la cama o en la puerta de la regadera toda chueca no cuenta) y poner los calcetines usados en el cesto de la ropa sucia no es la especialidad de los hombres.

Y conste que no lo digo sin fundamentos. He vivido con 5.
No como pareja obviamente, pero además de mi esposo, mi papá, mi hermano y mis dos hijos suman.

Lo que sí es característico de los hombres es el trato que tienen con aquellos de su mismo género , el sexo masculino para ser exactos. Ese trato afable generalmente, de apoyo, amistad y confianza. Hasta de encubrimiento algunas veces. Seres humanos que viniendo del mismo planeta saben que se tienen que proteger ellos mismos y dar palmadas en la espalda para salir adelante. Darse la mano para impulsarse a llegar lejos o alto, a donde ellos quieran, simplemente para avanzar.

Desde chica me preguntaba ¿Por qué no somos así de unidas nosotros? ¿Por qué no me siento parte de un “club” universal de mujeres? Fuera de nuestras mamás, hermanas, tías y amigas, no tenemos ese pacto de alianza como lo tienen los hombres.

Al menos no lo sentía así, hasta ahora.

Pienso que si las mujeres fuéramos tan amigas y cordiales como en los baños de los antros este mundo sería diferente. Espero darme a entender y no confundirlos con recuerdos de hace años influenciados por un ligero grado de alcohol.

Por si algunos no lo saben, en los baños de mujeres de los bares, antros o festivales de música siempre hay fila y a veces una salita en la que puedes convivir. Ahí todas las mujeres somos amigas. Nadie compite en contra de las otras. Platicamos sobre lo que estamos viviendo en ese momento en nuestra vida personal o en el trabajo. ¿Qué fue lo nos llevó a estar ahí esa noche? Hay felicitaciones, consejos y hasta mentadas a la misma persona además de un intercambio genuino de cumplidos. Por esos minutos nos sentimos apoyadas y queridas; nos despedimos con una sonrisa.

¿Por qué no es así habitualmente? Me rehúso a pensar que es solo la influencia de bebidas alcohólicas. Aunque seguro habrá algunos que lo debatan.

Mi teoría es que sin quererlo, podemos coexistir y empatizar con otra mujer aunque no nos conozcamos. Alegarnos si esta feliz por algo o darle ese apretón en el brazo indicando que todo va a estar bien. Es coincidir con alguien que no representa ninguna amenaza para ti, al contrario, te abre a la posibilidad de tener algo en común con ella y poder convivir en paz.

Sentimientos y acciones que con gratitud he visto potenciar significativamente en los últimos años.

Recientemente escuché a alguien decir que ya le estaban haciendo mucho rollo al movimiento de empoderamiento de las mujeres #girlpower. Se me pararon los pelos de punta. Es como cuestionar por qué los miembros de la comunidad LGBTQ hacen desfiles en las calles y cabildeo para ser representados en programas de televisión y cambiar las políticas publicas para reconocer sus derechos. O como indignarse cuando los afroamericanos económicamente bien posicionados se gastan millonadas de dólares en presumirlos; en su vestimenta, en cadenas y anillos de oro o en carros de ultimo modelo. “¿Por qué tienen que estar tan “in your face”? Es una frase que he escuchado antes.

La respuesta es muy fácil. Es porque estos grupos vivían subyugados, estaban subvalorados. Los afroamericanos fueron esclavos, los miembros de LGBTQ han sido condenados y criticados, las mujeres fuimos silenciadas, oprimidas y por tantas generaciones ignoradas. La historia siempre es la respuesta. Voltear a ver el pasado para entender el presente.

“Why do you want this so bad?

Because they said I couldn’t have it.”

No se me olvida la respuesta que le dio Carl Brashear, el primer master diver afroamericano de la Marina de Estados Unidos a su entrenador en 1948. Tal vez la recuerdas también de la película Men of Honor con Cuba Gooding Jr. Y Robert DeNiro. Luchar incansablemente hasta lograr tus metas. Que poderosa manera de vencer tanto resentimiento.

Y es justo lo que veníamos cargando las mujeres por siglos. Resentimiento de no ser tomadas en cuenta ni valoradas. Rencor hacia una colectividad que ninguneaba nuestras opiniones y no entendía que nuestra naturaleza es fuerza además de ternura, es inteligencia además de emoción, es exigencia e independencia y no un parámetro de belleza.

El problema es que equivocadamente también esparcíamos esa enemistad entre las mismas mujeres con la falta de solidaridad y camaradería. Poco a poco nos hemos dado cuenta que podemos y debemos aceptar nuestra individualidad sin tener que competir. Eliminando esa oposición con nosotras mismas nos otorga el dominio que buscábamos, pero sobre todo el respeto que anhelábamos de la sociedad en la que vivimos.

El empoderamiento de la mujer en la última década ha sido de gran impacto social pues ha servido de base solida para la formación de más grupos que defienden nuestros derechos individuales y dignidad como ser humano. Movimientos tan importantes como #metoo, #timesup, y organizaciones civiles en las que se confronta y busca sancionar y eliminar el sexismo, el abuso y violencia domestica y en el área de trabajo, la discriminación de mujeres por racismo, la misoginia… delitos que habíamos estado permitiendo al no destapar o denunciar.

El #girlpower no es novedad. El feminismo menos. Pero este es el movimiento que nos tocó vivir. Muestra una vez más el poder de las redes sociales y medios de comunicación. El poder de que la unión hace la fuerza, de que cuando muchos caminamos en la misma dirección se consiguen cambios tangibles e irreversibles.

Espero que estos movimientos en todos los países sirvan también para querernos más y juzgarnos menos. Que nuestra fortaleza como sexo femenino no sea criticar o calificar a la de a lado sino seguir celebrando nuestros logros y sobre todo darnos la mano para ayudarnos a salir adelante y superar las adversidades que nos toca vivir.

Para la gente que le parezca mucho este movimiento deben saber que esto apenas empieza. Con lideres internacionales abriendo brechas e impulsando el desarrollo y los derechos de las mujeres en distintas ramas: Malala Yousafzai (www.malala.org) en la educación, Hillary Clinton en la política, Phumzile Mlambo-Ngcuka, como Directora de UN Woman, solo por nombrar algunas.

En México me parece apropiado mencionar y agradecer a mujeres que con entereza trabajan diariamente por los derechos de las mujeres: la empresaria Angélica Fuentes (@angelicafuentes) a través de su Fundación, la periodista y activista Lydia Cacho (@lydiacachosi) a través de sus investigaciones y denuncia incansable; la politóloga Denisse Dresser (@DeniseDresserG) quien con su liderazgo constantemente nos impulsa a enfrentar nuestros miedos y exigir nuestros derechos. Carmen Aristegui (@AristeguiOnline) quien con su carrera periodística representa a todas aquellas que queremos opinar y comunicar con libertad. María Teresa Arnal, (@mariatearnal) directora general de Google México, impactando en la equidad de genero desde la tecnología.

Lorena Guillé (@lore_guille), Xóchitl Gálvez (@XochitlGalvez), Martha Herrera (@mherrera68), Barbara Arredondo (@barbaraarredondo)… todas ellas se me vienen a la mente mientras escribo por ser ejemplo para mí, sin embargo sé que la lista es larga y seguirá creciendo mucho más.

¿Ya chole con el #girlpower? No quisiera volver a escuchar a nadie decir que le bajemos a nuestro rollo. Todo lo contrario, hay que subirle al volumen, que abarque todos los ámbitos y todas las generaciones. Hoy las mujeres y el feminismo debe de estar “in your face”. El camino es largo y la lucha es diaria; nunca ha sido competencia, sino una ardua búsqueda de la equidad y justicia.

*Ya chole: Expresión que quiere decir “Ya basta” o “Ya fue suficiente”, y se dice cuando ya no quieres hablar más del mismo tema. (para los lectores no mexicanos)

FRASES:

“Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos”.

Ma. Teresa Fernández de la Vega, ex vice-presidenta del gobierno español.

“We ignore our true stature until we stand up”.
Emily Dickinson, poeta

“The thing women have yet to learn is nobody gives you power. You just take it”.

Roseanne Barr, actriz y comediante

“Solamente cuando las mujeres comienzan a sentirse en su casa sobre esta tierra, vemos aparecer una Rosa Luxemburg, una madame Curie. Demuestran con brillantez que no es la inferioridad de las mujeres lo que determina su insignificancia histórica: su insignificancia histórica las condena a la inferioridad”.
Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

“If the feminine issue is so absurd, is because the male’s arrogance made it ‘a discussion’ ” Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

LIBROS:

Good Night Stories for Rebel Girls 1 y 2

Los recomiendo para niñas y niños y también para los papás que nos gusta conocer un poco más de las personas que han sobresalido en distintas áreas. El libro tiene biografias breves de mujeres que han hecho historia porque han logrado alcanzar sus metas teniendo que ir contra corriente.

VIDEO:

“The things you love are made of code”

https://bit.ly/2KPmOzi

Este video me gustó mucho. Fue hecho por Made of Code, una plataforma que inició Google para incentivar a las niñas principalmente a interesarse en la tecnología y conocer en qué áreas se pueden involucrar. Esta iniciativa surge debido a que la tecnología esta presente en todos los aspectos de nuestras vidas sin embargo las mujeres no somos representadas en las compañías y organizaciones que la crean.

PARTICIPA:

Si te interesa participar más en este movimiento te recomiendo visitar:

  • www.femmereborn.com  (mujeres en la industria creativa)
  • www.somosdecididas.com (Una plataforma diseñada para generar un diálogo acerca de las decisiones que tomamos como mujeres y compartir las experiencias de quienes crean cambios positivos en nuestra sociedad.)
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