3 frases. 3 canciones. 3 lecciones de vida.

Hay canciones que nos enganchan, queremos escucharlas una y otra vez. Que, como canta Katy Perry, solo queremos “Turn it on, keep it on repeat”. Algunas, lo más probable, están vigentes por una etapa de nuestras vidas, y otras, nos han perseguido durante una, dos o tres décadas.

Mis gustos musicales siempre han sido………..mmmm…….muy variados. Mumford & Sons, Fito Páez, Jewel, Coldplay, The Beatles, Florence and the Machine, Shakira, Cerati, Atericiopelados, Alicia Keys, Intocable, Juan Gabriel, Natalia Lafourcade, Fernando Delgadillo, Belanova, Los Claxons, Mecano, Alejandro Sanz, Joss Stone…y muchos otros que forman parte de una mescolanza simpática e interesante (para mi obviamente) y casi toda muy comercial.

Realmente, creo que la música es como el vino, no hace mucha diferencia de dónde viene o los años que tiene, lo que importa es que te gusta, el sabor que deja y lo que te hace sentir. “Un día sin vino es un día sin sol” es una frase típica de la Provenza, al sur de Francia, y definitivamente tampoco puedo imaginar un día sin música.

El primer cd que compre en mi vida fue el de Laura Pausini- (ya sabía que no llegaría… ya sabía que era una mentira… tanto tiempo que por el… OK YA ) y el cd que más he escuchado en mi vida, estoy casi segura, que es Jagged Little Pill, de Alanis Morissette.

Me gusta la música, pero soy poco entonada y no soy mucho de bailar así que en lo que me concentro más es en la letra de las canciones. De chica me sentaba a escribir la letra de mis canciones favoritas o de moda (para sentirnos cool cantándolas en los bailes) desde que existían los cassettes. Pasábamos horas, mi amiga, y ahora comadre, y yo a un lado de las grabadoras que tenían botones enormes y que para picarle Stop y Play te tardabas un par de segundos, pero eran gratificantes porque se escuchaba el clásico sonido de cómo la cinta interrumpía su movimiento lentamente… STOP y como iniciaba a dar vueltas otra vez… PLAY.*

Cuando era teenager, escuché un par de canciones, en diferentes momentos de mi vida, con frases que me fascinaron desde que las oí  por primera vez. Son 2 frases que hasta el día de hoy me siguen sirviendo.

En 1998 salió el álbum Inevitable. Me acuerdo que en prepa esa canción de Shakira nos la tomamos muy en serio. Mis amigas y yo (aunque a lo mejor nada más yo lo cumplía) acogimos la parte que dice  “Ni me baño los domingos”. Pero esa no es la frase que me marcó sino otra de la misma canción. Yo tenia 15 años cuando Shakira cantaba “Cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo”. Me identifiqué porque para toda relación personal, amistad, noviazgo, y hoy en mi matrimonio, no hablo sin antes entender muy bien qué es lo que me molesta, por qué fue y qué siento al respecto. No soy psicóloga pero conozco de la disciplina y se que todo tiene que ver con situaciones de mi pasado, de mi infancia etc. Entonces hago una breve (a veces larga) introspección de los temas que me causan problema y luego los enfrento. La frase puede parecer egoísta pero creo que me ha ayudado a tomar decisiones en mi vida que hoy confirmo fueron las mejores. 

Desde que soy mamá, esta frase ha tomado otro sentido. Me he dado cuenta que para tener una buena conexión con cada uno de mis hijos, tengo primero que estar bien yo para poder estar bien con ellos. Desarrollándome espiritualmente y profesionalmente, sintiéndome bien física y emocionalmente… Mientras más resuelta este yo como mujer y persona, mejor mamá voy a ser, porque claro, no podemos dar lo que no tenemos.

Maroon 5 en el 2004 cantaba She will be loved. Y no se me olvida solo por el guapísimo de Adam Levine, sino por la frase: “It’s not always rainbows and butterflies, it’s compromise that moves us along.” Y es que sorprendentemente la aplico en muchos ámbitos de mi vida. No siempre van a salir las cosas como queremos y no todo lo que hacemos es maravilloso, divertido y causa de gran satisfacción, pero esta bien. Es el compromiso con las personas que amamos, ya sea nuestra pareja, amigos, familia, hijos, lo que hace que los esfuerzos culminen en acciones más allá de lo que nos hace sentir bien a nosotros mismos. Es el compromiso en el trabajo, sabiendo que al menos el 20% del tiempo desempeñaremos actividades que no nos gustan, es el compromiso con la comunidad por inscribir a nuestros hijos al autobús del colegio para contribuir a bajar los niveles de la contaminación y tantos ejemplos más. Yo no veo el compromiso como una obligación, sino como la capacidad de tomar consciencia de que mi aportación en todo lo que hago debe ser responsable y leal.

El año pasado estuvo muy de moda la canción de 7 years old de Lukas Graham. Y no podía dejar de escucharla, por fin entendí que había descubierto otra frase para adoptar y aplicar como mi 3era favorita. “I only see my goals, I don’t believe in failure ‘Cause I know the smallest voices, they can make it major”. Al iniciar un proyecto personal, un negocio, una nueva rutina de vida… siempre habrá quien lo cuestione, quién lo juzgue y no le parezca. No se qué es, no entiendo porque proyectamos así nuestra envidia cuando la demás gente esta haciendo algo valioso por su presente y futuro y nosotros no. Por qué si alguien empieza algo nuevo, que le hace bien, lo mantiene saludable, contento etc. lo cuestionamos y peor aun, juzgamos tanto.

Por ejemplo, hace poco mi esposo y mis hijos me regalaron un juicer. Porque yo pedí mi regalo con punto y seña. Al platicarle a la gente que me sacaba el tema escuchaba continuamente comentarios como: “pero por qué tienes que hacer eso”… “es mejor comer toda la fruta”… “se quita lo mejor que es la fibra”… “pero si les das a los niños los jugos luego no les va a gustar esas frutas, no van a aprender a comer”. Porque no solo dicen: Que bien y ya. O Felicidades. Y no por estar haciendo juguitos y shots de jengibre por las mañanas, simplemente por estar haciendo algo que me hace feliz.

Un amigo un día me dijo algo muy cierto. “Si crees que te funciona, te funciona.”
Y es que así es la mente, poderosa. Y se nos olvida que nosotras la podemos controlar. No es fácil, toma tiempo y mucho esfuerzo. Pero sí podemos guiarla hacia los pensamientos que queremos. Inclinarla hacia lo que nos hace felices y más positivos, en lugar de lo negativo e hipocondriaco.

Por eso adopto felizmente la frase para aplicarla en mi vida diaria: Solo veo mis metas, no creo en el fracaso. 

Siempre nos medimos por estándares de otros, de la sociedad y no los personales. Me gustaron las palabras de Lukas Graham porque para alcanzar nuestras metas debemos medirnos por nuestros propios parámetros  y expectativas, y las de nadie más.

No siempre vamos a ser exitosos ni nos va a ir siempre excelente, pero esta bien. It’s not always rainbows and butterflies…remember. Y esas voces y mentes pequeñas, no nos queda más que desearles suerte buscando sus propias metas.

Por si te gustaría recordar o escuchar por primera vez:

Shakira- Inevitable (video oficial)
http://bit.ly/1hq5PAw

Maroon 5-She will be loved (versión acústica porque no soy fan del video)
http://bit.ly/1BhoBEw

Graham Lukas- 7 years
http://bit.ly/1mURzpf

*https://www.youtube.com/watch?v=QnxWxYHLD48 (sonido de grabadora vintage)

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Mamá con síndrome de ignorancia

Una mañana de verano en un lugar de juegos infantiles llego Ricardo llorando hacia mí, me decía que había una niña que le pegaba y le daba miedo. Lo calme y le pregunte, ¿qué hace la niña? “No me deja pasar y me quiere pegar con un globo” respondió nervioso.

Ricardo es mi hijo mayor, tenia casi 4 años cuando esto sucedió y lo recuerda con claridad. Retiene en su memoria aquella visita al lugar de fiestas en el que había una niña que lo asustaba y no lo dejaba tirarse por la resbaladilla. No voy a endulzar lo que un niño de esa edad dice o piensa y tampoco voy a maquillar mi falta de conocimiento para manejar el tema. Tal cual sucedió la historia se las voy a contar.

Continué diciendo que no se preocupara y que le dijera “con permiso” a la niña para poder resbalarse. Se fue poco convencido y lo observé mientras escalaba por el juego hasta llegar a ella. Al acercarme más veo, por sus rasgos físicos, que se trata de una niña con síndrome de Down. Tenía un globo en la mano y lo agitaba emocionada. No era nada personal contra Ricardo pero a el volvió a sorprenderle y me decía que la niña no le hacía caso y no podía entender lo que ella le decía.

En ese momento recordé vagamente que cuando llegamos y lo lleve al baño, escuché a una abuela platicar con su nieta (de 5 años más o menos). Le decía “no tiene malas intenciones, solo esta enfermita”.

Rápidamente empecé a acomodar las frases en mi mente para explicarle a mi hijo que la niña tenía síndrome de Down, cuando me di cuenta que no me salían las palabras. Las pensaba pero las debatía en mi cerebro y no pasaban el filtro de lo que quería que mi hijo tuviera como referencia de las personas con síndrome de Down.

Es una niña que tiene una enfermedad… Obviamente no… Porque no es una enfermedad y menos me gustaría que piense que están enfermas.

Es una niña como tú pero no piensa como tú… ¿Por qué no? Claro que pueden pensar igual, la inteligencia no siempre es alterada y existen diferentes grados, en general deficiencia mental ligera a moderada.

“Es una niña muy especial, ella solo quiere hacer amigos”, le dije. Pero tampoco me convencía… Intentaba y no podía explicarle a mi hijo una realidad del día a día. La realidad que vivimos en la que todos somos diferentes, cada quien tenemos distintas cualidades y habilidades, que la lucha en la vida es constante y para unos es desde que nacen. Una realidad en la que la niña que quería jugar en el salón de fiestas no podía hablar con las palabras que el esta acostumbrado a escuchar, pero que se estaba expresando a su manera y quería jugar con el.

“No te asustes… Tu sonríele y si quieres juega con ella” enfaticé queriéndome sentir un poco mejor de mis respuestas, pero a la vez sintiéndome muy ignorante. Quería congelar el momento. Ir a leer un libro completo de cómo hablar a los niños del síndrome de Down y regresar y platicar con Ricardo al respecto.

Mi hermana estaba conmigo y compartió sus conocimientos con mis tres sobrinos de 10, 8 y casi 5 años. “Es un trastorno genético en el cual una persona tiene 47 cromosomas en lugar de 46, el cromosoma extra causa algunos problemas en el desarrollo del cuerpo y cerebro de las personas…” les platicaba pacientemente. Con la racionalidad de un científico les explicaba a sus hijos quienes le preguntaban más sobre el tema mientras recordaban algunas experiencias, aunque escazas, en las que habían convivido con compañeros que tenían síndrome de Down.

En mi caso, no le podía hablar a Ricardo de cromosomas, ni quería. Quería hablarle de ella, de cómo se llamaba, quién era. ¡No sabía qué hacer! Me sentí ignorante y una madre poco consciente.

Realmente no quería decirle a mi hijo algo que no se le olvidará nunca. Las primeras veces que te explican algo nuevo no se te olvida nunca. Al menos a mi, desde chica he sido muy preguntona y las respuestas me marcaban por siempre. Es mucha responsabilidad ser mamá, sobre todo mientras los niños no tienen un criterio formado, y en esos pequeños momentos lo reafirmo.

En ese instante pensé en Celina y Gustavito, una amiga y su hijo con síndrome de Down y con quién Ricardo convivió algunas veces durante su primer año de vida. Y me pregunté ¿Cómo le gustaría a Celina que habláramos de Gus? Sin términos genéticos ni estadísticos. Detrás de esa sonrisa, en esencia, . ¿Cómo es Gus?

Y he aquí su respuesta:

Me encanta que me pregunten acerca de mi hijo y del síndrome de Down. Gustavo mi hijo tiene cuatro años, y para ser honesta, yo a veces tampoco sé qué decir ni cómo explicar el síndrome de Down a los demás.

De lo que sí estoy 100% segura es de que me fascina cómo son los niños de naturales e inquisitivos, como Ricardo, tus sobrinos, y por supuesto que como lo es Gustavo también.

Recuerdo una de las primeras piñatas que fui con Gustavito. Él estaba jugando junto a una niña güera de ojos azules. Ella se le quedaba viendo hasta que me preguntó, “Oye, ¿por qué saca la lengua?” y “¿Por qué tiene los ojos estirados?”

Y yo le dije, “Todos somos diferentes. Tú tienes los ojos azules, yo cafés y Gustavito los tiene estirados. Como en forma de almendra. Pero también Gus se parece a ti, mira, les gusta jugar en los mismos juegos”.

La niña se fue feliz y siguió jugando. Y yo con el nudo en la garganta.

Por un lado, quería pensar que los demás niños no veían las diferencias, que eso era sólo cosas de adultos. Pero por otro lado, sabía que la niña había hecho una simple observación y me alegraba mucho saber que no le había dado importancia y eso no había impedido que quisieran jugar con él.

Desde esa ocasión utilizo la frase “Somos más similares que diferentes” cuando trato de explicarle el síndrome de Down a los niños.

Es decir, les explico que:
1. Todos somos diferentes. Algunos niños pelo chino, otros liso, algunos son altos, otros son chaparros, unos niños usan lentes, otros no. Así tanto la niña del parque como Gustavito tienen ciertas características físicas que son diferentes a las de Ricardo.

2. También todos somos similares. Ya seas un niño de pelo chino, con o sin lentes, o con o sin síndrome Down. Por ejemplo, podríamos explicar que a Gustavito le gusta jugar con sus papás, comerse un helado, o ver su caricatura favorita, justo como a Ricardo también le encanta.

3. Finalmente le diría que Gustavo tiene algo que se llama síndrome de Down. No es contagioso ni tampoco es una enfermedad y lo tiene desde que nació. A veces va a necesitar ayuda y como amiguitos, podemos ayudarnos unos a los otros. Gustavito se tarda más en hacer ciertas cosas y batalla en hablar, pero esto no le impide jugar ni divertirse, como todos los niños.

Cuando alguien se acerca a preguntarme sobre Gus, ya sea un niño súper directo con su inocente naturaleza o un adulto, me alegra y me llena de esperanza. Agradezco que haya gente que quiera saber más y acercarse sin temor.

Al final del día, no pasa nada si al explicarle a nuestros hijos sobre el síndrome de Down cometemos errores. Lo importante es nuestro lenguaje corporal y nuestras acciones donde la intención de una verdadera empatía se nota.

Cuando los niños ven que tratamos a las personas con síndrome de Down como una persona más, con el mismo amor y dignidad que se merecen todos los seres humanos, ellos también lo internalizan y actúan igual, siguiendo nuestro ejemplo.”

Muchas Gracias Celina por tus palabras, y sobre todo por tu ejemplo de mujer y madre de familia.

Hoy, 21 de marzo, es el día mundial del Síndrome de Down y los invito a no ser mamás o papás con síndrome de ignorancia. Hay que informarnos y sobre todo sensibilizarnos nosotros para poder transmitir esa empatía y amor al prójimo a nuestros hijos.

Por mi parte, leer a Celina me tranquilizó sobre ese día en que conocimos a una niña con síndrome de Down, no le falle a mi hijo ni a las familias con hijos de síndrome de Down por no decirle las palabras idóneas en ese momento a Ricardo. No debemos olvidar que las palabras se graban en la mente, pero las acciones y el ejemplo arrastra.

Gus y Ricardo de 1 año recién cumplido.
Gus y Ricardo
Octubre 2013.
Recuerdo que a Gus le encantaba ir rapido en el columpio y por más que trate de tomar una foto que no saliera borrosa, me fue imposible con tanto movimiento.
Gustavo una tarde de parque.

Para quienes nos gustaría leer más sobre el tema, Celina recomienda los siguientes libros:
My friend Isabelle de Eliza Woloson
We’ll Paint The Octopus Red de Stephanie Stuve- Bodeen

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No tengo hijas

No tengo una hija, pero si tuviera…

Le enseñaría que es muy bueno liderar, pero primero hay que ser líderes de nuestra propia vida.

Que las lagrimas son muestra de sensibilidad y no debe confundirlas con debilidad.

Que reír no solo es terapéutico, también es ejercicio.

Empujaría su inteligencia al máximo, su potencial para imaginar y crear.

Le aclararía que a pesar de las diferencias entre hombres y mujeres, nuestros derechos siempre deben ser iguales.

Le recomendaría que de cada cosa que vea, escuche o lea, analice cómo se siente después, siempre reflexionando más allá de sus emociones. PENSANDO en qué le agradó o disgustó… qué hubiera hecho ella diferente. Ayudándole así a formar un criterio sólido y autentico.

Le enseñaría que no hay limites para soñar, ni etiquetas para juzgar.

Hablaría con ella, cuando sea oportuno, de sexualidad. Y a mi juicio no dudaría en expresarle que es posible que a las mujeres les guste las mujeres y a los hombres les guste los hombres.

Si tuviera una hija, le transmitiría mi experiencia: que las amistades no se miden por el número de chats que tienes o a cuántas fiestas te invitan, las verdaderas amistades se descubren en determinados momentos en la vida y estos no son momentos de gloria ni de gran celebración.

Predicaría, con el ejemplo, que el maquillaje es para realzar más que para ocultar, aplicando la conocida frase de nada con exceso todo con medida.

No limitaría (con excepciones) su manera de vestir. Aconsejaría con mesura sobre cómo expresarse de manera apropiada a través de su vestimenta. Claro que esto pasando la etapa de vestirse de princesa o super héroe hasta para ir al cine. Contra eso, nada.

Si tuviera una hija, no la alejaría del dolor, acompañándola en su sufrimiento, la prepararía para lidiar con el y eventualmente poder superarlo.

Le aseguraría que Dios existe, y que no solo esta fuera de ella, lo encuentra dentro de su corazón. Dios es fortaleza, armonía y amor infinito.

Le enseñaría a rezar, a dialogar con El todos los días. Pero sobre todo, a dar gracias. Ser agradecida por todo lo que tiene y pedir por los intereses propios y colectivos.

Si tuviera una hija asumiría la grandísima responsabilidad de educarla, recordando que educar a una mujer es educar a una familia entera y por ende a la comunidad.

Si tuviera una hija, le compartiría que entre las mayores satisfacciones de su vida siempre estarán ser ella misma, tener buenas amigas y dormir con la conciencia tranquila.

Feliz día de la mujer.

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mom vs dad

Life is not fair
We do not have fishing trips twice a year
Or Sunday football games
Or get from work and have a veggie laying moment in the couch

Sometimes I get so jealous
I have not woken up past 6:30 am for more than 4 years ago.
I hate feeling this inequality sometimes
For us, work never ends
Sleep is not a commodity

It is true
Life is not fair
Men will never feel their child doing yoga inside of them, or kick boxing… it depends.
Men will never be able to create miracle fluids to feed them
And as lame and feminist as it sounds
Dads will never be moms.

As you may gather, I was a bit angry when I wrote this a couple of months ago. Maybe not really angry, but tired (“toddler mom tired” which I am sure many of you can relate). At the moment I was upset with my husband (he probably didn’t even know), I just vented about it and immediately felt better. I realized through the words I was writing how different mothers and fathers are and the way we are built up for parenting. It should never be a competition; it is teamwork what we should embrace and work on to raise kind, happy, strong and healthy children (emotionally and physically).

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mañana de rancho

En un árbol veo todo.
Veo presente, futuro y pasado.

Un árbol es fuerte.
Tiene la sabiduría de cambiar y crecer… de madurar.

Es humilde, pues cae; da sombra y hogar a quien en el confíe.
Da fruto alimentando a quien de el dependa.

El árbol es amigo, me dice como el tiempo pasa con tan solo mirarlo.

El árbol es experiencia y carácter. Olor y color.
No es perfecto, ni lo intenta, es único, porque sí.

Nadie como él tan coherente de alimentarse desde debajo de la tierra, tomar de ahí los nutrientes para ser grande.

Pocos como él, tan paciente para estar, para echar raíces en un solo lugar.
Tan honesto para no esconderse y envejecer con orgullo.
Un árbol es fiel tan solo por permanecer.
Hoy, para mi, este árbol es paz.

(Sierra Picachos 02/10)

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El amor que no es de San Valentín

¿Por qué trae esa barba Alejandro? Ya parece vikingo
Y ahora ¿por qué trae Pick Up?
¿Y para qué se quiere comprar una lancha?

Porque él quiere y nos dejamos ser.
Que tranquilidad estar en una relación, en una unión en la que respetamos nuestra esencia.

No, no me gustan las Pick Ups… Pero no la manejo yo.
La barba me da igual. Me gusta el cambio y eso es algo que me atrae de él. A veces se ve más viejo o homeless, y luego se ve dirty look o más limpio… No sé . El punto es que no le digo como tiene que estar o no estar. (Aunque él si me dice que no le gusta cuando me maquillo mucho para bodas o salidas de noche) Pues ni modo… nunca me va a decir que no lo haga…porque somos dos personas diferentes. Venimos de diferentes lugares y escogimos ir de la mano hacia un mismo lugar.

Lo amo. Y no se lo digo en el día de San Valentín. Se lo demuestro todos los días. Como la frase que nos gusta de una película: “I love you even when I hate you.”

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Reality Check

Esta semana tuve un reality check,
De esos que ayudan de vez en cuando… Que te recuerdan lo importante de la vida. Lo esencial. Por lo que estas aquí y para lo que estas aquí.
Me acuerdo hace algunos años cuando trabajaba en publicidad y creía que mi trabajo era mi vida, sin embargo cuando tenía un problema en mi vida personal… ( enojarme con el novio o una amiga…) mi trabajo pasaba a segundo plano
O cuando tenia discusiones largas con mi marido… De si ir a un viaje o no y de repente te dicen que tu mama tiene cáncer otra vez. Te pone todo en perspectiva.
Es como el yoga… Estar en el aquí y ahora.

Mi hijo estaba enfermo (un virus fuerte) y mi casa estaba sucia, mi ropa acumulada, el baño sucio y calzones sucios (potty training) y no me importaba… Todo podía esperar. Todo puede esperar.
Es mejor sentarte a tener una conversación o ver un programa con mi esposo que recoger toda la cocina…
Es mejor sentarte a jugar con tus hijos o sacarlos al parque que contestar 30 mensajes de whatsapp. Pueden esperar.
Es mejor hablar con tu mejor amiga por 15 minutos una vez a la semana que mandarse voice msgs durante 2 días….

Esta semana tuve un recordatorio de estar en lo esencial… Yo se que es difícil acordarnos todos los días de que hay muchas cosas insignificantes o intrascendentes en nuestra vida… Pero esta semana me ayudo… Voy a buscar la manera de acordarme todos los días.

Namaste.

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Así como Dios, Es cultural

Es cultural entender que debemos respetar los señalamientos de trafico en las avenidas. Que lo correcto es esperar y hacer las filas en la calle, en las tiendas, en los parques de diversiones. A los mexicanos no nos gusta hacer filas… creemos que no las merecemos… que “el que agandalla no batalla”.
Es cultural acostumbrar a nuestros hijos a cooperar en actividades y tareas dentro de la casa… no dejar que crean que les van a hacer todo desde que se levantan hasta que se duermen.
Es cultural no tirar basura en donde no se debe… ni que decir de reciclar.. (entender que sí hay materiales que tienen una segunda vida si la acomodamos en el contenedor apropiado). También claro, es cuestión de educación y convicción, pero me ha sorprendido comprobar que para algunas culturas nos cuesta más comprender que no debemos tomar nada que no sea nuestro; ya sea unos lentes o un termo olvidados en un lugar público donde parece que nadie los va a reclamar nunca.
Es cultural la creencia de que las cosas se hacen bien a la primera o no se hacen.
Hoy vivo en una cultura que respeta al peatón y se forma en las filas, incentiva a delegar tareas en casa, promueve y ejecuta el reciclaje, se esfuerza por hacer un trabajo bien hecho y en equipo… ¿por qué si vivo en un país así… todavía añoro algunos días la informalidad o el zafarme de una multa por mi “cara bonita”?

No lo se, creo que es parte de mi periodo de adaptación, de entender de una vez por todas que lo que hago (o dejo de hacer) desde mi hogar, con mis vecinos, en la calle, trabajo, colegio tiene un impacto importante y consecuencias tangibles en la sociedad; que no hay impunidad (a niveles descarados), que las reglas se respetan para tener una mejor comunidad. Al ser una cultura integrada por tantas ideologías y diversidad, la mejor manera de vivir tranquilos es respetando las costumbres ajenas con orden y tolerancia.

A pesar de ser tan mexicana como el chipotle y el tequila, estas costumbres sí quiero adoptar del país que hoy llamo casa.

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Valor agregado (Por aquello del #tbt)

Me he clavado en estos últimos días leyendo mis diarios de primaria y secundaria y las libretas en las que escribía en prepa y carrera. Me he reído tanto, se me ha enchinado la piel, he tenido muchos cuestionamientos (no me acordaba que había querido tanto a esta persona o por qué estaba tan confundida en esos meses) y aunque se que soy yo la que los escribió y míos los sentimientos que están ahí, al leerlos después de tantos años desconocí muchos de éstos.

Con el tiempo cambiamos tanto, mejor dicho, evolucionamos tanto, que fácilmente se nos olvida de dónde venimos, por qué somos así…disfruté recordar y como dicen que recordar es volver a vivir, acabo de regresar de un viaje no muy lejano pero sí lleno de anécdotas. Algunas que quisiera compartir.

Este escrito es de Septiembre 2003. El día que fui a ver un Homenaje a Gabriel García Márquez en el Tec de Monterrey. Nunca se me va a olvidar como nos dejo a todos en el Teatro Luis Elizondo. La audiencia estábamos con gran expectativa de la culminación del evento porque íbamos a escuchar unas palabras del autor que no solo era Nobel de Literatura pero que nos había regalado tantos paisajes internos al compartirnos fragmentos de su imaginación.

Cuando le pasan el micrófono el sencillamente dice: “Muchas Gracias. Yo por eso escribo, para no tener que hablar. Gracias.”

Boquiabiertos. Así quedamos muchos, sobre todo los que nos esforzamos para poder asistir a verlo, a honrarlo. No me esperaba para nada escuchar eso aunque hoy entiendo lo predecible que era. ¿Qué necesitábamos escuchar que no nos había dicho ya? ¿Qué valor le podíamos dar ese día a sus palabras si éstas ya se habían colado por nuestros ojos a nuestro corazón?

Esa noche escribí esto. (No le voy a cambiar muchas cosas que desesperadamente quisiera cambiar, pero quería compartirlo tal cual esta para que no perdiera su esencia.)

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No creo que leer a García Márquez me haga más culta ni saberme de memoria 100 años de soledad me haga una persona más interesante.

Tal vez aprenderme un poema de Benedetti o una canción de Shakira signifique lo mismo para mi, tiene el mismo sentido en mi escaza riqueza intelectual.

Puede ser que Angeles Mastretta y sus Mujeres de Ojos Grandes me haya gustado más que El Alquimista de Paulo Coehllo.

Puede ser que viajar sea la respuesta.

Debe ser.

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El año anterior, en Julio 2, 2002 escribí esto: (Generalmente escribía alguna breve descripción debajo de la fecha, pero en esta hoja no hay nada. Solo puedo apreciar, leyendo el otro texto que escogí para compartir hoy, que durante ese par de años tenía una obsesión con Benedetti)

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Quiero huir con el aire
Volar alto como las águilas
Que me miren como las montañas
Ser tan fuerte como las raíces de un árbol

Quiero reír como una hiena
Llorar como un bebe
Nadar como sirena
Crecer como los girasoles
Escribir como Benedetti

Quiero ser predecible, algunas veces, como el cielo
Tan mujer como mi madre
Tan feliz como me haces
Tan independiente como el mar

Simplemente quiero ser.

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En conclusión: quería ser muchas cosas…y viajar jaj. ¡Que poca! Any de 18 años no le parecería nada que me este riendo de sus escritos.

De hecho me recordó que me gusta viajar, y que sigo creyendo que es de las acciones que más me han enriquecido como ser humano. Y no lo digo por turistear, por caminar en lugares exóticos o ir de shopping. Nunca han sido los paisajes externos sino los internos los que me han dado lecciones de vida.

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Jeans.

Jeans.
Practical
Functional
Low rise
Low cut
Boot cut
Skinny
Baggie
Tight
Stained
Blue
Gray
White
Black
Purple
Old
New
Comfy
Handy
Short
Long
Ragged
Easy
Vintage
Love them.
Wanna be like jeans.

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