Hacer algo por los demás que no implique dinero, más bien requiera dedicarle tiempo…

Hacer algo no sólo dejando de hacer lo que te gusta, sino hacer algo que no te guste…

Eso, para mi, es amor.

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the gift we all deserve

When you think you have it all

You realize you are missing it

 

When you think you’re missing it

You realize you simply don’t need it

 

When you think you don’t need it

You realize you can’t live without it

 

It’s complicated, it’s foolish, it’s stupid how we all need it at some point in our lives but it comes whenever we think we don’t…whenever we least expect it, whenever we thought we had it all.

When life grants us the gift we all deserve.

To love and be loved.

 

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1,440 minutos

Leí un post en FB recientemente (comparto un fragmento del texto).

“Por años me ha perseguido este sentimiento de incomodidad por atribuirme un título que no me “corresponde”. Y es que haber estudiado filosofía tampoco me hace filósofa. Sin embargo, a pesar de no haber estudiado fotografía, amo tomar fotos. ¿Qué nos hace ser lo que somos?¿Quién lo legitima y quién lo anula?”

Y como nos pasa cuando nos sentimos identificados con algo, mi corazón estaba feliz, sintió paz. A ella también le pasa, pensé… ella también se pregunta lo mismo que yo me he preguntado los últimos 15 años.

A pesar de que conozco poco a la persona que lo escribió, conozco su trabajo, la he visto siendo artista… siendo creativa. Así que sin pensar mucho y raro en mi de involucrarme en conversaciones en FB, le comenté:

“Mony, sin duda eres fotógrafa, te lo digo con la misma certidumbre de que eres mamá. Te he visto en acción y he visto los resultados. No sé qué o quién define lo que somos… solo se que si lo que haces detona satisfacción en ti y además logras causar sentimientos en los demás estas haciendo lo que debes de hacer. ¡Felicidades!”

El tema zumbó en mí cabeza por varios días… y les comparto mi conclusión.

Eres lo que haces.
No tienes que vender un cuadro para ser pintor.
No tienes que publicar un libro para ser escritor.
Y por lo tanto no tienes que exponer en una galería en México o Nueva York para decir que eres fotógrafa.

Lo que hacemos con frecuencia, todos los días… es lo que somos. Si para todo el mundo las madres de familia somos consideradas mamás porque cuidamos, alimentamos, educamos a nuestros hijos todos los días. Entonces por qué una persona no sería corredora si todos los días corre… ¿por qué tiene que terminar un iron man o al menos medio maratón?

Más bien creo que nos gusta clasificar o definir a las personas cuando logran algo especial o mejor dicho oficial. Pero qué pasa antes de llegar a esas metas “oficiales”….a esos reconocimientos… ¿Qué pasa si nunca llegamos?

Recientemente, salió en cines una película que un amigo escribió, produjo y dirigió. Obtuvo el premio de la audiencia en Morbido Fest y fue parte del Festival Internacional de Cine en Sitges (Barcelona); ganó mejor película latinoamericana y director promesa. Así que lo entrevistaron, admiraron y criticaron también.

Escritor y Director de “1974: La posesión de Altair” decían las letras abajo de su imagen en la televisión. Era oficial, su profesión y trabajo ya era reconocido por los demás. Pero el era director y escritor desde muchos años antes…. sin que la televisión o unas letritas en color negro lo definieran debajo de su nombre. El era director en la prepa mientras nos juntábamos a estudiar y llevaba su camarita y nos grababa mientras hacíamos tareas. Fue escritor desde que decidió hacerlo en serio, trabajar su arte todos los días, desde su casa, donde nadie lo veía ni reconocía.

Entonces, ¿Qué te hace “oficialmente” ser algo? Tú.

Nuestro ser se manifiesta en el hacer. No hay de otra.

Lo que somos lo expresamos con nuestras acciones, gustos, miedos, sacrificios. Incluso con lo que dejamos de hacer para hacer lo que realmente queremos hacer.

Lo que haces define lo que eres. No tu descripción de perfil en instagram o tu título profesional. Tampoco solo lo que dice la gente experta y no cuenta solo quererlo ser, se tiene que hacer, practicar, intentar, trabajar.

No olvidemos también que lo que hacemos, a lo que dedicamos nuestros pensamientos y tiempo no es casualidad. ¿Eres lo que haces o haces lo que eres? Es la pregunta del millón. ¿Tú que crees? Sí, hay pasiones que vamos adquiriendo con los años, pero la mayoría las traemos desde que nacemos.

Veo el programa The Voice. Es uno de mis TV guilty pleasures. Los concursantes llegan inseguros a pesar de cantar desde jóvenes y haber incursionado en la música desde muy chicos, pues la mayoría no se consideran artistas de verdad hasta que uno de los jueces ( músicos reconocidos a nivel mundial) se los dicen.

Fue ese programa que me hizo hacer click yo también, ahí empecé a creerme que el simple hecho de escribir con frecuencia me hace escritora (todavía lo escribo y siento raro). No por haber publicado en algunas revistas mi trabajo, sino porque simplemente es parte de lo que soy.

No quiero pecar de ingenua. Claro que no creo que eres cantante porque cantas en la regadera. Pero tú sabes cuál es ese talento que tienes, que conoces, que has trabajado, al que le has dedicado y que a lo mejor los demás, los profesionales en ese tema todavía no lo reconocen.

Hay muchos negocios que progresan y venden miles de dólares a pesar de que nadie les invirtió un peso en el famoso Shark Tank o que en la ronda de friends and family pocos confiaron en ellos y en su proyecto. Eres emprendedor y nadie te puede decir que no lo eres aunque tus ideas no sean empresas millonarias o productos famosos.

Lo que hacemos aunque no nos paguen por hacerlo, aunque no haya un gran número de espectadores, aunque nuestras acciones no sean grabadas, públicas o admiradas de todos modos es. De todas maneras, somos.

El periodista Michael Pollen popularizó hace ya algunos años la frase antigua “We are what we eat”, “Somos lo que comemos”.

La podemos complementar así:

“We are what we eat and we become what we do”.
“Somos lo que comemos y nos convertimos en lo que hacemos”.

Hoy la pregunta no es ¿Qué quieres ser de grande?… sino simplemente…
¿Qué quieres ser? ¿A qué y a quién le quieres dedicar esos 1,440 minutos de cada día?
Estas a tiempo.
Hazlo.

 

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito.” Aristóteles

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“No se puede enseñar nada a un hombre…”

Los maestros tienen el poder de formar conciencias

Tienen la responsabilidad de enseñar

La capacidad de construir y destruir sueños

De guiar y fomentar la curiosidad

Un buen maestro no etiqueta, sino encuentra

Encuentra las habilidades de cada alumno y las potencializa

Los maestros con don, son mentores de profesión

Los maestros son fundamentales en la vida de cualquier ser humano, en cualquier país y cultura. En cualquier modelo educativo o nivel socioeconómico.

Durante nuestra vida aprendemos de maestros académicamente, espiritualmente, maestros de las artes, deportes… incluso maestros que no lo son de profesión, pero que con naturalidad enseñan desde su ámbito de acción.

Hoy celebro a todos ellos, quienes en su mayoría, enseñan por vocación y pasión. Maestras y maestros que tienen el compromiso social de impulsar y sacar lo mejor de sus alumnos, de esas vidas que por un periodo de tiempo se cruzan en su camino.

Aquellos que tienen el deber de enseñar, pueden moldear cerebros, desarrollar intelectos e inspirar a marcar y cumplir metas.

Un maestro que además es amigo nunca se olvida.

Felicidades a todos los maestros, en especial a mi mamá. A quién vi por más de 20 años preparar la ropa que se iba a poner desde un día antes, levantarse con una sonrisa en los labios por ir a trabajar y regresar con tantas anécdotas que la mantuvieron siempre joven de corazón.

Mi mamá fue una maestra que disfrutaba aprender todos los días de sus alumnos; sin duda dejó huella en las personas pues recibió tantas muestras de cariño de sus ex alumnos en los últimos días de su vida.

Ella tenia esta frase en un corcho de su closet:

“No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo”. – Galileo Galilei

Irónica frase acuñada por el padre de la ciencia moderna, quién antes de obtener este título fue maestro en 1589.

Aprovecho para recordar un escrito que le escribió a mi mamá una de sus ex alumnas, Cordelia Rizzo:

Requiem por Miss Vero Priego

http://cordeliarizzo.tumblr.com/post/143067580427/requiem-por-miss-vero-priego-abril-de-2016

Gracias Cordelia por este hermoso recuerdo y Felicidades en el día del maestro a ti también.

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No tengo prisa

No tengo prisa por dormir a mis hijos a las 8 de la noche en punto.

No tengo prisa porque aprendan a dormirse solos.

No tengo prisa porque se duerman la noche completa en su cama (y no lleguen a las 5:30 am a la mía para acurrucarse con sus papás una hora).

No me acelero para que aprendan a hablar un tercer idioma o que sean el mejor de la clase de tennis y fútbol.

No tengo prisa por recoger juntos los juguetes, por milésima vez en el día.

No me apresuro por llevarlos a Disney, otra vez.

No me desvivo por llegar rápido a bañarlos cuando se llenan de arena hasta adentro de las orejas o porque aprendan a comer sin subir los codos en la mesa.

Tampoco me acelero por regresar a trabajar tiempo completo. Aunque el trabajo es siempre parte de mi vida, (por mi, para mi familia y por poner mi grano de arena en este mundo) hoy tengo la enorme fortuna de poder optar.

Y aunque a veces su papá me presiona porque logremos objetivos como familia  para poder descansar mejor o cenar los dos más temprano… lo entiendo y me esfuerzo para lograrlos, pero cuando no sucede… algo en mi interior me recuerda: no hay prisa.

No quiero ser victima del tiempo y culparlo después por ir muy rápido.

El tiempo pasa, y esta en mí decidir cómo lo quiero aprovechar.

Quiero aprovechar que mis hijos tienen 4 y 2 años para jugar en el piso y rodar en la montaña de pasto. (aunque la semana pasada que lo hice me mareé mucho, no me acordaba que feo se sentía)

Quiero estar presionada porque vean y toquen a los animales, los respeten y quieran. Aunque a veces se los coman.

Porque las galletas de peanut butter por fin nos salgan crujientes y no tan aguaditas.

Porque el campo de obstáculos en el que se convierte la sala de tele sea cada fin de semana más complicado y retador.

Quiero que aprendan a decir hola y adiós a sus amigos, tíos y maestros y que entiendan que pedir disculpas, aunque a veces no les salga tan natural inmediatamente, de todos modos es lo correcto por hacer.

Tengo prisa porque sean empáticos y tolerantes, porque se conozcan ellos mismos más allá de que no les gusta el kiwi o el aguacate. (no entiendo como a alguien no le puede gustar el aguacate… “No me gusta el cacahuate” me dice Jacobo cuando descubre que se lo agregué escondido a algún taco o pan)

Me apura que desde chicos asimilen que no todo gira alrededor de ellos mismos. Que sepan que van a tener que ir a muchos lugares que tal vez no son sus favoritos, hacer cosas aunque les de flojera, no tengan tantas ganas o no sea su actividad preferida etc. (Estoy segura que su futura pareja me lo va a agradecer.)

Estoy presionada porque valoren la naturaleza, lo que nos da, y sobre todo que entiendan que lo que se cosecha en la vida, tiene que ver directamente con lo que se siembra.

No tengo prisa pero nunca descanso.

Sé que el tiempo y esfuerzo que le invierta hoy a mis hijos va a redituar con creces en el futuro. Si no me apuro no quiere decir que me importa un comino educar, al contrario, solo pienso que es más importante antes conectar.

No me acelero, porque así como ayer les quite el banquito en el que se paraban para lavarse los dientes, el día de mañana les voy a quitar su barandal de la cama, su silla en el carro, sus vasos de paw patrol y su osito para dormir. Y de ahí, pa’l real.

Por mi esta bien que el tiempo pase, porque aquí estoy viviéndolo, y no huyéndole o presionándolo.

Tal vez estoy mal, pero me siento tan tranquila de no tener prisa. De vivir las etapas que estamos viviendo con plenitud para en un futuro sentir melancolía del tiempo que pasó, pero no tener ese hueco en el estomago de que se fue tan rápido. No ha sido fácil, me esfuerzo todos los días para no desbalancearme descuidando otros aspectos muy importantes, sobre todo a mí y el tiempo de calidad con mi esposo.

Mi miedo más grande es arrepentirme. Arrepentirme de no hacer algo o de hacerlo mal. No me quiero arrepentir de no vivir al máximo con mis hijos estos años que jamás regresan. Esta inocencia que se pierde con las experiencias. Estos abrazos que con el tiempo se volverán menos espontáneos. Hasta esta rebeldía que, aunque difícil de manejar, me empieza a dar pistas de cómo comunicarme con ellos cuando sean adolescentes.

Tal vez es el miedo que guía esta tranquilidad, pero sí es así, bendito miedo por ayudarme a no tener prisa.

 

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Tengo ganas de gritar

Versión original

 

Tengo ganas de gritar
de gritar tan fuerte para despertar a mis papás,
que mi hermana lo oiga en Londres y mi hermano en Caracas.
De gritar hasta quedarme afónica, que no pueda hablar más.
Escribir sería mi única salvación.

Gritare tan fuerte que los ángeles se asustarán y bajarán,
sino es que ya tengo varios a punto de dormirse en mi cama, acompañándome.

Gritar, no de rabia, no de tristeza, no de felicidad,
no para desahogarme, no para hacerme notar.
Gritar para Gritar.
¿Qué, no se puede?
¿Siempre tiene que haber una razón?
Tal vez un psicólogo diría que sí.
Pues yo digo que no.

Sería un grito sincero
Un grito de libertad
Un grito largo, fuerte, lleno de vida,
de esperanza, de mí.

Lleno de mí.
Un grito que ya hice, sin tener que hablar.
Un grito mágico.
Un grito silencioso.
Un grito que escribí.

—-

Esto lo escribí en Diciembre 5, 2002. Lo publico hoy porque mientras buscaba en mis libretas y diarios viejos para ver que subía como post de #tbt me tope con este y me recordó a una amiga. Ella es mi tocaya y en noviembre del año pasado (por las fechas de Thanksgiving) escribió un texto en FB de aprendizajes de la vida y de las enseñanzas que particularmente le habia dejado el mes de noviembre… su reflexión me gusto mucho. Cuando la felicité y le dije que me había encantado leerlo recuerdo que me dijo algo que resumo así: “Tenía muchas ganas de gritar, estaba muy desesperada, lo escribí y se me paso”.
Hace 15 años me identifiqué con ella.

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Ganar en la Vida

Hoy es el aniversario de que murió mi mamá.
Hoy es domingo de resurrección.
¿Coincidencia? tal vez.
Las creencias de a dónde iremos después de la muerte y la interpretación de las “señales” son tan diferentes para cada uno de nosotros.
Para mi, no lo es.

El día de hoy, al igual que ayer y mañana, mi mamá no esta presente de carne y hueso conmigo, aunque lo esta de muchas otras maneras. Hoy no es más especial, ni tampoco más doloroso. Simplemente es un número que se acumula de su ausencia en la vida que conocemos.

Hoy la recuerdo igual, la amo igual, la extraño igual…más de lo que podría empezar a explicar. Aunque debo confesar que sí estoy llorando más. Culpa de los mensajes, llamadas y muestras de cariño.

Hace poco más de un año escribí esto. Mi mamá lo alcanzó a leer y se lo leí también. Compartí el escrito en su velorio y en una misa posterior; algunas personas me lo pidieron y se lo pedían a mi papá también porque les había gustado. No tenia ánimos de que nadie más lo tuviera por ser tan personal y especial. Sin embargo hoy me nace compartirlo otra vez.

“As good as it gets”
(julio 2014)

El juego de la vida no lo gana quien vive más
Gana quien vive mejor

Quien hace amistades duraderas y verdaderas
Quién vence obstáculos y miedos para lograr sus metas

No gana quien no se enferma,
sino quien convierte la enfermedad en una razón más para vivir

Triunfan los que se ganan el respeto y admiración de sus hijos y nietos
Y los que tienen el gusto de admirar y estar orgullosos de ellos

En esta vida salen victoriosos los que cuentan con el amor y confianza
de su pareja y seres queridos

Los que disfrutan lo que hacen y hacen lo que disfrutan

Los que son auténticos con ellos mismos y con los que los rodean

Ganan los que viajan para conocer y los que viajan para crecer

Ganan los que leen por placer, porque como dice el refrán: un lector vive mil vidas antes de morir

En la vida que conocemos, el ganar no se cuenta con años, sino con experiencias, aventuras, sueños cumplidos, pero sobre todo con amor entregado y recibido.

En todo esto mamá has ganado.
Y nosotros ganamos más por tenerte cerca y salpicarnos de esa gran estrella que ha iluminado tu vida llenándola de bendiciones y tantas satisfacciones.

¡Felicidades mamá!
Ganaste en vida y sin duda te has ganado el cielo.
Cuando sea grande quiero ser como tú.

En memoria de 

Verónica Beatriz Zubirán Mac Gregor

12/21/1952 a 04/16/2016

Es duro perder a un ser querido, es muy difícil perder a nuestros papás. Como hijos, pensamos que nuestros papás están ahí siempre, son parte del paisaje, de nuestro pasado, presente y futuro. Y claramente no es así.

Siempre pensamos… después.

Después… después que tenga dinero la invito a un viaje… después lo invito a comer a ese restaurante que no ha ido… después los dejo regalarle a mi hijo ese juguete que no me encanta. Después le doy un abrazo y le digo lo importante que es para mi.

Y es que nos enfocamos tanto en nosotros mismos que los damos por hecho.

Son etapas, lo sé.
Primero desde que somos chiquitos tenemos que definir quiénes somos para empezar a hacer nuestros amigos en el colegio.
Después tenemos que elegir qué actividad o deporte queremos hacer… Encontrar para qué somos buenos, como dicen.
Al paso del tiempo tenemos que preocuparnos un par de años por la carrera que vamos a estudiar y el camino que vamos a escoger para nuestra vida profesional.
En otro tema, de mayor relevancia, hay que concentrarnos en salir y conocer amigos, novios potenciales y en mi caso, “husband material”.
Cuando por fin encuentras a tu roto (o descocido)… depende… pasas años pensando en ¿cuántos hijos quiero tener?, ¿podré tener hijos? Empiezas toda una nueva aventura… ya no solo trabajas, sino eres esposa, amiga, hermana, cuñada, concuña, hija, y mamá. A mi parecer, éste último es el trabajo más importante en la vida, así que por instinto te abocas a hacerlo lo mejor posible.
Y ahí, siempre, a tu lado, a tu disposición, listos para apoyarte y salir corriendo a tu auxilio están tus papás. Aprendiendo a ser suegros, consuegros y gozando ser abuelos, mientras a su vez son todo en lo qué tú te has convertido también.

Para algunos, como yo, es una enfermedad lo que te hace darte cuenta de golpe de que tus papás no estarán siempre contigo. Para otros, la separación es de un trancazo, y no es que vivamos en una fantasia de inmortalidad, es solo que por estar armando el rompecabezas de nuestra existencia no les damos suficiente valor en nuestra vida.

Creo que apenas hace unos meses, después de varios años, empecé a tener tiempo para disfrutar más y correr menos. Me encantaría tomarme un café con mi mamá, preguntarle muchas cosas que hasta esta etapa de mi vida quiero aprender, me gustaría llevarla a conocer mi casa nueva, platicarle nuevos proyectos y que mis hijos se sienten en su regazo a leer.

Siento que mi mamá se fue mucho antes de lo que me hubiera gustado, pero no cambiaría la relación que teníamos por nada.

Se acerca el 10 de mayo y es una fecha importante y en junio el día del padre también. Pero no son esas fechas en las que hay que lucirnos… es en el día a día que hay que demostrarle a nuestros papás que los queremos, reparar daños, si los hay, y agradecerles. A fin de cuentas, nadie nos enseña a ser papás, pero siendo hijos tenemos más experiencia y mucho que dar.

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3 frases. 3 canciones. 3 lecciones de vida.

Hay canciones que nos enganchan, queremos escucharlas una y otra vez. Que, como canta Katy Perry, solo queremos “Turn it on, keep it on repeat”. Algunas, lo más probable, están vigentes por una etapa de nuestras vidas, y otras, nos han perseguido durante una, dos o tres décadas.

Mis gustos musicales siempre han sido………..mmmm…….muy variados. Mumford & Sons, Fito Páez, Jewel, Coldplay, The Beatles, Florence and the Machine, Shakira, Cerati, Atericiopelados, Alicia Keys, Intocable, Juan Gabriel, Natalia Lafourcade, Fernando Delgadillo, Belanova, Los Claxons, Mecano, Alejandro Sanz, Joss Stone…y muchos otros que forman parte de una mescolanza simpática e interesante (para mi obviamente) y casi toda muy comercial.

Realmente, creo que la música es como el vino, no hace mucha diferencia de dónde viene o los años que tiene, lo que importa es que te gusta, el sabor que deja y lo que te hace sentir. “Un día sin vino es un día sin sol” es una frase típica de la Provenza, al sur de Francia, y definitivamente tampoco puedo imaginar un día sin música.

El primer cd que compre en mi vida fue el de Laura Pausini- (ya sabía que no llegaría… ya sabía que era una mentira… tanto tiempo que por el… OK YA ) y el cd que más he escuchado en mi vida, estoy casi segura, que es Jagged Little Pill, de Alanis Morissette.

Me gusta la música, pero soy poco entonada y no soy mucho de bailar así que en lo que me concentro más es en la letra de las canciones. De chica me sentaba a escribir la letra de mis canciones favoritas o de moda (para sentirnos cool cantándolas en los bailes) desde que existían los cassettes. Pasábamos horas, mi amiga, y ahora comadre, y yo a un lado de las grabadoras que tenían botones enormes y que para picarle Stop y Play te tardabas un par de segundos, pero eran gratificantes porque se escuchaba el clásico sonido de cómo la cinta interrumpía su movimiento lentamente… STOP y como iniciaba a dar vueltas otra vez… PLAY.*

Cuando era teenager, escuché un par de canciones, en diferentes momentos de mi vida, con frases que me fascinaron desde que las oí  por primera vez. Son 2 frases que hasta el día de hoy me siguen sirviendo.

En 1998 salió el álbum Inevitable. Me acuerdo que en prepa esa canción de Shakira nos la tomamos muy en serio. Mis amigas y yo (aunque a lo mejor nada más yo lo cumplía) acogimos la parte que dice  “Ni me baño los domingos”. Pero esa no es la frase que me marcó sino otra de la misma canción. Yo tenia 15 años cuando Shakira cantaba “Cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo”. Me identifiqué porque para toda relación personal, amistad, noviazgo, y hoy en mi matrimonio, no hablo sin antes entender muy bien qué es lo que me molesta, por qué fue y qué siento al respecto. No soy psicóloga pero conozco de la disciplina y se que todo tiene que ver con situaciones de mi pasado, de mi infancia etc. Entonces hago una breve (a veces larga) introspección de los temas que me causan problema y luego los enfrento. La frase puede parecer egoísta pero creo que me ha ayudado a tomar decisiones en mi vida que hoy confirmo fueron las mejores. 

Desde que soy mamá, esta frase ha tomado otro sentido. Me he dado cuenta que para tener una buena conexión con cada uno de mis hijos, tengo primero que estar bien yo para poder estar bien con ellos. Desarrollándome espiritualmente y profesionalmente, sintiéndome bien física y emocionalmente… Mientras más resuelta este yo como mujer y persona, mejor mamá voy a ser, porque claro, no podemos dar lo que no tenemos.

Maroon 5 en el 2004 cantaba She will be loved. Y no se me olvida solo por el guapísimo de Adam Levine, sino por la frase: “It’s not always rainbows and butterflies, it’s compromise that moves us along.” Y es que sorprendentemente la aplico en muchos ámbitos de mi vida. No siempre van a salir las cosas como queremos y no todo lo que hacemos es maravilloso, divertido y causa de gran satisfacción, pero esta bien. Es el compromiso con las personas que amamos, ya sea nuestra pareja, amigos, familia, hijos, lo que hace que los esfuerzos culminen en acciones más allá de lo que nos hace sentir bien a nosotros mismos. Es el compromiso en el trabajo, sabiendo que al menos el 20% del tiempo desempeñaremos actividades que no nos gustan, es el compromiso con la comunidad por inscribir a nuestros hijos al autobús del colegio para contribuir a bajar los niveles de la contaminación y tantos ejemplos más. Yo no veo el compromiso como una obligación, sino como la capacidad de tomar consciencia de que mi aportación en todo lo que hago debe ser responsable y leal.

El año pasado estuvo muy de moda la canción de 7 years old de Lukas Graham. Y no podía dejar de escucharla, por fin entendí que había descubierto otra frase para adoptar y aplicar como mi 3era favorita. “I only see my goals, I don’t believe in failure ‘Cause I know the smallest voices, they can make it major”. Al iniciar un proyecto personal, un negocio, una nueva rutina de vida… siempre habrá quien lo cuestione, quién lo juzgue y no le parezca. No se qué es, no entiendo porque proyectamos así nuestra envidia cuando la demás gente esta haciendo algo valioso por su presente y futuro y nosotros no. Por qué si alguien empieza algo nuevo, que le hace bien, lo mantiene saludable, contento etc. lo cuestionamos y peor aun, juzgamos tanto.

Por ejemplo, hace poco mi esposo y mis hijos me regalaron un juicer. Porque yo pedí mi regalo con punto y seña. Al platicarle a la gente que me sacaba el tema escuchaba continuamente comentarios como: “pero por qué tienes que hacer eso”… “es mejor comer toda la fruta”… “se quita lo mejor que es la fibra”… “pero si les das a los niños los jugos luego no les va a gustar esas frutas, no van a aprender a comer”. Porque no solo dicen: Que bien y ya. O Felicidades. Y no por estar haciendo juguitos y shots de jengibre por las mañanas, simplemente por estar haciendo algo que me hace feliz.

Un amigo un día me dijo algo muy cierto. “Si crees que te funciona, te funciona.”
Y es que así es la mente, poderosa. Y se nos olvida que nosotras la podemos controlar. No es fácil, toma tiempo y mucho esfuerzo. Pero sí podemos guiarla hacia los pensamientos que queremos. Inclinarla hacia lo que nos hace felices y más positivos, en lugar de lo negativo e hipocondriaco.

Por eso adopto felizmente la frase para aplicarla en mi vida diaria: Solo veo mis metas, no creo en el fracaso. 

Siempre nos medimos por estándares de otros, de la sociedad y no los personales. Me gustaron las palabras de Lukas Graham porque para alcanzar nuestras metas debemos medirnos por nuestros propios parámetros  y expectativas, y las de nadie más.

No siempre vamos a ser exitosos ni nos va a ir siempre excelente, pero esta bien. It’s not always rainbows and butterflies…remember. Y esas voces y mentes pequeñas, no nos queda más que desearles suerte buscando sus propias metas.

Por si te gustaría recordar o escuchar por primera vez:

Shakira- Inevitable (video oficial)
http://bit.ly/1hq5PAw

Maroon 5-She will be loved (versión acústica porque no soy fan del video)
http://bit.ly/1BhoBEw

Graham Lukas- 7 years
http://bit.ly/1mURzpf

*https://www.youtube.com/watch?v=QnxWxYHLD48 (sonido de grabadora vintage)

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Mamá con síndrome de ignorancia

Una mañana de verano en un lugar de juegos infantiles llego Ricardo llorando hacia mí, me decía que había una niña que le pegaba y le daba miedo. Lo calme y le pregunte, ¿qué hace la niña? “No me deja pasar y me quiere pegar con un globo” respondió nervioso.

Ricardo es mi hijo mayor, tenia casi 4 años cuando esto sucedió y lo recuerda con claridad. Retiene en su memoria aquella visita al lugar de fiestas en el que había una niña que lo asustaba y no lo dejaba tirarse por la resbaladilla. No voy a endulzar lo que un niño de esa edad dice o piensa y tampoco voy a maquillar mi falta de conocimiento para manejar el tema. Tal cual sucedió la historia se las voy a contar.

Continué diciendo que no se preocupara y que le dijera “con permiso” a la niña para poder resbalarse. Se fue poco convencido y lo observé mientras escalaba por el juego hasta llegar a ella. Al acercarme más veo, por sus rasgos físicos, que se trata de una niña con síndrome de Down. Tenía un globo en la mano y lo agitaba emocionada. No era nada personal contra Ricardo pero a el volvió a sorprenderle y me decía que la niña no le hacía caso y no podía entender lo que ella le decía.

En ese momento recordé vagamente que cuando llegamos y lo lleve al baño, escuché a una abuela platicar con su nieta (de 5 años más o menos). Le decía “no tiene malas intenciones, solo esta enfermita”.

Rápidamente empecé a acomodar las frases en mi mente para explicarle a mi hijo que la niña tenía síndrome de Down, cuando me di cuenta que no me salían las palabras. Las pensaba pero las debatía en mi cerebro y no pasaban el filtro de lo que quería que mi hijo tuviera como referencia de las personas con síndrome de Down.

Es una niña que tiene una enfermedad… Obviamente no… Porque no es una enfermedad y menos me gustaría que piense que están enfermas.

Es una niña como tú pero no piensa como tú… ¿Por qué no? Claro que pueden pensar igual, la inteligencia no siempre es alterada y existen diferentes grados, en general deficiencia mental ligera a moderada.

“Es una niña muy especial, ella solo quiere hacer amigos”, le dije. Pero tampoco me convencía… Intentaba y no podía explicarle a mi hijo una realidad del día a día. La realidad que vivimos en la que todos somos diferentes, cada quien tenemos distintas cualidades y habilidades, que la lucha en la vida es constante y para unos es desde que nacen. Una realidad en la que la niña que quería jugar en el salón de fiestas no podía hablar con las palabras que el esta acostumbrado a escuchar, pero que se estaba expresando a su manera y quería jugar con el.

“No te asustes… Tu sonríele y si quieres juega con ella” enfaticé queriéndome sentir un poco mejor de mis respuestas, pero a la vez sintiéndome muy ignorante. Quería congelar el momento. Ir a leer un libro completo de cómo hablar a los niños del síndrome de Down y regresar y platicar con Ricardo al respecto.

Mi hermana estaba conmigo y compartió sus conocimientos con mis tres sobrinos de 10, 8 y casi 5 años. “Es un trastorno genético en el cual una persona tiene 47 cromosomas en lugar de 46, el cromosoma extra causa algunos problemas en el desarrollo del cuerpo y cerebro de las personas…” les platicaba pacientemente. Con la racionalidad de un científico les explicaba a sus hijos quienes le preguntaban más sobre el tema mientras recordaban algunas experiencias, aunque escazas, en las que habían convivido con compañeros que tenían síndrome de Down.

En mi caso, no le podía hablar a Ricardo de cromosomas, ni quería. Quería hablarle de ella, de cómo se llamaba, quién era. ¡No sabía qué hacer! Me sentí ignorante y una madre poco consciente.

Realmente no quería decirle a mi hijo algo que no se le olvidará nunca. Las primeras veces que te explican algo nuevo no se te olvida nunca. Al menos a mi, desde chica he sido muy preguntona y las respuestas me marcaban por siempre. Es mucha responsabilidad ser mamá, sobre todo mientras los niños no tienen un criterio formado, y en esos pequeños momentos lo reafirmo.

En ese instante pensé en Celina y Gustavito, una amiga y su hijo con síndrome de Down y con quién Ricardo convivió algunas veces durante su primer año de vida. Y me pregunté ¿Cómo le gustaría a Celina que habláramos de Gus? Sin términos genéticos ni estadísticos. Detrás de esa sonrisa, en esencia, . ¿Cómo es Gus?

Y he aquí su respuesta:

Me encanta que me pregunten acerca de mi hijo y del síndrome de Down. Gustavo mi hijo tiene cuatro años, y para ser honesta, yo a veces tampoco sé qué decir ni cómo explicar el síndrome de Down a los demás.

De lo que sí estoy 100% segura es de que me fascina cómo son los niños de naturales e inquisitivos, como Ricardo, tus sobrinos, y por supuesto que como lo es Gustavo también.

Recuerdo una de las primeras piñatas que fui con Gustavito. Él estaba jugando junto a una niña güera de ojos azules. Ella se le quedaba viendo hasta que me preguntó, “Oye, ¿por qué saca la lengua?” y “¿Por qué tiene los ojos estirados?”

Y yo le dije, “Todos somos diferentes. Tú tienes los ojos azules, yo cafés y Gustavito los tiene estirados. Como en forma de almendra. Pero también Gus se parece a ti, mira, les gusta jugar en los mismos juegos”.

La niña se fue feliz y siguió jugando. Y yo con el nudo en la garganta.

Por un lado, quería pensar que los demás niños no veían las diferencias, que eso era sólo cosas de adultos. Pero por otro lado, sabía que la niña había hecho una simple observación y me alegraba mucho saber que no le había dado importancia y eso no había impedido que quisieran jugar con él.

Desde esa ocasión utilizo la frase “Somos más similares que diferentes” cuando trato de explicarle el síndrome de Down a los niños.

Es decir, les explico que:
1. Todos somos diferentes. Algunos niños pelo chino, otros liso, algunos son altos, otros son chaparros, unos niños usan lentes, otros no. Así tanto la niña del parque como Gustavito tienen ciertas características físicas que son diferentes a las de Ricardo.

2. También todos somos similares. Ya seas un niño de pelo chino, con o sin lentes, o con o sin síndrome Down. Por ejemplo, podríamos explicar que a Gustavito le gusta jugar con sus papás, comerse un helado, o ver su caricatura favorita, justo como a Ricardo también le encanta.

3. Finalmente le diría que Gustavo tiene algo que se llama síndrome de Down. No es contagioso ni tampoco es una enfermedad y lo tiene desde que nació. A veces va a necesitar ayuda y como amiguitos, podemos ayudarnos unos a los otros. Gustavito se tarda más en hacer ciertas cosas y batalla en hablar, pero esto no le impide jugar ni divertirse, como todos los niños.

Cuando alguien se acerca a preguntarme sobre Gus, ya sea un niño súper directo con su inocente naturaleza o un adulto, me alegra y me llena de esperanza. Agradezco que haya gente que quiera saber más y acercarse sin temor.

Al final del día, no pasa nada si al explicarle a nuestros hijos sobre el síndrome de Down cometemos errores. Lo importante es nuestro lenguaje corporal y nuestras acciones donde la intención de una verdadera empatía se nota.

Cuando los niños ven que tratamos a las personas con síndrome de Down como una persona más, con el mismo amor y dignidad que se merecen todos los seres humanos, ellos también lo internalizan y actúan igual, siguiendo nuestro ejemplo.”

Muchas Gracias Celina por tus palabras, y sobre todo por tu ejemplo de mujer y madre de familia.

Hoy, 21 de marzo, es el día mundial del Síndrome de Down y los invito a no ser mamás o papás con síndrome de ignorancia. Hay que informarnos y sobre todo sensibilizarnos nosotros para poder transmitir esa empatía y amor al prójimo a nuestros hijos.

Por mi parte, leer a Celina me tranquilizó sobre ese día en que conocimos a una niña con síndrome de Down, no le falle a mi hijo ni a las familias con hijos de síndrome de Down por no decirle las palabras idóneas en ese momento a Ricardo. No debemos olvidar que las palabras se graban en la mente, pero las acciones y el ejemplo arrastra.

Gus y Ricardo de 1 año recién cumplido.
Gus y Ricardo
Octubre 2013.
Recuerdo que a Gus le encantaba ir rapido en el columpio y por más que trate de tomar una foto que no saliera borrosa, me fue imposible con tanto movimiento.
Gustavo una tarde de parque.

Para quienes nos gustaría leer más sobre el tema, Celina recomienda los siguientes libros:
My friend Isabelle de Eliza Woloson
We’ll Paint The Octopus Red de Stephanie Stuve- Bodeen

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No tengo hijas

No tengo una hija, pero si tuviera…

Le enseñaría que es muy bueno liderar, pero primero hay que ser líderes de nuestra propia vida.

Que las lagrimas son muestra de sensibilidad y no debe confundirlas con debilidad.

Que reír no solo es terapéutico, también es ejercicio.

Empujaría su inteligencia al máximo, su potencial para imaginar y crear.

Le aclararía que a pesar de las diferencias entre hombres y mujeres, nuestros derechos siempre deben ser iguales.

Le recomendaría que de cada cosa que vea, escuche o lea, analice cómo se siente después, siempre reflexionando más allá de sus emociones. PENSANDO en qué le agradó o disgustó… qué hubiera hecho ella diferente. Ayudándole así a formar un criterio sólido y autentico.

Le enseñaría que no hay limites para soñar, ni etiquetas para juzgar.

Hablaría con ella, cuando sea oportuno, de sexualidad. Y a mi juicio no dudaría en expresarle que es posible que a las mujeres les guste las mujeres y a los hombres les guste los hombres.

Si tuviera una hija, le transmitiría mi experiencia: que las amistades no se miden por el número de chats que tienes o a cuántas fiestas te invitan, las verdaderas amistades se descubren en determinados momentos en la vida y estos no son momentos de gloria ni de gran celebración.

Predicaría, con el ejemplo, que el maquillaje es para realzar más que para ocultar, aplicando la conocida frase de nada con exceso todo con medida.

No limitaría (con excepciones) su manera de vestir. Aconsejaría con mesura sobre cómo expresarse de manera apropiada a través de su vestimenta. Claro que esto pasando la etapa de vestirse de princesa o super héroe hasta para ir al cine. Contra eso, nada.

Si tuviera una hija, no la alejaría del dolor, acompañándola en su sufrimiento, la prepararía para lidiar con el y eventualmente poder superarlo.

Le aseguraría que Dios existe, y que no solo esta fuera de ella, lo encuentra dentro de su corazón. Dios es fortaleza, armonía y amor infinito.

Le enseñaría a rezar, a dialogar con El todos los días. Pero sobre todo, a dar gracias. Ser agradecida por todo lo que tiene y pedir por los intereses propios y colectivos.

Si tuviera una hija asumiría la grandísima responsabilidad de educarla, recordando que educar a una mujer es educar a una familia entera y por ende a la comunidad.

Si tuviera una hija, le compartiría que entre las mayores satisfacciones de su vida siempre estarán ser ella misma, tener buenas amigas y dormir con la conciencia tranquila.

Feliz día de la mujer.

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