Se cierra la fabrica

En mi vida solo habia tenido 2 panic attacks (o algo parecido).

El primero fue en el 2010 cuando en un viaje a puerto Vallarta con mis amigas estaba leyendo, acostada en un camastro… libre, feliz. De repente empecé a sentir como se me aceleraba el corazón. Me sentía nerviosa y ansiosa.  Me acordé de todos esos viajes con mi familia y amigas, caminando a la hora que quería, durmiéndome a la hora que quería, haciendo lo que yo quería todo el tiempo… y sola. De pronto sentí como esa independencia, mi gran aliada, se esfumaba. Bajé la revista para ver el mar, ya no me podía concentrar en los chismes de moda que estaba leyendo.

Me iba a casar. Era mi viaje de despedida de la soltería. Iba a compartir toda mi vida con alguien más. (“And now I have to live with a boy” como dijo Monica Geller ) Parpadeé un par de veces para desempañar mi visión y vi con claridad la sonrisa de mi futuro esposo. Mi ritmo cardiaco regresaba lentamente a la normalidad. Sabia que con él no iba a perder mi libertad ni mi identidad, al contrario, él me iba a alentar para ser quien yo quisiera ser. Juntos íbamos a construir un caminito para recorrerlo durante nuestras vidas. (El también tuvo un panic attack de unos minutos a la mañana siguiente de darme el anillo de compromiso. Pienso que si no te da uno es que no te has dado cuenta del compromiso que implica un matrimonio).

El segundo fue en el verano del 2014 mientras recorría una avenida de Monterrey. Por el retrovisor podía ver a mis dos bebes y escuchar como uno me pedía a gritos que le ayudará porque se le había caído su juguete y el otro lloraba porque tenía hambre, o sueño, o pañal sucio. Esas dos personitas eran completamente mi responsabilidad, dependían al 100% de mi (y de su papá obviamente). Y para rematar, ¡ya manejaba una mamá van! ¿En qué momento? Panic Attack #2. Breath in, Breath out. ¿Qué se hace en estos casos? Pensaba. Sigue respirando… todo esta bien. Muy bien de hecho. Semáforo en rojo, juguete recogido. Dos minutos después, bebe recién nacido dormido. Gracias Baby Einstein Lullaby.

Hace unos meses me sentía en un ataque de pánico constante. Considerando la idea de quedarnos con dos hijos y nunca volver a tener un bebe. Dejando ir el sueño de tener 3 hijos, de ser la familia perfecta (para mi). Me surgió un miedo tremendo de reencontrarme con alguien que hace más de 5 años dejé en segunda o hasta última prioridad: yo.

Me ha dolido en el alma enfrentarme con esta realidad. Mi realidad.

Una realidad en la que me importan muchas cosas y en la que por mi personalidad (y otros varios factores importantes) no puedo hacer todo. Una realidad en la que me he sentido más vulnerable que nunca.

Me di cuenta que para alcanzar todo lo que quiero lograr en mi vida estoy mejor con dos hijos. (aunque a veces parece que tengo tres, estoy segura de que algunas me entiendan por qué).

Me da risa cuando la gente nos ve, especialmente en México, y me dicen: “Te falta la niña”. Con la mejor de las intenciones, sin duda. Y es que yo pensaba que así era… tienes niños y niñas y familias grandes porque de otra manera no es tan divertido, no es tan variado… Simplemente no es igual. Igual a lo que yo viví en mi casa, teniendo un hermano y una hermana.

Me ha tomado años entender que cada familia es un mundo. Que no me falta nada. No me debe nada la vida. Al contrario. Estoy en deuda y me dispongo a tener tiempo de dárselo. De tener tiempo para plantar semillas en las personas, de invertir tiempo en cambiar situaciones que no me agradan del mundo en el que vivimos para dejar esta sociedad un poquito mejor de cómo la encontré.

Me ha tomado meses darme cuenta de que yo soy la niña que me falta… que me falta ver crecer y madurar aun más, la niña que he visto caerse y levantarse miles de veces. Que yo soy la mujer que quiere seguir aprendiendo y enseñando, mejorando y amando.

Me doy cuenta que solo puedo con dos hijos cuando la planta favorita de mi casa se está secando.

Cuando pasan días en los que no tengo tiempo de ir a hacer ejercicio, por actividades de la escuela de mis hijos, y lo necesito.

Cuando en mi aniversario de 7 años de casada le regalé a mi esposo ir a un concierto de música y al acercarse la fecha se me olvidó comprar el boleto.

Cuando llevo mucho tiempo sin saber la cartelera de cine cuando me fascina ver películas e ir al teatro.

Me doy cuenta de que mi familia está completa cuando quiero ir a ver a mi hermana a Londres o pasar Navidad con la familia de mi hermano en Cartagena. Subirme a un avión y no disculparme todo el tiempo con los de enfrente por el ruido o las patadas.

Cuando tengo más de dos proyectos profesionales en el tintero que les urge (a ellos, y a mi) arrancar. Y es que he estado leyendo más de embarazos, bebés, alimentación, prematuros, disciplina, toddlers y temas relacionados en los últimos 6 años que materiales relativos a mi carrera.

Confirmo que así estamos muy bien cuando quiero tener uno o dos perros que cuidar y alimentar también. (Y limpiar y pasear y bañar…)

Estoy segura que tomamos la mejor decisión cuando pienso en el medio ambiente y en los pañales que necesitaría mi siguiente hij@ y como me gustaría usar los de tela pero no tendría suficiente tiempo de limpiarlos y mi casa sería un caos.

Estas razones, algunas ridículas y otras superficiales siguen siendo válidas, pues las pienso y las siento. Sin embargo de fondo, el trabajo interior esta hecho. El proceso ha sido doloroso, lo tengo que aceptar. Pero es mi realidad, la misma que me tiene emocionada por las etapas que siguen.

Recuerdo cuando una pareja de amigos yoguis fueron a conocer a mi hijo de pocos meses de nacido. El esposo comentaba lo contento que estaba por nosotros mientras yo notaba en su semblante matices de melancolía. “Que chingón por ustedes, yo no voy a trascender” dijo. Y rápidamente mi marido le contestó un poco molesto por lo que escuchó. “Puedes trascender de muchas maneras y ni siquiera tienes que hacer grandes cosas para  hacerlo… tener un hijo no es la única manera de hacerlo, si no es que es la más fácil.” Y yo creo que contesté algo así pero no me acuerdo porque llevaba muchas noches sin dormir. “Tu trasciendes plantando paz en el mundo… la siembras todos los días en el interior de tantas personas”. No se qué más hay que dejar tu granito de arena en tu entorno más cercano, eso es trascender.

Escribo y comparto estos sentimientos en mi blog porque quiero que los que lo lean sepan que sentirnos vulnerables esta bien. No somos menos mamás por tener uno o dos hijos en lugar de 3 ó 4. Por tener solo niños y no niñas, o al revés.  Nadie es menos ser humano por no tener hijos. No son menos mujeres las que deciden no tener hijos.

Somos quienes somos. Y el aceptarlo nos hace libres.

Y en mi caso, al escribirlo, más.

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Este link es de una platica TED TALK de Brené Brown. Para los que no la conocen todavía o no estén tan obsesionados con ella como yo, vale la pena. Se describe como una Researcher & Story Teller y su plática está en el Top 5 del mundo con más de 7 millones de views.

The power of vulnerability | Brené Brown

Esta muy interesante. Me platicó una amiga de ella en el momento que más lo necesitaba. Y es que en nuestra vulnerabilidad están muchas respuestas que buscamos pero no hemos sabido (o querido) encontrar.

Algunos libros de Brené Brown:

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2 noches, México y mi sentir.

 

(Noche de insomnio, enojo e impotencia. Lunes, 18 de septiembre. 11:15 pm)

DEP Mara Fernanda Castilla Miranda. ¡Ni una más!

México tu no eres libre. No lo fuiste este 16 de septiembre y nunca lo serás hasta que aprendas que lo más valioso que tienes es tu gente. No el petróleo en tu subsuelo, ni tus playas o tu tequila.

Querido México, la libertad es un privilegio. La independencia la ganaste de los españoles, pero la pierdes todos los días con tus prejuicios, corrupción y machismo. Con tu memoria de corto plazo y la impunidad que te corroe. La libertad de nuestro país no la ganamos hace 207 años solamente para celebrarla con mariachi y un grito, sino para gozarla y respetarla.

México tu no serás libre hasta que inviertas dinero y tiempo en educación como lo inviertes en tus campañas políticas.

Hasta que dejes atrás todo lo que te hace sentir chiquito y te creas que la unión hace la fuerza.

Hasta que priorices el cuidado del medio ambiente como priorizas el fútbol soccer.

Hasta que te caiga el veinte que oprimiendo y manteniendo la ignorancia de tu pueblo estas sometiéndolo a la falta total de progreso.

Serás libre el día en que tus noticias nos alegren y no nos indignen.

Hasta que dejes de dudar si un abuso sexual realmente se llevó a cabo porque sucedió a cierta hora o para colmo justificarlo por una vestimenta.

Tu libertad, esa que este mes tanto presumes, esta muy lejos de ser real; porque no te has dado cuenta de que las mujeres mexicanas son capaces de hacer lo mismo y más que los hombres. Y aún así sus ideas, su valía y lamentablemente sus vidas se anulan. Sin justicia.

Los mexicanos nos hemos acostumbrado a transformar el dolor en humor. Hoy quisiera transformar este odio en amor. Convertirlo en educación. En formación. En oportunidad y paz desde que mis paisanos nacen, incluso desde que son concebidos.

Hoy como mexicana no me siento libre de que juzguen a mis seres queridos por sus preferencias sexuales, no me siento segura de estar sola en la calle o de subirme a un medio de transporte de día o noche.

A mis 33 años, en el mes de la patria quisiera sentir más orgullo de ser mexicana, de tener hijos, esposo, hermanos y padres mexicanos. Lo que siento es que somos tan chingones que podemos dar más. Podemos exigir más. Incomodarnos más para activarnos más.

Hace unos días leí la frase: México is the shit….well, then I think we should actually give a shit.

 

(Noche de tristeza y esperanza. Jueves, 20 de septiembre. 9:30 pm)

Querido México. Que ilusa fui. Te lloraba queriendo sentirme más orgullosa de ti. Te pedía algo que tu no tienes que darme.

El orgullo te lo procuro yo. Como un hijo a un padre. El pueblo a su país. Somos tus habitantes los que te definimos todos los días. Los que te creamos. Somos nosotros los que te representamos y dignificamos ese orgullo mexicano.

Nosotros somos tú.

Tu cara es la del incansable rescatista, tu cooperación en el que prepara tortas y comida para los damnificados , tu esfuerzo en el que compra víveres de todo tipo, tu liderazgo en el que encabeza brigadas, tu sensibilidad en el lleva todos los días material curativo, tu compromiso en el personal de hospitales que doblan y triplican turnos. México, tu alma esta en la profunda tristeza de los que perdieron a sus familiares y en la empatía del desconocido que los abraza compartiendo su dolor.

Mi país no esta ahí en el nepotismo de algunos medios de comunicación, sino en aquellos que puntualmente llevan un pastel y piñata a un albergue para festejar el cumpleaños de un niño que se quedo sin casa.

México no esta en la corrupción de algunos políticos o en los sinvergüenzas que aprovechan el caos para robar, sino en la generosidad de todos los que están proveyendo a los damnificados aun sin ellos tener mucho.

México no esta en la injusticia de unos cuantos mafiosos sino en la grandeza inigualable de los que sí buscan justicia, sí les importa y seguirán gravitando hacia un bien común.

El orgullo de ser mexicana hoy y para siempre será indudable. Porque aún con el corazón apachurrado no nos dejamos vencer ni nos victimizamos. Simplemente actuamos. “Pa’atrás ni para agarrar vuelito”. Para adelante. Siempre.

Yo te represento México dentro y fuera de mi país. En momentos de crisis y en momentos de estabilidad. En momentos felices y en momentos de profunda pena.

Espero, querido México, que ante esta tragedia, hoy te hagamos sentir orgulloso y tengas confianza en que hemos reafirmado que nosotros, tu pueblo, tenemos el poder. Amigo mexicano, el poder no es del gobernante ni del violador, si no de ti y de mi.

Porque como mis hijos aprendieron de su abuela Lala, los buenos siempre seremos más. Y tengo la esperanza de que ahora sí, de una vez por todas, esa memoria de corto plazo desaparezca.

Castillo de Chapultepec. 20 de septiembre 2017. Crédito Fotografías: Pata Sánchez
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Perdón por incomodar

Se aproxima un huracán cerca de donde vivo…y como siempre, el humor, la vibra y el miedo se contagian.

Cuando los recursos son limitados ¡como los cuidamos! Y como los valoramos. Agua purificada, comidas enlatadas, botanas, pañales…todo se abastece y desaparece de los supermercados de Houston y sus alrededores en horas previas a Harvey.

Se nos olvida que el planeta ya tiene agujeros en su capa de ozono y no los podemos parchar. Que la mayoría del agua del océano está contaminada y acidificada. Que hay terrenos llenos de desechos. Aunque no los vemos, existen y si los desechos no son quemados (contaminando o algunas veces convertidos en energía), tardan más de cien años en descomponerse. Se nos olvida que los recursos sí son limitados y que hasta ahorita La Tierra es el único planeta donde podemos vivir.

Se cree que cuando los recursos son limitados, somos más creativos. Si yo supiera con certeza, como hoy, que el huracán puede dejarme al menos 3 días en mi casa sin poder hacer nada, comprar nada, sin electricidad, agua… Si yo supiera con seguridad que los recursos naturales del planeta se pueden acabar en 100 años? ¿Qué haría diferente?

(Estos pensamientos recorrían mi mente el jueves 24 de agosto en medio del pánico colectivo ocasionado por el Huracán Harvey)

Yo sé que reciclar nunca ha sido un tema sexy o atractivo para nadie, al contrario, es un tema que incomoda porque nos saca de nuestra zona de confort.  Tal vez por eso no encontré ningún vocero o bloggero famoso en México o latinoamericana para incluir en este post. (Si conoces a alguno por favor envíamelo)

No hay una gratificación instantánea. Los resultados no se ven rápido y las consecuencias positivas de nuestros esfuerzos no las veremos a lo largo de nuestra vida. Pero el calentamiento global es una realidad y que triste realidad.

Yo pienso del reciclaje como pienso de la política.

Si los políticos no hacen los esfuerzos necesarios o toman las decisiones adecuadas para mejorar nuestro país y nuestro entorno, lo tenemos que hacer nosotros mismos. La iniciativa privada, los jóvenes, los padres de familia…creando ONGs, empoderando a través de la educación, nutrición y miles de factores más a la sociedad de la base de la pirámide.

Es lo mismo con el reciclaje. “Siempre he querido pero no hay la infraestructura en mi colonia” “En mi municipio no nos brindan facilidades”. Pues créala. Pues participa. Se me ocurre contestar…pero sé que sería monumental empezar un proyecto en forma que revolucione el sistema de desechos.

En México, por ejemplo, resulta tan difícil tener un método funcional de separación de basura desde que los desechos salen de las casas, departamentos o plazas comerciales porque desde hace más de 50 años la “pepena” de residuos sólidos esta monopolizada por algunos empresarios. Son ellos quienes generan grandes riquezas económicas comercializando lo que muchos aun consideramos “basura”.

En el caso de Monterrey, el aire de la ciudad esta sobrepasando los indicadores de calidad, y a pesar de las alertas frecuentes los gobernantes y ciudadanos no tienen herramientas claras y accesibles para reducir su huella de carbono.

En esta vida no debemos de esperar a que nos hagan las cosas, que todo salga como nosotros queremos o como DEBEN de ser, porque no va a pasar. Debemos de hacer que las cosas sucedan. Debemos de opinar, hacer y dejar ser. Y no tenemos que hacer grandes cosas y movilizar a miles de personas (aunque estaría increíble) podemos empezar poco a poco. Los cambios pequeños hacen grandes diferencias.

Empecemos por dejar la queja atrás por la falta de apoyo del gobierno o de las empresas…porque el paquete de galletas de Costco tiene doble envoltura de plástico además del de aluminio y bla bla bla. Pues la próxima vez no hay que comprar esa marca de galletas porque no es congruente con el medio ambiente. Así de sencillo.

Se trata de consumir menos y consumir mejor. De ser más coherentes con lo que consumimos y cómo lo consumimos. Siempre pensando en nuestra casa. Nuestro planeta.

(Sin ser especialista en el tema y sin afán de dar una lista de proveedores verdes o sugerir que todos nos compremos un tesla) Aquí algunos tips que a mi me han servido:

  1. Redes Sociales. Busca ideas y alternativas.

Tener contactos (instagram, twitter, fb…) que hablen de estos temas. Personas , empresas u ONGs  nacionales e internaciones que publiquen contenidos prácticos sobre como aportar desde nuestra trinchera a la conservación y restauración de los ecosistemas.

Este contacto es de una joven que en 4 años de su vida llenó solamente un maison jar de sus desechos. Para muchos puede ser muy drástica pero le podemos aprender mucho. Esta muy comprometida con no consumir lo que no necesita. Incluso tiene una tienda en Brooklyn: Package free Shop. Siganla aquí:

  • Instagram: Trash is for Tossers
  • Twitter: @trashis4tossiers
  • Youtube: trashisfortossers

Otros contactos que te puede dar ideas para transformarlas en acciones concretas mientras pasas tiempo en tus redes sociales.

  1. Participa Activamente

Los que estamos en Estados Unidos no podemos no hacerlo con tantas facilidades que tenemos. Es solo cuestión de preguntar o de leer el folleto que te entregan al rentar o comprar tu casa. El mío en The Woodlands, te explica con peras y manzanas como hacerlo. No tenemos excusas aquí para no separar los resudios.

Les comparto el contacto de TerraCycle México. Una empresa en la que trabajé algunos años y presenta una manera muy fácil de reciclar. Ofrece programas nacionales de reciclaje fundados por marcas, manufactureros y tiendas alrededor del mundo que buscan darle una solución a los materiales o empaques difíciles de reciclar. Simplemente escoges online el programa al que deseas unirte, te tardas menos de 5 min. Comienzas recolectando en tu casa, negocio u oficina; descargas gratis una guía de envío y ellos pasan por  tus desechos para ser reciclados. Lo que más me gusta es que cada vez que mandas cajas con desechos acumulas puntos que se convierten en dinero el cual dos veces al años puedes donar a una organización sin fines de lucro de tu preferencia.

Puedes suscribirte al Programa de Reciclaje de Botanas, Programa de Reciclaje de Cuidado Bucal, Programa de Reciclaje de Envolturas de Galletas, Programa de Reciclaje de Jabones y el Programa Reciclaje de Playas Limpias para reciclar PET.

No necesitas una gran producción, solo cajas de cartón y una impresora para imprimir la guía pre pagada de envío y listo!

Inscríbete aquí: terracycle.com.mx

Siguiendo el punto número 1, síguelos también aquí:

  • T:@TerraCycleMEX
  • T:@TerraCycle
  • FB: TerraCyCle
  • Instagram: TerraCycle

También, los que estén en Monterrey pueden apoyar a la Organización Reforestación Extrema en sus programas como: adoptando un pino etc. Esta Navidad puedes decorar un pino vivo en tu casa sin que tenga que morir. Hace unos años Alejandro y yo eso hicimos en Monterrey, y aunque no era un pino de la altura convencional o muy frondoso para nosotros se veía bonito. En Enero le hablamos a RE y pasaron a recogerlo para plantarlo de nuevo.

 

Navidad 2014

www.reforestacionextrema.org

Siguiendo el punto número 1, síguelos también aquí:

  • FB: Reforestación Extrema A. C.
  • T. @reforestacionextrema

Tal vez al involucrarte más y participando en estos programas te das cuenta que te gustaría seguir apoyando a la causa. Si es el caso busca ser parte de algún consejo de sustentabilidad del colegio, empresas, municipios etc.

  1. Acciones Concretas.

Escoge un habito amigable con el medio ambiente que te comprometas a cambiar cada mes.

Si eres una persona que le gusta hacer las cosas de una vez por todas, al estilo Marie Kondo, adelante, mejor.

Si eres como yo, mi sugerencia es hacer los cambios paulatinamente. Por ejemplo, dedicar más tiempo en el súpermercado una semana para buscar productos que consumas continuamente en contenedores y empaques reciclables (vidrio, cartón…). Sobre todo a granel y puedes llevar tus propios contenedores para no gastar bolsitas de plástico…y si se te olvida y las utilizas, recíclalas.

Cuando vayas a Starbucks, lleva tu propio termo o vaso de aluminio para que te sirvan tu café.

La próxima vez que necesites contenedores para guardar tu comida elígelos de vidrio o aluminio en lugar de plástico…puedes intentar despedir de tu vida las famosas zip locks. Son solo ideas, pero la clave es hacer los cambios al ritmo de cada persona y ser constantes. Aunque sea incomodo para tu familia al principio, porque muy probablemente lo va a ser. Recuerda que todo tiene un periodo de adaptación.

  1. Infórmate ¿Qué ver?

Me gusta ver el programa de Chelsea Handler en Netflix. Ella me cae bien por auténtica y además coincidimos en que uno de los temas que le importa es el medio ambiente. En uno de sus programas invitó a Joshua Jackson (Pacey para algunos ) y Don Cheadle y hablaban de una serie de documentales de NatGeo sobre el calentamiento global. Se llama Years of Living Dangerously. (Lo pueden ver en Amazon Prime la primera temporada gratis o comprar en itunes. Incluso estoy viendo que tienen fragmentos en youtube.) Te da un panorama fuerte de cómo nos estamos acabando todos los mares, bosques etc.

En la entrevista lo que más me impactó fue que el actor le contó a Chelsea que mientras filmaban, una oceanógrafa le compartía datos de la gran contaminación del agua y él le preguntó:“¿entonces debo de tener hijos pronto?”. A lo que la científica respondió, “más bien creo que no debes de tener hijos”. Me  recordó a mi esposo que siempre dice que los recursos del planeta no están para tener familias grandes hoy en día.

Les recomiendo la serie. La investigación y el trasfondo de cada tema que analizan es de mucha calidad. Lo más importante es que nos haga menos ignorantes sobre el tema para poder tomar consciencia y actuar.

Link: Fragmento de Collapse of the Oceans con Joshua Jackson

https://video.search.yahoo.com/yhs/search?fr=yhs-mozilla-001&hsimp=yhs-001&hspart=mozilla&p=collapse+of+the+oceans+part+3#id=1&vid=775b0d4354217f9e3a4d2b9fdc63c0ae&action=click

Se que me faltan años luz para hacer los cambios en mi vida y con mi familia pero los que ya hemos logrado han tenido un impacto positivo, ya mi esposo poco a poco coopera más ( yei) y mis hijos ni se diga, están creciendo observando como consumir de manera consiente y van a traer ese chip desde chicos.

Tengo amigas que se han vuelto vegetarianas al ver documentales que plasman realidades de la industria alimentaria de nuestros tiempos.  Ojala algunos de ustedes al leer este post se vuelvan más consientes de las necesidades de nuestro planeta y tal vez al ver la serie que les recomendé podamos cambiar nuestros hábitos y aceptar finalmente esa responsabilidad que todos compartimos.

A mi me pasó. Así que de antemano, familia y amigos, perdón por incomodar.

 

“Our personal consumer choices have ecological, social, and spiritual consequences. It is time to re-examine some of our deeply held notions that underlie our lifestyles”. David Suzuki, académico canadiense de origen japonés, científico y activista del medio ambiente.

“We’re in a giant car heading towards a brick wall and everyone’s arguing over where they’re going to sit”. David Suzuki

“There is no such thing as away, when we throw anything away, it must go somewhere”. Annie Leonard, 2014 Directora Ejecutiva de Green Peace en Estados Unidos.

“Every bit of plastic ever made still exists somewhere. It’s like the ghosts of 18,000,000,000 plastic forks, 500 million plastic straws, 30,000,000 solo cups and 20 million plastic wáter bottles are lurking just below the surface of your nearest landfill.” Package Free Shop.

VIDEO:

https://www.youtube.com/watch?time_continue=511&v=y583QTbetsQ

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1,440 minutos

Leí un post en FB recientemente (comparto un fragmento del texto).

“Por años me ha perseguido este sentimiento de incomodidad por atribuirme un título que no me “corresponde”. Y es que haber estudiado filosofía tampoco me hace filósofa. Sin embargo, a pesar de no haber estudiado fotografía, amo tomar fotos. ¿Qué nos hace ser lo que somos?¿Quién lo legitima y quién lo anula?”

Y como nos pasa cuando nos sentimos identificados con algo, mi corazón estaba feliz, sintió paz. A ella también le pasa, pensé… ella también se pregunta lo mismo que yo me he preguntado los últimos 15 años.

A pesar de que conozco poco a la persona que lo escribió, conozco su trabajo, la he visto siendo artista… siendo creativa. Así que sin pensar mucho y raro en mi de involucrarme en conversaciones en FB, le comenté:

“Mony, sin duda eres fotógrafa, te lo digo con la misma certidumbre de que eres mamá. Te he visto en acción y he visto los resultados. No sé qué o quién define lo que somos… solo se que si lo que haces detona satisfacción en ti y además logras causar sentimientos en los demás estas haciendo lo que debes de hacer. ¡Felicidades!”

El tema zumbó en mí cabeza por varios días… y les comparto mi conclusión.

Eres lo que haces.
No tienes que vender un cuadro para ser pintor.
No tienes que publicar un libro para ser escritor.
Y por lo tanto no tienes que exponer en una galería en México o Nueva York para decir que eres fotógrafa.

Lo que hacemos con frecuencia, todos los días… es lo que somos. Si para todo el mundo las madres de familia somos consideradas mamás porque cuidamos, alimentamos, educamos a nuestros hijos todos los días. Entonces por qué una persona no sería corredora si todos los días corre… ¿por qué tiene que terminar un iron man o al menos medio maratón?

Más bien creo que nos gusta clasificar o definir a las personas cuando logran algo especial o mejor dicho oficial. Pero qué pasa antes de llegar a esas metas “oficiales”….a esos reconocimientos… ¿Qué pasa si nunca llegamos?

Recientemente, salió en cines una película que un amigo escribió, produjo y dirigió. Obtuvo el premio de la audiencia en Morbido Fest y fue parte del Festival Internacional de Cine en Sitges (Barcelona); ganó mejor película latinoamericana y director promesa. Así que lo entrevistaron, admiraron y criticaron también.

Escritor y Director de “1974: La posesión de Altair” decían las letras abajo de su imagen en la televisión. Era oficial, su profesión y trabajo ya era reconocido por los demás. Pero el era director y escritor desde muchos años antes…. sin que la televisión o unas letritas en color negro lo definieran debajo de su nombre. El era director en la prepa mientras nos juntábamos a estudiar y llevaba su camarita y nos grababa mientras hacíamos tareas. Fue escritor desde que decidió hacerlo en serio, trabajar su arte todos los días, desde su casa, donde nadie lo veía ni reconocía.

Entonces, ¿Qué te hace “oficialmente” ser algo? Tú.

Nuestro ser se manifiesta en el hacer. No hay de otra.

Lo que somos lo expresamos con nuestras acciones, gustos, miedos, sacrificios. Incluso con lo que dejamos de hacer para hacer lo que realmente queremos hacer.

Lo que haces define lo que eres. No tu descripción de perfil en instagram o tu título profesional. Tampoco solo lo que dice la gente experta y no cuenta solo quererlo ser, se tiene que hacer, practicar, intentar, trabajar.

No olvidemos también que lo que hacemos, a lo que dedicamos nuestros pensamientos y tiempo no es casualidad. ¿Eres lo que haces o haces lo que eres? Es la pregunta del millón. ¿Tú que crees? Sí, hay pasiones que vamos adquiriendo con los años, pero la mayoría las traemos desde que nacemos.

Veo el programa The Voice. Es uno de mis TV guilty pleasures. Los concursantes llegan inseguros a pesar de cantar desde jóvenes y haber incursionado en la música desde muy chicos, pues la mayoría no se consideran artistas de verdad hasta que uno de los jueces ( músicos reconocidos a nivel mundial) se los dicen.

Fue ese programa que me hizo hacer click yo también, ahí empecé a creerme que el simple hecho de escribir con frecuencia me hace escritora (todavía lo escribo y siento raro). No por haber publicado en algunas revistas mi trabajo, sino porque simplemente es parte de lo que soy.

No quiero pecar de ingenua. Claro que no creo que eres cantante porque cantas en la regadera. Pero tú sabes cuál es ese talento que tienes, que conoces, que has trabajado, al que le has dedicado y que a lo mejor los demás, los profesionales en ese tema todavía no lo reconocen.

Hay muchos negocios que progresan y venden miles de dólares a pesar de que nadie les invirtió un peso en el famoso Shark Tank o que en la ronda de friends and family pocos confiaron en ellos y en su proyecto. Eres emprendedor y nadie te puede decir que no lo eres aunque tus ideas no sean empresas millonarias o productos famosos.

Lo que hacemos aunque no nos paguen por hacerlo, aunque no haya un gran número de espectadores, aunque nuestras acciones no sean grabadas, públicas o admiradas de todos modos es. De todas maneras, somos.

El periodista Michael Pollen popularizó hace ya algunos años la frase antigua “We are what we eat”, “Somos lo que comemos”.

La podemos complementar así:

“We are what we eat and we become what we do”.
“Somos lo que comemos y nos convertimos en lo que hacemos”.

Hoy la pregunta no es ¿Qué quieres ser de grande?… sino simplemente…
¿Qué quieres ser? ¿A qué y a quién le quieres dedicar esos 1,440 minutos de cada día?
Estas a tiempo.
Hazlo.

 

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito.” Aristóteles

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No tengo prisa

No tengo prisa por dormir a mis hijos a las 8 de la noche en punto.

No tengo prisa porque aprendan a dormirse solos.

No tengo prisa porque se duerman la noche completa en su cama (y no lleguen a las 5:30 am a la mía para acurrucarse con sus papás una hora).

No me acelero para que aprendan a hablar un tercer idioma o que sean el mejor de la clase de tennis y fútbol.

No tengo prisa por recoger juntos los juguetes, por milésima vez en el día.

No me apresuro por llevarlos a Disney, otra vez.

No me desvivo por llegar rápido a bañarlos cuando se llenan de arena hasta adentro de las orejas o porque aprendan a comer sin subir los codos en la mesa.

Tampoco me acelero por regresar a trabajar tiempo completo. Aunque el trabajo es siempre parte de mi vida, (por mi, para mi familia y por poner mi grano de arena en este mundo) hoy tengo la enorme fortuna de poder optar.

Y aunque a veces su papá me presiona porque logremos objetivos como familia  para poder descansar mejor o cenar los dos más temprano… lo entiendo y me esfuerzo para lograrlos, pero cuando no sucede… algo en mi interior me recuerda: no hay prisa.

No quiero ser victima del tiempo y culparlo después por ir muy rápido.

El tiempo pasa, y esta en mí decidir cómo lo quiero aprovechar.

Quiero aprovechar que mis hijos tienen 4 y 2 años para jugar en el piso y rodar en la montaña de pasto. (aunque la semana pasada que lo hice me mareé mucho, no me acordaba que feo se sentía)

Quiero estar presionada porque vean y toquen a los animales, los respeten y quieran. Aunque a veces se los coman.

Porque las galletas de peanut butter por fin nos salgan crujientes y no tan aguaditas.

Porque el campo de obstáculos en el que se convierte la sala de tele sea cada fin de semana más complicado y retador.

Quiero que aprendan a decir hola y adiós a sus amigos, tíos y maestros y que entiendan que pedir disculpas, aunque a veces no les salga tan natural inmediatamente, de todos modos es lo correcto por hacer.

Tengo prisa porque sean empáticos y tolerantes, porque se conozcan ellos mismos más allá de que no les gusta el kiwi o el aguacate. (no entiendo como a alguien no le puede gustar el aguacate… “No me gusta el cacahuate” me dice Jacobo cuando descubre que se lo agregué escondido a algún taco o pan)

Me apura que desde chicos asimilen que no todo gira alrededor de ellos mismos. Que sepan que van a tener que ir a muchos lugares que tal vez no son sus favoritos, hacer cosas aunque les de flojera, no tengan tantas ganas o no sea su actividad preferida etc. (Estoy segura que su futura pareja me lo va a agradecer.)

Estoy presionada porque valoren la naturaleza, lo que nos da, y sobre todo que entiendan que lo que se cosecha en la vida, tiene que ver directamente con lo que se siembra.

No tengo prisa pero nunca descanso.

Sé que el tiempo y esfuerzo que le invierta hoy a mis hijos va a redituar con creces en el futuro. Si no me apuro no quiere decir que me importa un comino educar, al contrario, solo pienso que es más importante antes conectar.

No me acelero, porque así como ayer les quite el banquito en el que se paraban para lavarse los dientes, el día de mañana les voy a quitar su barandal de la cama, su silla en el carro, sus vasos de paw patrol y su osito para dormir. Y de ahí, pa’l real.

Por mi esta bien que el tiempo pase, porque aquí estoy viviéndolo, y no huyéndole o presionándolo.

Tal vez estoy mal, pero me siento tan tranquila de no tener prisa. De vivir las etapas que estamos viviendo con plenitud para en un futuro sentir melancolía del tiempo que pasó, pero no tener ese hueco en el estomago de que se fue tan rápido. No ha sido fácil, me esfuerzo todos los días para no desbalancearme descuidando otros aspectos muy importantes, sobre todo a mí y el tiempo de calidad con mi esposo.

Mi miedo más grande es arrepentirme. Arrepentirme de no hacer algo o de hacerlo mal. No me quiero arrepentir de no vivir al máximo con mis hijos estos años que jamás regresan. Esta inocencia que se pierde con las experiencias. Estos abrazos que con el tiempo se volverán menos espontáneos. Hasta esta rebeldía que, aunque difícil de manejar, me empieza a dar pistas de cómo comunicarme con ellos cuando sean adolescentes.

Tal vez es el miedo que guía esta tranquilidad, pero sí es así, bendito miedo por ayudarme a no tener prisa.

 

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