Lo auténtico es lo normal

Crecí en una sociedad católica y conservadora. Rodeada de compañeros en su mayoría de ideas fijas y prejuicios preinstalados por generaciones anteriores. Creí que pensaba igual, que me impresionaba lo mismo que a ellos, hasta que me di cuenta que no.

Con el paso de los años fui encontrando mi identidad y descubriendo diversos puntos de vista. Al salir de mi burbuja, a viajar o para estudiar en el extranjero, logre crecer en lo personal. En mí hubo una evidente evolución, cada afirmación o negación que otorgaba a cuestionamientos de mi crianza sentía como si un nervio dentro de mi cabeza se fuera perforando con pequeños hoyos causando estallidos en mi cerebro.

Me conecté con el ser humano que soy y abandoné las expectativas que yo misma me impuse respecto a lo que tenía que ser, hacer o pensar. En general, no estaba tan alejada de los valores y la moral que me enseñaron mis papás, sin embargo comencé a apreciar otras ideas y enfoques.

En cuanto a la religión, llegué a una conclusión un poco drástica, pero a mis casi 35 años esto es lo que predomina en mi circulo de confianza. Crees en Dios, en la sabiduría de Star Wars o en ti mismo. Esta última acompañada de la bondad del universo.

A mis hijos, sin afán de confundirlos, les enseñamos un poco de los tres. Pero con lo que más les enseño, es como me enseñaron a mí, con el ejemplo.

Las necesidades morales de nuestra generación son distintas a las que tuvieron nuestros padres y las que nuestros hijos tienen son distintas también a las que vivimos en nuestra infancia. Hay más igualdad entre hombres y mujeres, pero aún no compartimos todos los derechos, hay más apertura en temas de sexualidad, pero todavía no más aceptación.

Es por eso que la empatía y la tolerancia están muy arriba en mi escala de valores personales y son los que busco transmitir a mis hijos. Si una persona piensa o vive diferente a nosotros no es una persona rara o complicada. Simplemente es una persona diferente a ti, y de eso esta hecha la vida. Variety is the spice of life. Un equipo de trabajo o grupo de amistades compuesto de gente con diversas ideologías son los más enriquecedores porque todos de alguna manera aportan para hacernos mejores. Inculcando esto, además fomentamos que si nuestros hijos tienen ideas distintas a las nuestras cuando vayan convirtiéndose en adultos, sabrán que como sus papás los escucharemos y respetaremos.

Otro punto en el que buscamos predicar con el ejemplo en mi familia es en que el valor de una persona es el mismo, siempre. Sin importar si eres mujer o eres hombre, tu calidad económica, color de piel, idiosincrasia, preferencias etc. A pesar de las diferencias que tengamos nuestra valía es igual y por ende debemos honrarnos y apreciarnos por igual. Si desde que son niños enfatizamos en esto estaremos plantando semillas en sus corazones de aceptación, pero sobre todo, de caridad y compasión, semillas que en el interior de muchos germinarán y darán frutos en una sociedad que desesperadamente lo necesita.

Hablar con nuestros hijos de situaciones actuales con naturalidad, es un tema que a todos los amigos papás con los que platico nos da cierta incomodidad. Tal vez unos piensan que algo no es normal, y lo entiendo. Ya nosotros tenemos creencias y paradigmas bien establecidos, pero no quiere decir que algunos temas no sean una realidad y que esa realidad a los demás no les afecte.

Hace unos meses platicaba con una persona muy querida. Orgullosa me decía, “Yo claro que les enseño a mis hijos que hay de todo tipo de personas, pero que lo normal es que se casen hombres con mujeres, como su papá y yo”. Yo con mucha delicadeza le expliqué que, en mi opinión, eso es parte de un problema, no solo en casa, si no en la sociedad. El creer que aceptamos, pero realmente no lo hacemos. Si nosotros les decimos a nuestros hijos que esta mal y no es natural enamorarse de una persona del mismo sexo, si alguno de ellos es homosexual o transexual, sus primeras inquietudes serían:¿Entonces por qué no soy normal? ¿Por qué eso que siento está mal? No voy a aceptarlo. Lo tengo que reprimir.

Lo normal, para mí, es lo auténtico. Es lo que cada persona es, siente y piensa, eso es lo normal.

Lo mejor sería que como padres de familia, podamos demostrarles a nuestros hijos que los queremos, incondicionalmente. A pesar de que nos enojemos con ellos, que no pensemos igual que ellos, que no tengan las calificaciones que esperamos o los hobbies y profesiones que deseamos. Si tan solo ellos saben que los queremos por encima de todo, serán más abiertos con nosotros, honestos y dispuestos a expresarse, estaremos más conectados con ellos en la pre-adolescencia, adolescencia y siempre.

Un recurso que me ha servido para que mis hijos absorban una enseñanza es a través de cuentos, simplemente les platico de algo que me ha pasado o que he leído. De esta manera, comparan sus historias personales con las que han sucedido a otros también y se sienten acompañados en ese camino.

Esto último me recuerda a una anécdota de hace ya algunos años. Cuando un amigo de Alejandro, mi esposo, le preguntó “¿Cómo puedes leer tanto? ¿Por qué lo disfrutas mucho?” Este amigo es un excelente arquitecto, una persona sumamente creativa, “Me distraigo rápidamente cuando empiezo a leer”, le decía él, para aclarar el motivo de su pregunta. Alejandro le contestó: “Siempre me ha gustado. Es como tener una conversación contigo mismo. Te contestas a ti mismo sobre problemáticas que están teniendo los personajes del libro y así te conoces más a fondo. ¿Qué opino de este tema? ¿Cómo reaccionaría yo ante esta situación?”

Y así como la lectura propicia estos resultados, nosotros debemos de ser así con nuestros hijos; tratar de no imponerles deducciones si no más bien intentar guiarlos a que ellos lleguen a sus propias conclusiones. Es muy difícil, lo sé. Pero mientras más pronto lo hagamos en su desarrollo, les estaremos ayudando a saber quiénes son realmente, y ese es un regalo inigualable.

Nuestra voz como papás se convierte en la consciencia de nuestros hijos. Entendamos la magnitud de esta responsabilidad de enseñarles a nuestros hijos con gran cautela lo que pensamos porque el mundo necesita urgentemente seres humanos más empáticos, más comprometidos y más consientes de la dignidad humana.


 

Brené Brown (@brenebrown) Researcher y Storyteller, como ella se describe, es una mujer a quién admiro y sigo. La escuché hace poco en un podcast de Dax Shepard: Armchair Expert: Live From Austin. Hablaba de por qué iba con frecuencia a la iglesia y me identifiqué mucho con esta frase:

“I want to go somewhere in my life, to experience collective joy and to believe there’s something greater and bigger that brings us together, and for me that is God…and I want to share that with people. I don’t need a congregation or some kind of convention of people to call together a meeting to see if we should ordain gay, lesbian, transgender, queer people, I don’t need to talk about that. If we are not fighting for that, then you are not on God’s side.”

*El 16 de noviembre fue instituido por la ONU como el Día Internacional de la Tolerancia. Una de tantas medidas de la Organización de las Naciones Unidas en la lucha contra la intolerancia y a favor de la aceptación de la diversidad cultural.

 

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En Privado Por Favor

Desde hace unas semanas me han preguntado por qué ya no he escrito nada en anabeat.com. En el fondo sabía que quería hacerlo pero no le estaba destinando tiempo por estar trabajando en otro proyecto, sin embargo ese interes de amigos era justo el empujonsito que necesitaba.

También, para ser honesta, me daba ese sentimiento de cuando dejas de hacer algo por un rato, siempre te dan esos nervios de volver a empezar. La cuestión no era que no había escrito, porque cuando revisé en mi celular tenía 78 notas con ideas y temas por desarrollar que he ido redactando desde julio.

Empecé a escribir partiendo de algunas de esas notas y escogí dos para publicar hoy (En privado por favor y I don’t own anything). Ambas coinciden en un tema que creía que por mi edad o madurez no me afectaba directamente, pero como siempre, al escribir me conozco más y me di cuenta que sí. Nadie estamos exentos.

En Privado Por Favor

Antes valorábamos la privacidad. Era importante. Necesaria.
La intimidad con alguien, los mensajes de amor o muestras de cariño eran especiales. Y cómo la palabra lo dice: Íntimos.

No todos se enteraban cuando un pretendiente te dejaba una flor en el parabrisas de tu carro y mucho menos de unas palabras de felicitación por un aniversario.

Recuerdo todavía cuando algunos tatuajes se tenían que enseñar solamente a personas de mucha confianza por estar en partes del cuerpo menos vistas, pero hoy el pudor es más fácil disimular en la solitud frente a una cámara.

Vivimos en una época en la que todo lo que hacemos es público, y cuando no, simplemente no es. No fuimos. No lo hicimos. Not been there, haven’t done that. FOMO total!

Y nos lo creemos.
Validamos nuestras acciones a través de los likes que nos otorgan los demás.
Por medio de éstos medimos nuestras emociones o establecemos los parámetros de lo normal.

Las cartas de amor no son tan tiernas si no se profesan abiertamente en Facebook. Como si hacer público un mensaje o subir una foto/video legitimara lo que sentimos por alguien.

Los eventos o fechas importantes no fueron celebradas si no lo compartimos en las redes sociales. Porque si fuimos a un concierto lo queremos mostrar y si estamos de vacaciones en lugar de solo disfrutar también lo queremos publicar.

Un maratón no fue corrido si no lo difundimos en Instagram. Porque hay momentos que vale la pena recordar y esfuerzos que recompensar.

Casi casi que nuestros hijos no cumplieron años si no se sube su fiesta a Instastories.

Lo analizo a detalle porque lo vivo en mi vida diaria. Estuve exenta muchos años de esto y lo veía como algo que yo nunca haría, pero recientemente caí en el clásico: Más rápido cae un hablador que un cojo. O en honor a mi marido. Un pez por la boca muere. (aunque él solo practica pesca de catch and release).

“Yo nunca lo haría” pensaba e incluso lo mencioné algunas veces ¿Cuál es la necesidad? Y terminé haciéndolo. Escribiéndole un mensaje breve a mi marido en Instagram de nuestro octavo aniversario de bodas. ¿Por queeeeee? ¿Para qué? Si vivo con él. Se lo pude haber dicho o haberle dejado una nota en el buró de nuestra cama. No le he preguntado si le hubiera gustado más en privado mi recadito, el punto es que ya no importa. Ya lo sabe él y cientos de personas más.

No sé qué es, pero aunque trato de vivir sin que eso me importe, me da un grado leve de ansiedad (porque no se me ocurre otra manera de describirlo) no publicar una foto con mis hijos en el día de las madres o de mi familia disfrazada en Halloween. No tomo las fotos pensando en eso y mucho menos determina mis decisiones en cuestión de qué ponerme o a dónde ir, pero las ganas de publicar algo al final de esos días están presentes.

Me cuestiono que hay detrás de ese sentimiento. ¿Sentido de pertenecer, de estar vigente o simplemente el placer de compartir un pedacito (bien escogido y curado generalmente) de nuestra vida con quienes nos relacionamos en nuestra cotidianidad; muchos de ellos lejos y con ganas de estar cerca.

Sé que los tiempos han cambiado. Nuestra generación ha sido parte de una gran evolución en tecnología y comunicación. He visto, cada vez más, como nuestros mensajes, además de públicos se hacen más cortos y menos elocuentes, pues ya hay emojis que nos resuelven rápidamente nuestra capacidad o incapacidad de expresarnos con palabras. Todos los medios de información pretenden ser más rápidos y digeribles.

Recientemente fui a una plática de la Dra. Madeline Levine y platicaba como en treinta años de su experiencia como psicóloga ha observado como la innovación ha causado muchísimo estrés innecesario en los niños, tanto académico como emocional, y comentaba que ya están considerando nombrar un síndrome de ansiedad causado exclusivamente por Facebook. No me sorprende nada saber que a nuestros hijos les impactará aún más el avance tecnológico que a nosotros en la juventud, por lo que aumenta nuestra responsabilidad como padres en estar alertas con nuestros hijos y empezar con nosotros mismos a ser más coherentes en lo que creemos con el uso de las redes sociales, predicando con el ejemplo.

Como una persona apasionada de la comunicación en todos sentidos y las conexiones interpersonales me regocija saber que alguna vez tuve el placer de llegar a mi casa, abrir la mochila y desdoblar una hoja 4 veces para leer un mensaje de alguien especial. Simplemente esperar con ansias llegar a mi casa para prender la computadora y leer un e-mail esperado. Para mí y nadie más.

Sin público. En privado, por favor.

¿Soy yo o esto todavía tiene algo de mágico?

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I don’t own anything

 

I don’t own anything

 

Click without sound.

My thumb is scrolling up.

Suddenly I started feeling stressed.

I don’t own anything.

I don’t own my religion, because I am open to spirituality as a whole. And sometimes it is difficult to fit in.

I don’t own a perfect body or follow a specific fitness routine that I would care to show online…

Scrolling up.

I don’t own an addiction to makeup (does Sephora count?) or a deep passion for food (although I invest a lot of thought in everything my family and I consume.

I am not involved in any humanitarian advocacy group or am I a radical about any specific topic.

Scrolling up.

I don’t own anything so bad, not even my kids. They are their own selves and I hope they will always be their own person.

Maybe I should get a dog so I could consider myself a dog owner.

This all came to me while I was Instagraming looking at the images and videos of people I look up to and admire in different ways. It was just one of those days when I was feeling a bit down.

But then, I realized I own my mind and my own voice. I own my words. I own me.

I simply acknowledged I own me. With all my imperfections and sometimes unstable hormones.

I own my ideas and thoughts. I know and accept myself at all levels and that is the way I own ME every single day. Staying true to myself.

Accepting the fact that I like vintage markets more than malls. I love the outdoors and nature. I respect all animals (except mosquitoes and cucarachas). I believe in love as a decision and way of life not a concept. I believe kindness makes a difference and can change the world. I drink beer from the bottle and enjoy writing and reading. I prefer tea rather than coffee. I am not into routines and firm schedules… I believe we all need inspiration as well as friends and laughter for our souls to thrive. My weak spot is a terrace with a view (and some wine). Discussing politics reminds me I am an adult and every choice matters. Melancholy is my companion and transcendence is my most profound aspiration.

I own my relationships and my inner peace.

And I am enough.

Click with a sound.

Good night, me.

 

“Your mind is an instrument. Dont let it play you.” Author Unknown

 

 

 

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Be like him (and be like me)

Lately, I’ve been thinking about how gratifying it would be if you would become somewhat like him.

If you would be generous with everyone and good at giving gifts like he is, but also know that kindness, actions, and caring are considered gifts, as I like to think.

It would be great if you would work hard but are also able to give yourself a break and have hobbies like he does. You know it is tougher for me to just lay down and rest for a while.

I hope you have many friends like I do, but I wish you choose your circle of trust wisely like he does.

It would be helpful if you would be street smart like him but give your opinion only when you are sure about your stuff, like me.

I would be excited if you turn out to be upfront and raw honest like him but know that being tactful, as I try to be, will strengthen every relationship you have.

It would be awesome if you were punctual like he is but allow yourself to be fashionably late like me.

He is solution-oriented and works fast to achieve what he needs or wants, as I wish you always do, but make sure you stop and breath. Make sure to pause and appreciate, take everything in. The good and the bad, as I remind myself to do every day.

I wish you are authentic and open-minded like him and embrace diversity like we both do.

It would be wonderful if someday you hide in a dark place at night with a flashlight to read, like your father used to do when he was a kid; reading is a way to realize how you really feel about the world. I also wish you would enjoy writing every once in a while, like I love to do, because that is a way for you to find out who you are in this world.

I know you might not know this, but you will soon realize your dad and I are like salt and pepper. We think differently and many of our interests are different. The one thing we have in common every single day of our lives is our unconditional love for each other and for you. Know that we only do what we consider is best for you. And only that.

We, in a way, season your life, but some things we’ll teach you work best for a particular recipe. You will need to apply them intelligently in the circumstances you encounter in life.

Today my hope is that when you both grow up you get to be in some ways like your father, because he is one of the best men I know.

Happy Father’s Day my love.
From the woman that made you be one.

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Ya chole con #girlpower

Lo tenemos que aceptar….Colgar una toalla después de bañarse (ponerla arriba de la cama o en la puerta de la regadera toda chueca no cuenta) y poner los calcetines usados en el cesto de la ropa sucia no es la especialidad de los hombres.

Y conste que no lo digo sin fundamentos. He vivido con 5.
No como pareja obviamente, pero además de mi esposo, mi papá, mi hermano y mis dos hijos suman.

Lo que sí es característico de los hombres es el trato que tienen con aquellos de su mismo género , el sexo masculino para ser exactos. Ese trato afable generalmente, de apoyo, amistad y confianza. Hasta de encubrimiento algunas veces. Seres humanos que viniendo del mismo planeta saben que se tienen que proteger ellos mismos y dar palmadas en la espalda para salir adelante. Darse la mano para impulsarse a llegar lejos o alto, a donde ellos quieran, simplemente para avanzar.

Desde chica me preguntaba ¿Por qué no somos así de unidas nosotros? ¿Por qué no me siento parte de un “club” universal de mujeres? Fuera de nuestras mamás, hermanas, tías y amigas, no tenemos ese pacto de alianza como lo tienen los hombres.

Al menos no lo sentía así, hasta ahora.

Pienso que si las mujeres fuéramos tan amigas y cordiales como en los baños de los antros este mundo sería diferente. Espero darme a entender y no confundirlos con recuerdos de hace años influenciados por un ligero grado de alcohol.

Por si algunos no lo saben, en los baños de mujeres de los bares, antros o festivales de música siempre hay fila y a veces una salita en la que puedes convivir. Ahí todas las mujeres somos amigas. Nadie compite en contra de las otras. Platicamos sobre lo que estamos viviendo en ese momento en nuestra vida personal o en el trabajo. ¿Qué fue lo nos llevó a estar ahí esa noche? Hay felicitaciones, consejos y hasta mentadas a la misma persona además de un intercambio genuino de cumplidos. Por esos minutos nos sentimos apoyadas y queridas; nos despedimos con una sonrisa.

¿Por qué no es así habitualmente? Me rehúso a pensar que es solo la influencia de bebidas alcohólicas. Aunque seguro habrá algunos que lo debatan.

Mi teoría es que sin quererlo, podemos coexistir y empatizar con otra mujer aunque no nos conozcamos. Alegarnos si esta feliz por algo o darle ese apretón en el brazo indicando que todo va a estar bien. Es coincidir con alguien que no representa ninguna amenaza para ti, al contrario, te abre a la posibilidad de tener algo en común con ella y poder convivir en paz.

Sentimientos y acciones que con gratitud he visto potenciar significativamente en los últimos años.

Recientemente escuché a alguien decir que ya le estaban haciendo mucho rollo al movimiento de empoderamiento de las mujeres #girlpower. Se me pararon los pelos de punta. Es como cuestionar por qué los miembros de la comunidad LGBTQ hacen desfiles en las calles y cabildeo para ser representados en programas de televisión y cambiar las políticas publicas para reconocer sus derechos. O como indignarse cuando los afroamericanos económicamente bien posicionados se gastan millonadas de dólares en presumirlos; en su vestimenta, en cadenas y anillos de oro o en carros de ultimo modelo. “¿Por qué tienen que estar tan “in your face”? Es una frase que he escuchado antes.

La respuesta es muy fácil. Es porque estos grupos vivían subyugados, estaban subvalorados. Los afroamericanos fueron esclavos, los miembros de LGBTQ han sido condenados y criticados, las mujeres fuimos silenciadas, oprimidas y por tantas generaciones ignoradas. La historia siempre es la respuesta. Voltear a ver el pasado para entender el presente.

“Why do you want this so bad?

Because they said I couldn’t have it.”

No se me olvida la respuesta que le dio Carl Brashear, el primer master diver afroamericano de la Marina de Estados Unidos a su entrenador en 1948. Tal vez la recuerdas también de la película Men of Honor con Cuba Gooding Jr. Y Robert DeNiro. Luchar incansablemente hasta lograr tus metas. Que poderosa manera de vencer tanto resentimiento.

Y es justo lo que veníamos cargando las mujeres por siglos. Resentimiento de no ser tomadas en cuenta ni valoradas. Rencor hacia una colectividad que ninguneaba nuestras opiniones y no entendía que nuestra naturaleza es fuerza además de ternura, es inteligencia además de emoción, es exigencia e independencia y no un parámetro de belleza.

El problema es que equivocadamente también esparcíamos esa enemistad entre las mismas mujeres con la falta de solidaridad y camaradería. Poco a poco nos hemos dado cuenta que podemos y debemos aceptar nuestra individualidad sin tener que competir. Eliminando esa oposición con nosotras mismas nos otorga el dominio que buscábamos, pero sobre todo el respeto que anhelábamos de la sociedad en la que vivimos.

El empoderamiento de la mujer en la última década ha sido de gran impacto social pues ha servido de base solida para la formación de más grupos que defienden nuestros derechos individuales y dignidad como ser humano. Movimientos tan importantes como #metoo, #timesup, y organizaciones civiles en las que se confronta y busca sancionar y eliminar el sexismo, el abuso y violencia domestica y en el área de trabajo, la discriminación de mujeres por racismo, la misoginia… delitos que habíamos estado permitiendo al no destapar o denunciar.

El #girlpower no es novedad. El feminismo menos. Pero este es el movimiento que nos tocó vivir. Muestra una vez más el poder de las redes sociales y medios de comunicación. El poder de que la unión hace la fuerza, de que cuando muchos caminamos en la misma dirección se consiguen cambios tangibles e irreversibles.

Espero que estos movimientos en todos los países sirvan también para querernos más y juzgarnos menos. Que nuestra fortaleza como sexo femenino no sea criticar o calificar a la de a lado sino seguir celebrando nuestros logros y sobre todo darnos la mano para ayudarnos a salir adelante y superar las adversidades que nos toca vivir.

Para la gente que le parezca mucho este movimiento deben saber que esto apenas empieza. Con lideres internacionales abriendo brechas e impulsando el desarrollo y los derechos de las mujeres en distintas ramas: Malala Yousafzai (www.malala.org) en la educación, Hillary Clinton en la política, Phumzile Mlambo-Ngcuka, como Directora de UN Woman, solo por nombrar algunas.

En México me parece apropiado mencionar y agradecer a mujeres que con entereza trabajan diariamente por los derechos de las mujeres: la empresaria Angélica Fuentes (@angelicafuentes) a través de su Fundación, la periodista y activista Lydia Cacho (@lydiacachosi) a través de sus investigaciones y denuncia incansable; la politóloga Denisse Dresser (@DeniseDresserG) quien con su liderazgo constantemente nos impulsa a enfrentar nuestros miedos y exigir nuestros derechos. Carmen Aristegui (@AristeguiOnline) quien con su carrera periodística representa a todas aquellas que queremos opinar y comunicar con libertad. María Teresa Arnal, (@mariatearnal) directora general de Google México, impactando en la equidad de genero desde la tecnología.

Lorena Guillé (@lore_guille), Xóchitl Gálvez (@XochitlGalvez), Martha Herrera (@mherrera68), Barbara Arredondo (@barbaraarredondo)… todas ellas se me vienen a la mente mientras escribo por ser ejemplo para mí, sin embargo sé que la lista es larga y seguirá creciendo mucho más.

¿Ya chole con el #girlpower? No quisiera volver a escuchar a nadie decir que le bajemos a nuestro rollo. Todo lo contrario, hay que subirle al volumen, que abarque todos los ámbitos y todas las generaciones. Hoy las mujeres y el feminismo debe de estar “in your face”. El camino es largo y la lucha es diaria; nunca ha sido competencia, sino una ardua búsqueda de la equidad y justicia.

*Ya chole: Expresión que quiere decir “Ya basta” o “Ya fue suficiente”, y se dice cuando ya no quieres hablar más del mismo tema. (para los lectores no mexicanos)

FRASES:

“Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos”.

Ma. Teresa Fernández de la Vega, ex vice-presidenta del gobierno español.

“We ignore our true stature until we stand up”.
Emily Dickinson, poeta

“The thing women have yet to learn is nobody gives you power. You just take it”.

Roseanne Barr, actriz y comediante

“Solamente cuando las mujeres comienzan a sentirse en su casa sobre esta tierra, vemos aparecer una Rosa Luxemburg, una madame Curie. Demuestran con brillantez que no es la inferioridad de las mujeres lo que determina su insignificancia histórica: su insignificancia histórica las condena a la inferioridad”.
Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

“If the feminine issue is so absurd, is because the male’s arrogance made it ‘a discussion’ ” Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

LIBROS:

Good Night Stories for Rebel Girls 1 y 2

Los recomiendo para niñas y niños y también para los papás que nos gusta conocer un poco más de las personas que han sobresalido en distintas áreas. El libro tiene biografias breves de mujeres que han hecho historia porque han logrado alcanzar sus metas teniendo que ir contra corriente.

VIDEO:

“The things you love are made of code”

https://bit.ly/2KPmOzi

Este video me gustó mucho. Fue hecho por Made of Code, una plataforma que inició Google para incentivar a las niñas principalmente a interesarse en la tecnología y conocer en qué áreas se pueden involucrar. Esta iniciativa surge debido a que la tecnología esta presente en todos los aspectos de nuestras vidas sin embargo las mujeres no somos representadas en las compañías y organizaciones que la crean.

PARTICIPA:

Si te interesa participar más en este movimiento te recomiendo visitar:

  • www.femmereborn.com  (mujeres en la industria creativa)
  • www.somosdecididas.com (Una plataforma diseñada para generar un diálogo acerca de las decisiones que tomamos como mujeres y compartir las experiencias de quienes crean cambios positivos en nuestra sociedad.)
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La conexión del corazón

Hoy se cumplen 2 años de que mi mamá murió.

Sin palabras para expresar mi sentir, comparto una carta que le escribí una noche sombría en Monterrey.

Al releerla hoy, pienso que tal vez en esos momentos quería ser honesta y vulnerable pero mostrarme fuerte a la vez, expresarle a mi mamá cuánto me iba a hacer falta y al mismo tiempo darle la tranquilidad de que iba a estar bien sin ella. Que su estrella se quedaba conmigo y con los que la conocimos.

Su madre y mi abuela (mi Muñe), falleció cuando mi mamá tenia unos cuantos años más que yo. El sufrimiento que nos deparaba su ausencia a mis hermanos y a mi, ella lo vivió en carne propia.

Cuando por fin me animé a compartirle el texto, yo no estaba en México pero se lo envié a mi hermana por e-mail y a ella se le ocurrió transcribirlo (junto con el escrito: Ganar en la Vida) en hojas blancas con letra muy grande. Así, mi mamá las iba a poder leer cuando tuviera un poco de energía.

Y así fue.

—-

Febrero ‘2016

Cuando me faltes no voy a perder mi camino
porque tu me enseñaste con un gran ejemplo a encontrar mi propio destino, a tener confianza y seguridad en mí misma.

Cuando termine tu misión en esta vida te voy a recordar todos los días como mi primer amor, mi primer alimento, mi primer abrazo… esos que se han multiplicado exponencialmente y convertido en el amor mas grande y los abrazos más cálidos que me han dado.

Cuando la vida, como la conocemos, te separe de mi voy a inmortalizar tu recuerdo con tantas sonrisas que compartimos y tanto amor que llena hoy mi corazón.

Cuando la luz de tu mirada me falte solo bastará con cerrar mis ojos y verte mirándome siempre sincera, siempre con ganas de enseñarme a valorar lo que tengo,  a disfrutar de las cosas simples de la vida y que al tener que esforzarme por alcanzar mis metas, éstas se disfrutan mas.

Cuando sientas que te voy a extrañar, tienes toda la razón del mundo. Te voy a extrañar, te voy a amar, te voy a buscar para platicarte y pedirte consejos…. Siempre. Y estoy segura que desde el cielo me los vas a dar.

Cuando me duela el corazón por no poderte abrazar no me voy a enojar con Dios por apartarte de mi…le estoy eternamente agradecida porque escogió tu vientre para crearme, tu voz para guiarme y tus brazos para acurrucarme.

Gracias por enseñarme que la plenitud y el equilibrio en la vida se puede alcanzar. Que estar con tu pareja mas de 40 años se puede lograr. Que tus hijos te quieran, te admiren y respeten sí se puede. Que la familia siempre es primero y que además se puede ser una abuela que los nietos esperen ver con ansias simplemente por compartir su tiempo con ellos, su entusiasmo y cariño.

Cuando me faltes, el sol se va a poner sobre mi alma… pero sé que vas a estar conmigo siempre. Como tú me lo escribiste una vez, la conexión del corazón es la que manda: atemporal, intangible y eterna.

En memoría de

Verónica Zubirán Mac Gregor (Dic. 21, 1952 – Abril 16, 2016)

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¿Una flor o un poema?

¿Ensayos? ¿Escritos? ¿Poemas? ¿Frases?

Nunca he podido definir qué fue lo que escribí desde pequeña en mis diarios y libretas. Desahogos, ciertamente, que me ayudaban a aclarar mis ideas. La realidad es que esta mente que tengo es un relajo, pero cuando empiezo a escribir se corrige. Escribiendo logro ordenar y acomodar todo lo que pienso y siento.

Recientemente una amiga me regaló un libro muy padre, que al verlo le recordó a mi. The Word Collector de Peter H. Reynolds. Es un libro corto para niños y ella sabe como me gusta leer con ellos.

Mientras lo leía con mis hijos, me preguntó Ricardo, “Mamá, ¿qué es un poema?”

Le di una de esas respuestas que explicas pero no defines. “Es una manera de escribir que generalmente rima y…”. De esa respuestas que crees dominar pero no puedes explicar de manera concisa pareciendo que no sabes bien de lo que estas hablando… y yo que desde los 8 años escribo poemas y no se bien ni que son, pensé.

Recurrí a mi confiable Real Academia Española y ésta lo define como: 1. Obra poética normalmente en verso. 2. Tradicionalmente, obra poética de alguna extensión. Poema épico, dramático.

Evidentemente, no me ayudó.

Leí unas horas sobre los versos, las prosas, las silabas, la musicalidad y estructuras, sobre cómo los poemas cuentan con ciertos elementos característicos. Recordé mis clases de literatura, la clase de inglés en secundaria que me fascinaba y como aprendí hace muchos años lo que era un poema, por definición. Pero se aprende más bien leyéndolos y creo que en mi caso, escribiéndolos.

Trate de hacer un  análisis propio, ¿qué es para mí un poema? Leí a algunos viejos amigos (ya quisiera, pero al leerlos siento que los conozco y conocí) como Pablo Neruda, Amado Nervo, mi favorito Mario Benedetti, Gabriela Mistral, Maya Angelou (a quién descubrí hace poco), Margaret Atwood, Virginia Wolf… Me fascinó poder tenerlos todos arropándome esa noche desde mi computadora sin tener que ir a una biblioteca o comprar sus libros (hay días que soy más amiga de la tecnología que otros).

¿La definición? No la tengo y decidí que no la necesito. A mi hijo le voy a mostrar poemas y que él decida cómo se siente después de leerlos. Así lo va a entender más fácil y es lo que realmente va a perdurar en su memoria. A veces es así de simple.

Hoy, 21 de marzo, se celebra el Día Mundial de la Poesía*. No tenía idea que existía. Así que para rendirle honor a esta expresión literaria, comparto una selección de poemas (según yo) que escribí en su mayoría, hace más de 15 años.

Me prometí a mi misma ser siempre honesta en lo que se publica en este blog así que como son escritos viejos no voy a modificarlos (por más que quiera).

Aquí están. Por orden cronológico.

 

Mayo 24, 2001

 

Si me pudiera refugiar en un libro o hundirme en el lavabo

Si dejara que las hormigas me carcomieran la piel

Si las cucarachas no fueran tan asquerosas

Y si escribir no fuera una necesidad…no estaría escribiendo tantas incoherencias.

 

Junio 15, 2001

Crezco porque aprendo

Y vivo para aprender

Crezco porque tengo inspiración

Y vivo para inspirar

Crezco porque sigo una meta

Y vivo para cumplirla

Crezco porque amo

Y vivo para amar

Vivo para crecer y crezco para vivir mejor

Para ser un mejor ser humano

Y no solo crecer yo sino poder ayudar, con mi ejemplo, a que los otros crezcan.

 

Septiembre, 18, 2001

Que rara sensación

De quererte sin querer

De pensarte sin pensar

 

Que difícil sensación

De sentirte sin sentir

De mirarte sin mirar

 

Que bonito sentimiento

el de poder amarte sin saber amar

Y de tenerte sin saber por qué.

 

Oct. 24, 2002

No te equivocas al pensar que nunca seremos amigos

Y es que siempre habrá algo más que me impida quererte tan poquito

No te equivocas al creer que siempre sentiré lo mismo y es que este amor es tan grande que se aferra a mi y no me deja sacarlo.

No te equivocas al dudar si esta historia tendrá un final feliz

Y es que tu alejándote y yo no teniéndote, nunca podre estar conforme sin ti.

 

Febrero, 28, 2003

La contradicción de saber sin estar segura

De entender sin aceptar

De oír sin escuchar

De tocar sin sentir

Tan absurdo como el ver sin observar

como el querer sin demostrar

Tan inútil como hablar sin transmitir

como llorar sin desahogarte

Tan imposible como un mar sin olas

Como un amanecer sin sol

Simplemente como una noche como hoy sin pensar en ti.

 

2003

Tan Solo

Si todo fuera como tú

Tan real, palpable, transparente.

Si tan solo la vida fuera como ahí

Tan simple, tan no sé, con final feliz.

Pero la vida es cruda, el amor es desamor

La felicidad es desdicha y las verdades mentira

Pero contigo no hay nada de eso, porque a tu lado soy yo misma y no puedo fingir.

Mi amor es total y mi sonrisa constante

Quiero ser siempre así.

Tan solo… si todo fuera como cuando estás tú.

 

 

Octubre 3, 2005

Creo que el cielo esta mañana lo pinto Picasso

Y estoy segura que esta noche le serviría a Van Gogh, si viviera, de inspiración.

Las estrellas (como tus ojos) iluminan mis sueños y un conejito que vive en la luna me giñe el ojo invitándome a sonreír.

La brisa no la veo, porque no quiero, y me hace sentir tan viva.

Anhelando que este cigarro no solo relajara sino aconsejara y este silencio por fin se callara para dejar hablar a la razón y no al corazón.

Y yo sigo sentada, respirando lento, mirando todo, buscando nada, pensando en ti.

Juzgando, sin querer, el tamaño tan pequeño de ese árbol y maldiciendo la chicharra que insoportable interrumpe el foco en mi cabeza de una posible solución.

Imaginando tal vez una vida fácil, sin conflictos, sin dudas, sin penas, sin dolor.

Volteo, el conejito ya no está.

Lo sé, regresará.

 

Marzo’ 2018

Te intercambio una flor por un poema
Aunque siempre has preferido darme flores
Un consejo hoy te doy sin pena
No hay mejor manera de enmendar tus errores

Aunque su color puedo ver y su olor aspirar
Me entristece saber que al cortarla, la flor, en pocos días morirá
Tus palabras, en cambio, en una poesía también florecerán
Y lo que es mejor, escritas en mis recuerdos, por siempre permanecerán.

El poema no lo percibo con todos mis cinco sentidos
Pero tiene tanto sentido para mí
Que me digas que me quieres
Que me cuentes de ti
Por qué me elijes todos los días
Con tanta oferta y baratijas que hay por ahí

Te agradezco tus palabras trazadas
Porque las abracé con mis ojos
Y las imprimí en mi memoria
Al paso del tiempo no se marchitan
Pues con certeza te digo que en mi corazón habitan.


 

“Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.” Octavio Paz

 

*En 1997, el editor Antonio Pastor Bustamante solicitó a la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) la creación del Día Mundial de la Poesía. La organización analizó su propuesta y en 1999 proclamó el 21 de marzo como el Día Mundial de la Poesía.
“De acuerdo con la decisión de la UNESCO, el principal objetivo de esta acción es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.
Por otra parte, este Día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.”

 

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Desastre anti-natural

Hace unos días desperté y mi mente estaba descontrolada, la mañana empezó lenta y triste. Practiqué 30 minutos de yoga y sí me ayudó.

Creo que cuando eres mamá, eres mamá universal.

Al ser mamá de un niño, eres mamá de todos los niños. Como papás nunca seremos indiferentes al dolor de un menor de edad.

Un día antes tras leer una noticia desgarradora y ver un par de fotos, no quise saber más, mi estomago no me lo permitió. 17 personas fueron asesinadas a sangre fría en una escuela en Florida. Los que murieron eran, en su gran mayoría, jóvenes estudiantes. El culpable fue otro joven con un arma de fuego.

Como padres de familia preparamos diariamente a nuestros hijos para que ganen confianza en si mismos. Nos esforzamos todos los días para que aprendan a tratar bien a los demás. A no pegar y a respetar lo ajeno. A distinguir entre el bien y el mal. A saberse valorar y a apreciar todo lo que tienen a su alrededor. Les enseñamos a saber defenderse…Pero ¿cómo protegemos a nuestros hijos ante situaciones como esa?

Ya hacen simulacros en algunas escuelas para que desde los 4 años los niños sepan reaccionar ante un acontecimiento similar, pero no son suficientes. De ninguna manera me dan la paz que hoy añoro.

Viviendo en los Estados Unidos, ¿cómo protejo a mis hijos de esto?

¿Cómo protegemos a todos nuestros hijos de esto?

Pasaron las horas y escuchaba la frase en mi cabeza como disco rayado.

Sin querer tener más detalles de la tristísima noticia, no logré eludirla del todo pues en mis redes sociales y chats se empezaban a desplegar diferentes perspectivas sobre la atrocidad. Evidentemente el dolor es colectivo. Hablaban de la soledad del joven que cometió el crimen, las enfermedades mentales, así como la accesibilidad de las armas en este país. (Tan fácil comprar un arma en lugares como Academy, Walmart, donde se te ocurra…)

¿Por qué sigo tan desanimada si no conozco a las familias de las víctimas? No vivo en Parkland, ni siquiera en Florida. Y es que no fue un terremoto o un tsunami pero para mi es como un desastre anti-natural: La humanidad atentando contra la humanidad.

Lamentablemente existen muchos casos históricos y actuales de genocidio, terrorismo y muchos crímenes más. Me conmueven siempre, y como cliché de Miss Universo, frecuentemente incluyo una oración por la paz mundial. Pero hoy tampoco suficiente. Sabiendo que mis hijos van a ir a un colegio público en este país, no lo es.

Me queda claro, que aunque quisiera, no voy a poder proteger a mis hijos de todo, de injusticias, enfermedades, de malas decisiones…Pero quisiera ofrecerles la certeza de que pueden ir a una escuela a estudiar, socializar y disfrutar su niñez y juventud sin temor a ser disparados con un arma. Ir al cine, ir a un concierto… y es que viviendo en este país no tenemos esa seguridad. Sé qué pasa y puede seguir pasando. Lo que no sé es cómo va a dejar de suceder.

Cada vez que entramos a un club en The Woodlands, Jacobo, mi hijo de 3 años corre para abrir él la puerta, no sin antes decirme: “Mira mamá aquí no aceptan pistolas” mientras señala la foto del arma atravesada por una raya diagonal y una explicación de que nadie puede portarla dentro del gimnasio. Se me revuelve el estomago siempre que me lo dice porque se que algún día cercano (si no es que ya voy tarde) le voy a tener que explicar seriamente el razonamiento detrás de ese mensaje. Me rehúso a asustarlos desde tan pequeños, pero creo que será adecuado hablarlo ya.

No tengo la nacionalidad Americana aún, pero mi esposo sí y mis hijos pronto lo serán. Nos uniremos a las firmas, las llamadas, a las marchas, a la lucha en contra de la venta de armas y las leyes que permiten que, con el objetivo de poder defenderte cualquiera puedes tener un arma en casa. Me involucraré en el colegio de mis hijos en las maneras que pueda. No será una lucha fácil pero confío en que este país pueda corregir pronto la necesidad y necedad por saberse libre dándole más peso a la vida que la muerte.

Pasaron días y seguía enojada hasta que oportunamente, hojeando una de mis libretas viejas (para una convocatoria en la que voy a participar), leí esta frase que vi en el Vaticano alguna vez.

No Peace without Justice. No Justice without Forgiveness.

-Papa Juan Pablo II

 ¿Cómo perdonar a un joven que cometió un acto tan brutal y doloroso?

Lo escribo y no lo puedo concebir, perdonar lo imperdonable. Perdonar un crimen.

Hoy lo perdono por ser parte de una sociedad fragmentada. Perdono su inestabilidad emocional y psicológica.

Perdono su dolor. Perdono sus miedos.

Lo perdono por la crianza y el amor que tanto le faltó.

Con un corazón dolido, no me cabe duda que hay un abismo entre el perdón que yo otorgo (sin que nadie me lo haya pedido), al perdón que ojalá algún día puedan profundizar las personas que nunca volverán a ver a sus familiares y amigos.

Maldigo el día en que le fue tan fácil a ese joven tener ese rifle en sus manos. Sin embargo, lo perdono porque esta injusticia y esta pena no me han dejado dormir bien.

 

El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”. — Nelson Mandela.

 

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Se cierra la fabrica

En mi vida solo habia tenido 2 panic attacks (o algo parecido).

El primero fue en el 2010 cuando en un viaje a puerto Vallarta con mis amigas estaba leyendo, acostada en un camastro… libre, feliz. De repente empecé a sentir como se me aceleraba el corazón. Me sentía nerviosa y ansiosa.  Me acordé de todos esos viajes con mi familia y amigas, caminando a la hora que quería, durmiéndome a la hora que quería, haciendo lo que yo quería todo el tiempo… y sola. De pronto sentí como esa independencia, mi gran aliada, se esfumaba. Bajé la revista para ver el mar, ya no me podía concentrar en los chismes de moda que estaba leyendo.

Me iba a casar. Era mi viaje de despedida de la soltería. Iba a compartir toda mi vida con alguien más. (“And now I have to live with a boy” como dijo Monica Geller ) Parpadeé un par de veces para desempañar mi visión y vi con claridad la sonrisa de mi futuro esposo. Mi ritmo cardiaco regresaba lentamente a la normalidad. Sabia que con él no iba a perder mi libertad ni mi identidad, al contrario, él me iba a alentar para ser quien yo quisiera ser. Juntos íbamos a construir un caminito para recorrerlo durante nuestras vidas. (El también tuvo un panic attack de unos minutos a la mañana siguiente de darme el anillo de compromiso. Pienso que si no te da uno es que no te has dado cuenta del compromiso que implica un matrimonio).

El segundo fue en el verano del 2014 mientras recorría una avenida de Monterrey. Por el retrovisor podía ver a mis dos bebes y escuchar como uno me pedía a gritos que le ayudará porque se le había caído su juguete y el otro lloraba porque tenía hambre, o sueño, o pañal sucio. Esas dos personitas eran completamente mi responsabilidad, dependían al 100% de mi (y de su papá obviamente). Y para rematar, ¡ya manejaba una mamá van! ¿En qué momento? Panic Attack #2. Breath in, Breath out. ¿Qué se hace en estos casos? Pensaba. Sigue respirando… todo esta bien. Muy bien de hecho. Semáforo en rojo, juguete recogido. Dos minutos después, bebe recién nacido dormido. Gracias Baby Einstein Lullaby.

Hace unos meses me sentía en un ataque de pánico constante. Considerando la idea de quedarnos con dos hijos y nunca volver a tener un bebe. Dejando ir el sueño de tener 3 hijos, de ser la familia perfecta (para mi). Me surgió un miedo tremendo de reencontrarme con alguien que hace más de 5 años dejé en segunda o hasta última prioridad: yo.

Me ha dolido en el alma enfrentarme con esta realidad. Mi realidad.

Una realidad en la que me importan muchas cosas y en la que por mi personalidad (y otros varios factores importantes) no puedo hacer todo. Una realidad en la que me he sentido más vulnerable que nunca.

Me di cuenta que para alcanzar todo lo que quiero lograr en mi vida estoy mejor con dos hijos. (aunque a veces parece que tengo tres, estoy segura de que algunas me entiendan por qué).

Me da risa cuando la gente nos ve, especialmente en México, y me dicen: “Te falta la niña”. Con la mejor de las intenciones, sin duda. Y es que yo pensaba que así era… tienes niños y niñas y familias grandes porque de otra manera no es tan divertido, no es tan variado… Simplemente no es igual. Igual a lo que yo viví en mi casa, teniendo un hermano y una hermana.

Me ha tomado años entender que cada familia es un mundo. Que no me falta nada. No me debe nada la vida. Al contrario. Estoy en deuda y me dispongo a tener tiempo de dárselo. De tener tiempo para plantar semillas en las personas, de invertir tiempo en cambiar situaciones que no me agradan del mundo en el que vivimos para dejar esta sociedad un poquito mejor de cómo la encontré.

Me ha tomado meses darme cuenta de que yo soy la niña que me falta… que me falta ver crecer y madurar aun más, la niña que he visto caerse y levantarse miles de veces. Que yo soy la mujer que quiere seguir aprendiendo y enseñando, mejorando y amando.

Me doy cuenta que solo puedo con dos hijos cuando la planta favorita de mi casa se está secando.

Cuando pasan días en los que no tengo tiempo de ir a hacer ejercicio, por actividades de la escuela de mis hijos, y lo necesito.

Cuando en mi aniversario de 7 años de casada le regalé a mi esposo ir a un concierto de música y al acercarse la fecha se me olvidó comprar el boleto.

Cuando llevo mucho tiempo sin saber la cartelera de cine cuando me fascina ver películas e ir al teatro.

Me doy cuenta de que mi familia está completa cuando quiero ir a ver a mi hermana a Londres o pasar Navidad con la familia de mi hermano en Cartagena. Subirme a un avión y no disculparme todo el tiempo con los de enfrente por el ruido o las patadas.

Cuando tengo más de dos proyectos profesionales en el tintero que les urge (a ellos, y a mi) arrancar. Y es que he estado leyendo más de embarazos, bebés, alimentación, prematuros, disciplina, toddlers y temas relacionados en los últimos 6 años que materiales relativos a mi carrera.

Confirmo que así estamos muy bien cuando quiero tener uno o dos perros que cuidar y alimentar también. (Y limpiar y pasear y bañar…)

Estoy segura que tomamos la mejor decisión cuando pienso en el medio ambiente y en los pañales que necesitaría mi siguiente hij@ y como me gustaría usar los de tela pero no tendría suficiente tiempo de limpiarlos y mi casa sería un caos.

Estas razones, algunas ridículas y otras superficiales siguen siendo válidas, pues las pienso y las siento. Sin embargo de fondo, el trabajo interior esta hecho. El proceso ha sido doloroso, lo tengo que aceptar. Pero es mi realidad, la misma que me tiene emocionada por las etapas que siguen.

Recuerdo cuando una pareja de amigos yoguis fueron a conocer a mi hijo de pocos meses de nacido. El esposo comentaba lo contento que estaba por nosotros mientras yo notaba en su semblante matices de melancolía. “Que chingón por ustedes, yo no voy a trascender” dijo. Y rápidamente mi marido le contestó un poco molesto por lo que escuchó. “Puedes trascender de muchas maneras y ni siquiera tienes que hacer grandes cosas para  hacerlo… tener un hijo no es la única manera de hacerlo, si no es que es la más fácil.” Y yo creo que contesté algo así pero no me acuerdo porque llevaba muchas noches sin dormir. “Tu trasciendes plantando paz en el mundo… la siembras todos los días en el interior de tantas personas”. No se qué más hay que dejar tu granito de arena en tu entorno más cercano, eso es trascender.

Escribo y comparto estos sentimientos en mi blog porque quiero que los que lo lean sepan que sentirnos vulnerables esta bien. No somos menos mamás por tener uno o dos hijos en lugar de 3 ó 4. Por tener solo niños y no niñas, o al revés.  Nadie es menos ser humano por no tener hijos. No son menos mujeres las que deciden no tener hijos.

Somos quienes somos. Y el aceptarlo nos hace libres.

Y en mi caso, al escribirlo, más.

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Este link es de una platica TED TALK de Brené Brown. Para los que no la conocen todavía o no estén tan obsesionados con ella como yo, vale la pena. Se describe como una Researcher & Story Teller y su plática está en el Top 5 del mundo con más de 7 millones de views.

The power of vulnerability | Brené Brown

Esta muy interesante. Me platicó una amiga de ella en el momento que más lo necesitaba. Y es que en nuestra vulnerabilidad están muchas respuestas que buscamos pero no hemos sabido (o querido) encontrar.

Algunos libros de Brené Brown:

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“Papá, ¿qué hay arriba del cielo?”

A sus 2 años y medio mi hijo Ricardo preguntó un día mientras íbamos en el carro.

“Papá, ¿qué hay arriba del cielo?”

Su papá le contestó: “El universo, los planetas……” mientras yo automáticamente pensé en Dios. Esta discrepancia entre mi esposo y yo se hizo más evidente el año pasado, cuando en abril del 2016 mis hijos perdieron a su abuelita materna y seis meses después a su abuelo paterno.

Pero realmente No los perdieron, No están descansando, simplemente murieron.

A los niños hay que decirles siempre la verdad, no disfrazada y sin tanto adorno. El lenguaje les facilita, al igual que las experiencias, interiorizar y entender el mundo a su alrededor. Por eso cuando les explicamos algo, de cualquier tema, y sobre todo un suceso tan doloroso, misterioso e irreparable como la muerte de un ser querido, es importante hacerlo bien.

Me hubiera gustado haber visto alguno de estos videos/libros que voy a recomendar antes de explicarle a mis hijos la muerte de mi mamá. Pero me ganó la nostalgia, la esperanza y mis creencias.

Busqué por meses las maneras de prepararme yo para cuando mi mamá faltara (otra vez evitando la palabra: muriera) que no le di mucha importancia a lo que mis hijos iban a sentir porque desde mi punto de vista, en ese momento estaban muy pequeños. Creía que un niño de 3 años y otro de 1, no iban a entender de todos modos lo que les explicáramos. Y bien que me equivoqué. Entender es una cosa y percibir otra, y esta última esta siempre presente.

“Mamá, ¿y Yaya?” me preguntaron mis hijos a la mañana siguiente de que falleció su abuela. “Yaya se fue al cielo mi amor” les dije abrazándolos.

¿Pero cómo? ¿En avión? ¿Volando?

Y ahí ya no sabes si seguir llorando o sonreír por la ingenuidad de un niño y la ambigüedad de tu respuesta.

A pesar de que mi marido y yo tenemos diferentes formas de interpretar la muerte, nos hemos comunicado (peleado y contentado) y trabajado (introspecciones fuertes de nuestras creencias y formación desde la infancia) como pareja para poderles exponer a nuestros hijos una manera clara, sencilla y sobre todo unificada de lo que significa morir.

Aquí comparto 5 materiales que nos han servido a lo largo de este proceso (Gracias a nuestros amigos y familiares que nos los han regalado y compartido. Los queremos mucho.)

Los elegí, principalmente, porque ninguno esta ligado a creencias religiosas en particular y porque cada uno responde a preguntas que hemos experimentado como familia en las diferentes etapas de un duelo.

  1. ¿Qué decirle a nuestros hijos?

Introducing the concept of death to a young child.

http://bit.ly/2myGMkb

Este video me llegó en un newsletter semanal de Dr. Laura Markham a quién sigo hace unos años (Twitter: @DrLauraMarkham). Ella es autora del libro Peaceful Parent, Happy Kids, y fundadora de Aha! Parenting (http://www.ahaparenting.com/). Es psicóloga clínica y mamá.

En esta ocasión la entrevistaron de Parenting Junkie (www.theparentingjunkie.com). Hacen co-producciones que disfruto ver porque presentan cada situación como juego de roles con actitudes y dudas de los niños en la vida real.

Me gustó mucho porque la mamá en el video explica la muerte con ese aire de naturalidad que a algunos, como a mí, nos toma más esfuerzo darle. Aplica el tema en situaciones con las que nos podemos topar en el día a día sin que sea la muerte un tema personal o aplicable solo para el 2 de Noviembre, el día que honramos a los difuntos en México.

  1. ¿Qué podemos sentir?

Nos ponemos tristes cuando alguien muere

Este libro narra los sentimientos por los que pasamos en un duelo, pero enfocado a los niños, en su lenguaje y con la claridad necesaria. ¡Que importante es validar por lo que los niños pasan en esa etapa! Al leerlo mis hijos y sobrinos se han sentido identificados y comprendidos.

 

  1. ¿Cómo puedo seguir conectado a mi ser querido?

The Invisible String

 

Este es un libro que describe cómo todos estamos conectados con las personas que queremos. Vivos o muertos, el hilo invisible va de corazón a corazón. El mensaje es muy claro, memorable y sobre todo reconfortante para niños y adultos.

  1. ¿Cómo lidiar con la muerte?

Dealing with Death

Artículo y video de Fred Rogers

http://www.fredrogers.org/parents/special-challenges/death.php

Como comunicóloga, siempre me pareció admirable la carrera de Fred Rogers. De hecho si tus hijos han visto la caricatura de Daniel Tiger’s Neighborhood, ya conoces un poco de este personaje porque esta inspirada en una serie de él: Mister Rogers’ Neighborhood.

Si vas a ver el video, prepárate porque esta muy oldie, narra la anécdota de cuando murió el perro de Fred cuando el era niño. El recuerda como se sentía, lo que hacía, lo que hicieron sus papás y abuelos para hacerlo sentir bien etc. El artículo tiene tips muy prácticos del vocabulario que usar, el funeral etc. Sin embargo lo que más me gusta es como nos recuerda a los papás que vamos a tener más oportunidades de hablar del tema con nuestros hijos, que siempre surgirán más preguntas y podemos ayudarles a lo largo de los años a definir lo que la muerte significa para ellos.

5.¿Cómo es el ciclo de la vida?

The Fall of Freddie the Leaf

Narración del libro en video:

Este video me lo compartió una tía de mi esposo. Ella es directora de un Colegio Montessori en Toronto, Canadá desde hace muchos años.

La fábula es considerada un clásico, se publicó en 1982 por primera vez. Lo recomiendo para niños de 5-6 años en adelante, sin embargo en mi opinión, la lectura e imágenes no es muy entretenida para ellos…yo lo que he hecho es platicárselos cuando les surgen dudas de la muerte, especialmente a Ricardo de 5 años.

La historia de Freddie the Leaf es una manera hermosa de poner en perspectiva como todos los seres vivos, plantas, árboles, animales, seres humanos vamos a vivir y morir y cómo podemos disfrutar y cumplir nuestra misión en el camino.

(Nada ni nadie es perfecto. Así es que de cada uno de los materiales que recomiendo tengo mis observaciones, palabras o situaciones que cambiaría etc. Pero son cuestiones personales que no vale la pena mencionar porque creo que cuando alguno de ustedes tenga la necesidad de recurrir a ellos, pueden tomar la decisión de hacer esas modificaciones en su mente para su propia paz o si es el caso, para el criterio de sus hijos. )

La semana pasada vimos la película de Disney/Pixar “Coco” y me preguntó Ricardo ayer, “Mamá, tu crees que lo que pasa en la película de Coco es lo que pasa cuando nos morimos?” “No lo sé Ricardo” respondí, con temor a parecer ignorante delante de mi hijo, “nadie sabemos qué pasa cuando morimos…”. Y gracias a una película excelentemente bien hecha y con un mensaje afín al de nuestra familia, tuve una platica con el sobre la ausencia en este plano terrenal de nuestros seres queridos y sobre cómo nos gustaría ser recordados. Tal vez no la versión correcta o anhelada por muchos, pero nuestra versión: Mazal Priego y para ellos hoy es suficiente.

Los niños todavía están muy pequeños para creer en algo firmemente. Ellos creen en lo que las personas en las que más confían les dicen. Nosotros como sus padres debemos de guiarlos a formar su propio criterio conforme vayan madurando.

En mi experiencia, en lo que más me he esforzado y a la vez lo que ha tenido mejores beneficios con mis hijos es hablar de la muerte con naturalidad (aunque se me llenen los ojos de lagrimas cada vez). Es sumamente importante que nuestros hijos nos vean tristes o vulnerables cuando nos sintamos así. Me costó trabajo entenderlo pero es efectivo; si ellos ven cómo estamos emocionalmente y lo expresamos abiertamente les da más tranquilidad que si lo escondemos, porque de todos modos lo perciben. El impacto de esto a largo plazo es inmenso porque estas acciones les ayudarán en un futuro a saber que esta bien demostrar sus sentimientos con sus papás y que la familia es un espacio de dialogo, aceptación y confianza.

Cuando nos pasó, Alejandro y yo no sabíamos exactamente qué decirles o qué no decirles a nuestros hijos de la muerte de sus abuelos. Seguimos nuestros instintos y resultó que los dos teníamos instintos diferentes.

Hoy Ricardo de 5 años y Jacobo de 3 años nos preguntan con frecuencia por sus abuelos. Los recuerdan y entienden que ya no están, que murieron, que no los pueden ver, escuchar o tocar, pero sí sentir y recordar con mucho amor. Y que ese amor dura por siempre.

La tía Cuqui me regaló esta tarjeta hecha a mano por ella y es muy especial para mi. En cuquisart.love puedes ver más de su proyecto en Portland.
Crédito Foto: Laura Mazal
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