Lo auténtico es lo normal

Crecí en una sociedad católica y conservadora. Rodeada de compañeros en su mayoría de ideas fijas y prejuicios preinstalados por generaciones anteriores. Creí que pensaba igual, que me impresionaba lo mismo que a ellos, hasta que me di cuenta que no.

Con el paso de los años fui encontrando mi identidad y descubriendo diversos puntos de vista. Al salir de mi burbuja, a viajar o para estudiar en el extranjero, logre crecer en lo personal. En mí hubo una evidente evolución, cada afirmación o negación que otorgaba a cuestionamientos de mi crianza sentía como si un nervio dentro de mi cabeza se fuera perforando con pequeños hoyos causando estallidos en mi cerebro.

Me conecté con el ser humano que soy y abandoné las expectativas que yo misma me impuse respecto a lo que tenía que ser, hacer o pensar. En general, no estaba tan alejada de los valores y la moral que me enseñaron mis papás, sin embargo comencé a apreciar otras ideas y enfoques.

En cuanto a la religión, llegué a una conclusión un poco drástica, pero a mis casi 35 años esto es lo que predomina en mi circulo de confianza. Crees en Dios, en la sabiduría de Star Wars o en ti mismo. Esta última acompañada de la bondad del universo.

A mis hijos, sin afán de confundirlos, les enseñamos un poco de los tres. Pero con lo que más les enseño, es como me enseñaron a mí, con el ejemplo.

Las necesidades morales de nuestra generación son distintas a las que tuvieron nuestros padres y las que nuestros hijos tienen son distintas también a las que vivimos en nuestra infancia. Hay más igualdad entre hombres y mujeres, pero aún no compartimos todos los derechos, hay más apertura en temas de sexualidad, pero todavía no más aceptación.

Es por eso que la empatía y la tolerancia están muy arriba en mi escala de valores personales y son los que busco transmitir a mis hijos. Si una persona piensa o vive diferente a nosotros no es una persona rara o complicada. Simplemente es una persona diferente a ti, y de eso esta hecha la vida. Variety is the spice of life. Un equipo de trabajo o grupo de amistades compuesto de gente con diversas ideologías son los más enriquecedores porque todos de alguna manera aportan para hacernos mejores. Inculcando esto, además fomentamos que si nuestros hijos tienen ideas distintas a las nuestras cuando vayan convirtiéndose en adultos, sabrán que como sus papás los escucharemos y respetaremos.

Otro punto en el que buscamos predicar con el ejemplo en mi familia es en que el valor de una persona es el mismo, siempre. Sin importar si eres mujer o eres hombre, tu calidad económica, color de piel, idiosincrasia, preferencias etc. A pesar de las diferencias que tengamos nuestra valía es igual y por ende debemos honrarnos y apreciarnos por igual. Si desde que son niños enfatizamos en esto estaremos plantando semillas en sus corazones de aceptación, pero sobre todo, de caridad y compasión, semillas que en el interior de muchos germinarán y darán frutos en una sociedad que desesperadamente lo necesita.

Hablar con nuestros hijos de situaciones actuales con naturalidad, es un tema que a todos los amigos papás con los que platico nos da cierta incomodidad. Tal vez unos piensan que algo no es normal, y lo entiendo. Ya nosotros tenemos creencias y paradigmas bien establecidos, pero no quiere decir que algunos temas no sean una realidad y que esa realidad a los demás no les afecte.

Hace unos meses platicaba con una persona muy querida. Orgullosa me decía, “Yo claro que les enseño a mis hijos que hay de todo tipo de personas, pero que lo normal es que se casen hombres con mujeres, como su papá y yo”. Yo con mucha delicadeza le expliqué que, en mi opinión, eso es parte de un problema, no solo en casa, si no en la sociedad. El creer que aceptamos, pero realmente no lo hacemos. Si nosotros les decimos a nuestros hijos que esta mal y no es natural enamorarse de una persona del mismo sexo, si alguno de ellos es homosexual o transexual, sus primeras inquietudes serían:¿Entonces por qué no soy normal? ¿Por qué eso que siento está mal? No voy a aceptarlo. Lo tengo que reprimir.

Lo normal, para mí, es lo auténtico. Es lo que cada persona es, siente y piensa, eso es lo normal.

Lo mejor sería que como padres de familia, podamos demostrarles a nuestros hijos que los queremos, incondicionalmente. A pesar de que nos enojemos con ellos, que no pensemos igual que ellos, que no tengan las calificaciones que esperamos o los hobbies y profesiones que deseamos. Si tan solo ellos saben que los queremos por encima de todo, serán más abiertos con nosotros, honestos y dispuestos a expresarse, estaremos más conectados con ellos en la pre-adolescencia, adolescencia y siempre.

Un recurso que me ha servido para que mis hijos absorban una enseñanza es a través de cuentos, simplemente les platico de algo que me ha pasado o que he leído. De esta manera, comparan sus historias personales con las que han sucedido a otros también y se sienten acompañados en ese camino.

Esto último me recuerda a una anécdota de hace ya algunos años. Cuando un amigo de Alejandro, mi esposo, le preguntó “¿Cómo puedes leer tanto? ¿Por qué lo disfrutas mucho?” Este amigo es un excelente arquitecto, una persona sumamente creativa, “Me distraigo rápidamente cuando empiezo a leer”, le decía él, para aclarar el motivo de su pregunta. Alejandro le contestó: “Siempre me ha gustado. Es como tener una conversación contigo mismo. Te contestas a ti mismo sobre problemáticas que están teniendo los personajes del libro y así te conoces más a fondo. ¿Qué opino de este tema? ¿Cómo reaccionaría yo ante esta situación?”

Y así como la lectura propicia estos resultados, nosotros debemos de ser así con nuestros hijos; tratar de no imponerles deducciones si no más bien intentar guiarlos a que ellos lleguen a sus propias conclusiones. Es muy difícil, lo sé. Pero mientras más pronto lo hagamos en su desarrollo, les estaremos ayudando a saber quiénes son realmente, y ese es un regalo inigualable.

Nuestra voz como papás se convierte en la consciencia de nuestros hijos. Entendamos la magnitud de esta responsabilidad de enseñarles a nuestros hijos con gran cautela lo que pensamos porque el mundo necesita urgentemente seres humanos más empáticos, más comprometidos y más consientes de la dignidad humana.


 

Brené Brown (@brenebrown) Researcher y Storyteller, como ella se describe, es una mujer a quién admiro y sigo. La escuché hace poco en un podcast de Dax Shepard: Armchair Expert: Live From Austin. Hablaba de por qué iba con frecuencia a la iglesia y me identifiqué mucho con esta frase:

“I want to go somewhere in my life, to experience collective joy and to believe there’s something greater and bigger that brings us together, and for me that is God…and I want to share that with people. I don’t need a congregation or some kind of convention of people to call together a meeting to see if we should ordain gay, lesbian, transgender, queer people, I don’t need to talk about that. If we are not fighting for that, then you are not on God’s side.”

*El 16 de noviembre fue instituido por la ONU como el Día Internacional de la Tolerancia. Una de tantas medidas de la Organización de las Naciones Unidas en la lucha contra la intolerancia y a favor de la aceptación de la diversidad cultural.

 

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En Privado Por Favor

Desde hace unas semanas me han preguntado por qué ya no he escrito nada en anabeat.com. En el fondo sabía que quería hacerlo pero no le estaba destinando tiempo por estar trabajando en otro proyecto, sin embargo ese interes de amigos era justo el empujonsito que necesitaba.

También, para ser honesta, me daba ese sentimiento de cuando dejas de hacer algo por un rato, siempre te dan esos nervios de volver a empezar. La cuestión no era que no había escrito, porque cuando revisé en mi celular tenía 78 notas con ideas y temas por desarrollar que he ido redactando desde julio.

Empecé a escribir partiendo de algunas de esas notas y escogí dos para publicar hoy (En privado por favor y I don’t own anything). Ambas coinciden en un tema que creía que por mi edad o madurez no me afectaba directamente, pero como siempre, al escribir me conozco más y me di cuenta que sí. Nadie estamos exentos.

En Privado Por Favor

Antes valorábamos la privacidad. Era importante. Necesaria.
La intimidad con alguien, los mensajes de amor o muestras de cariño eran especiales. Y cómo la palabra lo dice: Íntimos.

No todos se enteraban cuando un pretendiente te dejaba una flor en el parabrisas de tu carro y mucho menos de unas palabras de felicitación por un aniversario.

Recuerdo todavía cuando algunos tatuajes se tenían que enseñar solamente a personas de mucha confianza por estar en partes del cuerpo menos vistas, pero hoy el pudor es más fácil disimular en la solitud frente a una cámara.

Vivimos en una época en la que todo lo que hacemos es público, y cuando no, simplemente no es. No fuimos. No lo hicimos. Not been there, haven’t done that. FOMO total!

Y nos lo creemos.
Validamos nuestras acciones a través de los likes que nos otorgan los demás.
Por medio de éstos medimos nuestras emociones o establecemos los parámetros de lo normal.

Las cartas de amor no son tan tiernas si no se profesan abiertamente en Facebook. Como si hacer público un mensaje o subir una foto/video legitimara lo que sentimos por alguien.

Los eventos o fechas importantes no fueron celebradas si no lo compartimos en las redes sociales. Porque si fuimos a un concierto lo queremos mostrar y si estamos de vacaciones en lugar de solo disfrutar también lo queremos publicar.

Un maratón no fue corrido si no lo difundimos en Instagram. Porque hay momentos que vale la pena recordar y esfuerzos que recompensar.

Casi casi que nuestros hijos no cumplieron años si no se sube su fiesta a Instastories.

Lo analizo a detalle porque lo vivo en mi vida diaria. Estuve exenta muchos años de esto y lo veía como algo que yo nunca haría, pero recientemente caí en el clásico: Más rápido cae un hablador que un cojo. O en honor a mi marido. Un pez por la boca muere. (aunque él solo practica pesca de catch and release).

“Yo nunca lo haría” pensaba e incluso lo mencioné algunas veces ¿Cuál es la necesidad? Y terminé haciéndolo. Escribiéndole un mensaje breve a mi marido en Instagram de nuestro octavo aniversario de bodas. ¿Por queeeeee? ¿Para qué? Si vivo con él. Se lo pude haber dicho o haberle dejado una nota en el buró de nuestra cama. No le he preguntado si le hubiera gustado más en privado mi recadito, el punto es que ya no importa. Ya lo sabe él y cientos de personas más.

No sé qué es, pero aunque trato de vivir sin que eso me importe, me da un grado leve de ansiedad (porque no se me ocurre otra manera de describirlo) no publicar una foto con mis hijos en el día de las madres o de mi familia disfrazada en Halloween. No tomo las fotos pensando en eso y mucho menos determina mis decisiones en cuestión de qué ponerme o a dónde ir, pero las ganas de publicar algo al final de esos días están presentes.

Me cuestiono que hay detrás de ese sentimiento. ¿Sentido de pertenecer, de estar vigente o simplemente el placer de compartir un pedacito (bien escogido y curado generalmente) de nuestra vida con quienes nos relacionamos en nuestra cotidianidad; muchos de ellos lejos y con ganas de estar cerca.

Sé que los tiempos han cambiado. Nuestra generación ha sido parte de una gran evolución en tecnología y comunicación. He visto, cada vez más, como nuestros mensajes, además de públicos se hacen más cortos y menos elocuentes, pues ya hay emojis que nos resuelven rápidamente nuestra capacidad o incapacidad de expresarnos con palabras. Todos los medios de información pretenden ser más rápidos y digeribles.

Recientemente fui a una plática de la Dra. Madeline Levine y platicaba como en treinta años de su experiencia como psicóloga ha observado como la innovación ha causado muchísimo estrés innecesario en los niños, tanto académico como emocional, y comentaba que ya están considerando nombrar un síndrome de ansiedad causado exclusivamente por Facebook. No me sorprende nada saber que a nuestros hijos les impactará aún más el avance tecnológico que a nosotros en la juventud, por lo que aumenta nuestra responsabilidad como padres en estar alertas con nuestros hijos y empezar con nosotros mismos a ser más coherentes en lo que creemos con el uso de las redes sociales, predicando con el ejemplo.

Como una persona apasionada de la comunicación en todos sentidos y las conexiones interpersonales me regocija saber que alguna vez tuve el placer de llegar a mi casa, abrir la mochila y desdoblar una hoja 4 veces para leer un mensaje de alguien especial. Simplemente esperar con ansias llegar a mi casa para prender la computadora y leer un e-mail esperado. Para mí y nadie más.

Sin público. En privado, por favor.

¿Soy yo o esto todavía tiene algo de mágico?

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I don’t own anything

 

I don’t own anything

 

Click without sound.

My thumb is scrolling up.

Suddenly I started feeling stressed.

I don’t own anything.

I don’t own my religion, because I am open to spirituality as a whole. And sometimes it is difficult to fit in.

I don’t own a perfect body or follow a specific fitness routine that I would care to show online…

Scrolling up.

I don’t own an addiction to makeup (does Sephora count?) or a deep passion for food (although I invest a lot of thought in everything my family and I consume.

I am not involved in any humanitarian advocacy group or am I a radical about any specific topic.

Scrolling up.

I don’t own anything so bad, not even my kids. They are their own selves and I hope they will always be their own person.

Maybe I should get a dog so I could consider myself a dog owner.

This all came to me while I was Instagraming looking at the images and videos of people I look up to and admire in different ways. It was just one of those days when I was feeling a bit down.

But then, I realized I own my mind and my own voice. I own my words. I own me.

I simply acknowledged I own me. With all my imperfections and sometimes unstable hormones.

I own my ideas and thoughts. I know and accept myself at all levels and that is the way I own ME every single day. Staying true to myself.

Accepting the fact that I like vintage markets more than malls. I love the outdoors and nature. I respect all animals (except mosquitoes and cucarachas). I believe in love as a decision and way of life not a concept. I believe kindness makes a difference and can change the world. I drink beer from the bottle and enjoy writing and reading. I prefer tea rather than coffee. I am not into routines and firm schedules… I believe we all need inspiration as well as friends and laughter for our souls to thrive. My weak spot is a terrace with a view (and some wine). Discussing politics reminds me I am an adult and every choice matters. Melancholy is my companion and transcendence is my most profound aspiration.

I own my relationships and my inner peace.

And I am enough.

Click with a sound.

Good night, me.

 

“Your mind is an instrument. Dont let it play you.” Author Unknown

 

 

 

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Be like him (and be like me)

Lately, I’ve been thinking about how gratifying it would be if you would become somewhat like him.

If you would be generous with everyone and good at giving gifts like he is, but also know that kindness, actions, and caring are considered gifts, as I like to think.

It would be great if you would work hard but are also able to give yourself a break and have hobbies like he does. You know it is tougher for me to just lay down and rest for a while.

I hope you have many friends like I do, but I wish you choose your circle of trust wisely like he does.

It would be helpful if you would be street smart like him but give your opinion only when you are sure about your stuff, like me.

I would be excited if you turn out to be upfront and raw honest like him but know that being tactful, as I try to be, will strengthen every relationship you have.

It would be awesome if you were punctual like he is but allow yourself to be fashionably late like me.

He is solution-oriented and works fast to achieve what he needs or wants, as I wish you always do, but make sure you stop and breath. Make sure to pause and appreciate, take everything in. The good and the bad, as I remind myself to do every day.

I wish you are authentic and open-minded like him and embrace diversity like we both do.

It would be wonderful if someday you hide in a dark place at night with a flashlight to read, like your father used to do when he was a kid; reading is a way to realize how you really feel about the world. I also wish you would enjoy writing every once in a while, like I love to do, because that is a way for you to find out who you are in this world.

I know you might not know this, but you will soon realize your dad and I are like salt and pepper. We think differently and many of our interests are different. The one thing we have in common every single day of our lives is our unconditional love for each other and for you. Know that we only do what we consider is best for you. And only that.

We, in a way, season your life, but some things we’ll teach you work best for a particular recipe. You will need to apply them intelligently in the circumstances you encounter in life.

Today my hope is that when you both grow up you get to be in some ways like your father, because he is one of the best men I know.

Happy Father’s Day my love.
From the woman that made you be one.

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Ya chole con #girlpower

Lo tenemos que aceptar….Colgar una toalla después de bañarse (ponerla arriba de la cama o en la puerta de la regadera toda chueca no cuenta) y poner los calcetines usados en el cesto de la ropa sucia no es la especialidad de los hombres.

Y conste que no lo digo sin fundamentos. He vivido con 5.
No como pareja obviamente, pero además de mi esposo, mi papá, mi hermano y mis dos hijos suman.

Lo que sí es característico de los hombres es el trato que tienen con aquellos de su mismo género , el sexo masculino para ser exactos. Ese trato afable generalmente, de apoyo, amistad y confianza. Hasta de encubrimiento algunas veces. Seres humanos que viniendo del mismo planeta saben que se tienen que proteger ellos mismos y dar palmadas en la espalda para salir adelante. Darse la mano para impulsarse a llegar lejos o alto, a donde ellos quieran, simplemente para avanzar.

Desde chica me preguntaba ¿Por qué no somos así de unidas nosotros? ¿Por qué no me siento parte de un “club” universal de mujeres? Fuera de nuestras mamás, hermanas, tías y amigas, no tenemos ese pacto de alianza como lo tienen los hombres.

Al menos no lo sentía así, hasta ahora.

Pienso que si las mujeres fuéramos tan amigas y cordiales como en los baños de los antros este mundo sería diferente. Espero darme a entender y no confundirlos con recuerdos de hace años influenciados por un ligero grado de alcohol.

Por si algunos no lo saben, en los baños de mujeres de los bares, antros o festivales de música siempre hay fila y a veces una salita en la que puedes convivir. Ahí todas las mujeres somos amigas. Nadie compite en contra de las otras. Platicamos sobre lo que estamos viviendo en ese momento en nuestra vida personal o en el trabajo. ¿Qué fue lo nos llevó a estar ahí esa noche? Hay felicitaciones, consejos y hasta mentadas a la misma persona además de un intercambio genuino de cumplidos. Por esos minutos nos sentimos apoyadas y queridas; nos despedimos con una sonrisa.

¿Por qué no es así habitualmente? Me rehúso a pensar que es solo la influencia de bebidas alcohólicas. Aunque seguro habrá algunos que lo debatan.

Mi teoría es que sin quererlo, podemos coexistir y empatizar con otra mujer aunque no nos conozcamos. Alegarnos si esta feliz por algo o darle ese apretón en el brazo indicando que todo va a estar bien. Es coincidir con alguien que no representa ninguna amenaza para ti, al contrario, te abre a la posibilidad de tener algo en común con ella y poder convivir en paz.

Sentimientos y acciones que con gratitud he visto potenciar significativamente en los últimos años.

Recientemente escuché a alguien decir que ya le estaban haciendo mucho rollo al movimiento de empoderamiento de las mujeres #girlpower. Se me pararon los pelos de punta. Es como cuestionar por qué los miembros de la comunidad LGBTQ hacen desfiles en las calles y cabildeo para ser representados en programas de televisión y cambiar las políticas publicas para reconocer sus derechos. O como indignarse cuando los afroamericanos económicamente bien posicionados se gastan millonadas de dólares en presumirlos; en su vestimenta, en cadenas y anillos de oro o en carros de ultimo modelo. “¿Por qué tienen que estar tan “in your face”? Es una frase que he escuchado antes.

La respuesta es muy fácil. Es porque estos grupos vivían subyugados, estaban subvalorados. Los afroamericanos fueron esclavos, los miembros de LGBTQ han sido condenados y criticados, las mujeres fuimos silenciadas, oprimidas y por tantas generaciones ignoradas. La historia siempre es la respuesta. Voltear a ver el pasado para entender el presente.

“Why do you want this so bad?

Because they said I couldn’t have it.”

No se me olvida la respuesta que le dio Carl Brashear, el primer master diver afroamericano de la Marina de Estados Unidos a su entrenador en 1948. Tal vez la recuerdas también de la película Men of Honor con Cuba Gooding Jr. Y Robert DeNiro. Luchar incansablemente hasta lograr tus metas. Que poderosa manera de vencer tanto resentimiento.

Y es justo lo que veníamos cargando las mujeres por siglos. Resentimiento de no ser tomadas en cuenta ni valoradas. Rencor hacia una colectividad que ninguneaba nuestras opiniones y no entendía que nuestra naturaleza es fuerza además de ternura, es inteligencia además de emoción, es exigencia e independencia y no un parámetro de belleza.

El problema es que equivocadamente también esparcíamos esa enemistad entre las mismas mujeres con la falta de solidaridad y camaradería. Poco a poco nos hemos dado cuenta que podemos y debemos aceptar nuestra individualidad sin tener que competir. Eliminando esa oposición con nosotras mismas nos otorga el dominio que buscábamos, pero sobre todo el respeto que anhelábamos de la sociedad en la que vivimos.

El empoderamiento de la mujer en la última década ha sido de gran impacto social pues ha servido de base solida para la formación de más grupos que defienden nuestros derechos individuales y dignidad como ser humano. Movimientos tan importantes como #metoo, #timesup, y organizaciones civiles en las que se confronta y busca sancionar y eliminar el sexismo, el abuso y violencia domestica y en el área de trabajo, la discriminación de mujeres por racismo, la misoginia… delitos que habíamos estado permitiendo al no destapar o denunciar.

El #girlpower no es novedad. El feminismo menos. Pero este es el movimiento que nos tocó vivir. Muestra una vez más el poder de las redes sociales y medios de comunicación. El poder de que la unión hace la fuerza, de que cuando muchos caminamos en la misma dirección se consiguen cambios tangibles e irreversibles.

Espero que estos movimientos en todos los países sirvan también para querernos más y juzgarnos menos. Que nuestra fortaleza como sexo femenino no sea criticar o calificar a la de a lado sino seguir celebrando nuestros logros y sobre todo darnos la mano para ayudarnos a salir adelante y superar las adversidades que nos toca vivir.

Para la gente que le parezca mucho este movimiento deben saber que esto apenas empieza. Con lideres internacionales abriendo brechas e impulsando el desarrollo y los derechos de las mujeres en distintas ramas: Malala Yousafzai (www.malala.org) en la educación, Hillary Clinton en la política, Phumzile Mlambo-Ngcuka, como Directora de UN Woman, solo por nombrar algunas.

En México me parece apropiado mencionar y agradecer a mujeres que con entereza trabajan diariamente por los derechos de las mujeres: la empresaria Angélica Fuentes (@angelicafuentes) a través de su Fundación, la periodista y activista Lydia Cacho (@lydiacachosi) a través de sus investigaciones y denuncia incansable; la politóloga Denisse Dresser (@DeniseDresserG) quien con su liderazgo constantemente nos impulsa a enfrentar nuestros miedos y exigir nuestros derechos. Carmen Aristegui (@AristeguiOnline) quien con su carrera periodística representa a todas aquellas que queremos opinar y comunicar con libertad. María Teresa Arnal, (@mariatearnal) directora general de Google México, impactando en la equidad de genero desde la tecnología.

Lorena Guillé (@lore_guille), Xóchitl Gálvez (@XochitlGalvez), Martha Herrera (@mherrera68), Barbara Arredondo (@barbaraarredondo)… todas ellas se me vienen a la mente mientras escribo por ser ejemplo para mí, sin embargo sé que la lista es larga y seguirá creciendo mucho más.

¿Ya chole con el #girlpower? No quisiera volver a escuchar a nadie decir que le bajemos a nuestro rollo. Todo lo contrario, hay que subirle al volumen, que abarque todos los ámbitos y todas las generaciones. Hoy las mujeres y el feminismo debe de estar “in your face”. El camino es largo y la lucha es diaria; nunca ha sido competencia, sino una ardua búsqueda de la equidad y justicia.

*Ya chole: Expresión que quiere decir “Ya basta” o “Ya fue suficiente”, y se dice cuando ya no quieres hablar más del mismo tema. (para los lectores no mexicanos)

FRASES:

“Cada vez que una mujer da un paso, todas avanzamos”.

Ma. Teresa Fernández de la Vega, ex vice-presidenta del gobierno español.

“We ignore our true stature until we stand up”.
Emily Dickinson, poeta

“The thing women have yet to learn is nobody gives you power. You just take it”.

Roseanne Barr, actriz y comediante

“Solamente cuando las mujeres comienzan a sentirse en su casa sobre esta tierra, vemos aparecer una Rosa Luxemburg, una madame Curie. Demuestran con brillantez que no es la inferioridad de las mujeres lo que determina su insignificancia histórica: su insignificancia histórica las condena a la inferioridad”.
Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

“If the feminine issue is so absurd, is because the male’s arrogance made it ‘a discussion’ ” Simone de Beauvoir, feminista, escritora, filósofa y activista francesa.

LIBROS:

Good Night Stories for Rebel Girls 1 y 2

Los recomiendo para niñas y niños y también para los papás que nos gusta conocer un poco más de las personas que han sobresalido en distintas áreas. El libro tiene biografias breves de mujeres que han hecho historia porque han logrado alcanzar sus metas teniendo que ir contra corriente.

VIDEO:

“The things you love are made of code”

https://bit.ly/2KPmOzi

Este video me gustó mucho. Fue hecho por Made of Code, una plataforma que inició Google para incentivar a las niñas principalmente a interesarse en la tecnología y conocer en qué áreas se pueden involucrar. Esta iniciativa surge debido a que la tecnología esta presente en todos los aspectos de nuestras vidas sin embargo las mujeres no somos representadas en las compañías y organizaciones que la crean.

PARTICIPA:

Si te interesa participar más en este movimiento te recomiendo visitar:

  • www.femmereborn.com  (mujeres en la industria creativa)
  • www.somosdecididas.com (Una plataforma diseñada para generar un diálogo acerca de las decisiones que tomamos como mujeres y compartir las experiencias de quienes crean cambios positivos en nuestra sociedad.)
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