Reality Check

Esta semana tuve un reality check,
De esos que ayudan de vez en cuando… Que te recuerdan lo importante de la vida. Lo esencial. Por lo que estas aquí y para lo que estas aquí.
Me acuerdo hace algunos años cuando trabajaba en publicidad y creía que mi trabajo era mi vida, sin embargo cuando tenía un problema en mi vida personal… ( enojarme con el novio o una amiga…) mi trabajo pasaba a segundo plano
O cuando tenia discusiones largas con mi marido… De si ir a un viaje o no y de repente te dicen que tu mama tiene cáncer otra vez. Te pone todo en perspectiva.
Es como el yoga… Estar en el aquí y ahora.

Mi hijo estaba enfermo (un virus fuerte) y mi casa estaba sucia, mi ropa acumulada, el baño sucio y calzones sucios (potty training) y no me importaba… Todo podía esperar. Todo puede esperar.
Es mejor sentarte a tener una conversación o ver un programa con mi esposo que recoger toda la cocina…
Es mejor sentarte a jugar con tus hijos o sacarlos al parque que contestar 30 mensajes de whatsapp. Pueden esperar.
Es mejor hablar con tu mejor amiga por 15 minutos una vez a la semana que mandarse voice msgs durante 2 días….

Esta semana tuve un recordatorio de estar en lo esencial… Yo se que es difícil acordarnos todos los días de que hay muchas cosas insignificantes o intrascendentes en nuestra vida… Pero esta semana me ayudo… Voy a buscar la manera de acordarme todos los días.

Namaste.

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Así como Dios, Es cultural

Es cultural entender que debemos respetar los señalamientos de trafico en las avenidas. Que lo correcto es esperar y hacer las filas en la calle, en las tiendas, en los parques de diversiones. A los mexicanos no nos gusta hacer filas… creemos que no las merecemos… que “el que agandalla no batalla”.
Es cultural acostumbrar a nuestros hijos a cooperar en actividades y tareas dentro de la casa… no dejar que crean que les van a hacer todo desde que se levantan hasta que se duermen.
Es cultural no tirar basura en donde no se debe… ni que decir de reciclar.. (entender que sí hay materiales que tienen una segunda vida si la acomodamos en el contenedor apropiado). También claro, es cuestión de educación y convicción, pero me ha sorprendido comprobar que para algunas culturas nos cuesta más comprender que no debemos tomar nada que no sea nuestro; ya sea unos lentes o un termo olvidados en un lugar público donde parece que nadie los va a reclamar nunca.
Es cultural la creencia de que las cosas se hacen bien a la primera o no se hacen.
Hoy vivo en una cultura que respeta al peatón y se forma en las filas, incentiva a delegar tareas en casa, promueve y ejecuta el reciclaje, se esfuerza por hacer un trabajo bien hecho y en equipo… ¿por qué si vivo en un país así… todavía añoro algunos días la informalidad o el zafarme de una multa por mi “cara bonita”?

No lo se, creo que es parte de mi periodo de adaptación, de entender de una vez por todas que lo que hago (o dejo de hacer) desde mi hogar, con mis vecinos, en la calle, trabajo, colegio tiene un impacto importante y consecuencias tangibles en la sociedad; que no hay impunidad (a niveles descarados), que las reglas se respetan para tener una mejor comunidad. Al ser una cultura integrada por tantas ideologías y diversidad, la mejor manera de vivir tranquilos es respetando las costumbres ajenas con orden y tolerancia.

A pesar de ser tan mexicana como el chipotle y el tequila, estas costumbres sí quiero adoptar del país que hoy llamo casa.

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Las montañas por el bosque

Me mude sin saber cocinar
Con poca experiencia lavando baños
Y con cero conocimiento de como ponerle gasolina a un carro

Me mude con la esperanza de tener mas tiempo de calidad en familia
Con ganas de respirar aire puro y tener menos compromisos sociales para poder estar en lo esencial

Cambie las montañas por el bosque hace 6 meses y hoy me hacen falta.

Me hace falta un poco de prisa… Algo de relieve en los paisajes, escuchar el claxon de vez en cuando al transitar y ver caras conocidas…

Me hace falta sentarme a tomar un café con alguien que me conozca de siempre… Que me conozca con algunas copas de más, de pelo rojo, desubicada… Me hace falta conversar frente a frente con alguien que sea para mi una buena amistad.

Me hace falta Monterrey, su ya impregnado olor a contaminación, su irregular urbanismo y su olvidada tranquilidad. Me hace falta mi ciudad, su despistado crecimiento y las incansables ganas de los regios ( o regios adoptados) por crear, destacar, sobresalir.

Me hace falta mi mamá y mi papá. Me hace falta mi hermano, mi cuñada y mis sobrinos que viven ahí… La Catarina y Bravo Pizza….
La Sierra madre y la Huasteca…
Quiero subir caminando las veredas de Chipinque y también contemplar desde las alturas de las Estancias ese valle que nos regalo la naturaleza.

Quiero que mis hijos corran en casa de los abuelos y vean a sus primeros amigos…

Quiero regresar para valorar. Valorar lo que tendré siempre en ese rancho grande y valorar lo que tengo ahora rodeada de venados, víboras y ardillas en este pedazote de tierra que dejamos ir.

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