Desastre anti-natural

Hace unos días desperté y mi mente estaba descontrolada, la mañana empezó lenta y triste. Practiqué 30 minutos de yoga y sí me ayudó.

Creo que cuando eres mamá, eres mamá universal.

Al ser mamá de un niño, eres mamá de todos los niños. Como papás nunca seremos indiferentes al dolor de un menor de edad.

Un día antes tras leer una noticia desgarradora y ver un par de fotos, no quise saber más, mi estomago no me lo permitió. 17 personas fueron asesinadas a sangre fría en una escuela en Florida. Los que murieron eran, en su gran mayoría, jóvenes estudiantes. El culpable fue otro joven con un arma de fuego.

Como padres de familia preparamos diariamente a nuestros hijos para que ganen confianza en si mismos. Nos esforzamos todos los días para que aprendan a tratar bien a los demás. A no pegar y a respetar lo ajeno. A distinguir entre el bien y el mal. A saberse valorar y a apreciar todo lo que tienen a su alrededor. Les enseñamos a saber defenderse…Pero ¿cómo protegemos a nuestros hijos ante situaciones como esa?

Ya hacen simulacros en algunas escuelas para que desde los 4 años los niños sepan reaccionar ante un acontecimiento similar, pero no son suficientes. De ninguna manera me dan la paz que hoy añoro.

Viviendo en los Estados Unidos, ¿cómo protejo a mis hijos de esto?

¿Cómo protegemos a todos nuestros hijos de esto?

Pasaron las horas y escuchaba la frase en mi cabeza como disco rayado.

Sin querer tener más detalles de la tristísima noticia, no logré eludirla del todo pues en mis redes sociales y chats se empezaban a desplegar diferentes perspectivas sobre la atrocidad. Evidentemente el dolor es colectivo. Hablaban de la soledad del joven que cometió el crimen, las enfermedades mentales, así como la accesibilidad de las armas en este país. (Tan fácil comprar un arma en lugares como Academy, Walmart, donde se te ocurra…)

¿Por qué sigo tan desanimada si no conozco a las familias de las víctimas? No vivo en Parkland, ni siquiera en Florida. Y es que no fue un terremoto o un tsunami pero para mi es como un desastre anti-natural: La humanidad atentando contra la humanidad.

Lamentablemente existen muchos casos históricos y actuales de genocidio, terrorismo y muchos crímenes más. Me conmueven siempre, y como cliché de Miss Universo, frecuentemente incluyo una oración por la paz mundial. Pero hoy tampoco suficiente. Sabiendo que mis hijos van a ir a un colegio público en este país, no lo es.

Me queda claro, que aunque quisiera, no voy a poder proteger a mis hijos de todo, de injusticias, enfermedades, de malas decisiones…Pero quisiera ofrecerles la certeza de que pueden ir a una escuela a estudiar, socializar y disfrutar su niñez y juventud sin temor a ser disparados con un arma. Ir al cine, ir a un concierto… y es que viviendo en este país no tenemos esa seguridad. Sé qué pasa y puede seguir pasando. Lo que no sé es cómo va a dejar de suceder.

Cada vez que entramos a un club en The Woodlands, Jacobo, mi hijo de 3 años corre para abrir él la puerta, no sin antes decirme: “Mira mamá aquí no aceptan pistolas” mientras señala la foto del arma atravesada por una raya diagonal y una explicación de que nadie puede portarla dentro del gimnasio. Se me revuelve el estomago siempre que me lo dice porque se que algún día cercano (si no es que ya voy tarde) le voy a tener que explicar seriamente el razonamiento detrás de ese mensaje. Me rehúso a asustarlos desde tan pequeños, pero creo que será adecuado hablarlo ya.

No tengo la nacionalidad Americana aún, pero mi esposo sí y mis hijos pronto lo serán. Nos uniremos a las firmas, las llamadas, a las marchas, a la lucha en contra de la venta de armas y las leyes que permiten que, con el objetivo de poder defenderte cualquiera puedes tener un arma en casa. Me involucraré en el colegio de mis hijos en las maneras que pueda. No será una lucha fácil pero confío en que este país pueda corregir pronto la necesidad y necedad por saberse libre dándole más peso a la vida que la muerte.

Pasaron días y seguía enojada hasta que oportunamente, hojeando una de mis libretas viejas (para una convocatoria en la que voy a participar), leí esta frase que vi en el Vaticano alguna vez.

No Peace without Justice. No Justice without Forgiveness.

-Papa Juan Pablo II

 ¿Cómo perdonar a un joven que cometió un acto tan brutal y doloroso?

Lo escribo y no lo puedo concebir, perdonar lo imperdonable. Perdonar un crimen.

Hoy lo perdono por ser parte de una sociedad fragmentada. Perdono su inestabilidad emocional y psicológica.

Perdono su dolor. Perdono sus miedos.

Lo perdono por la crianza y el amor que tanto le faltó.

Con un corazón dolido, no me cabe duda que hay un abismo entre el perdón que yo otorgo (sin que nadie me lo haya pedido), al perdón que ojalá algún día puedan profundizar las personas que nunca volverán a ver a sus familiares y amigos.

Maldigo el día en que le fue tan fácil a ese joven tener ese rifle en sus manos. Sin embargo, lo perdono porque esta injusticia y esta pena no me han dejado dormir bien.

 

El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”. — Nelson Mandela.

 

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5 Comments

  1. Ana!!! Me encantó la idea de dar la batalla en familia por el control de armas. Creo que, sin temor a equivocarme, es el mejor ejemplo para tus hijos: pelear por las causas justas. El mundo difícilmente podemos controlarlo o cambiarlo pero yo sí creo que se puede construir la paz, poco a poco, en el entorno a través de la literatura, la escritura y las luchas sociales 😉

  2. Uf que tema. Me da horror! Y no solo en las escuelas publicas, como dices, ya puede ser en el cine, en un concierto, discoteque. Etc… comparto contigo y con todas las madres ese sentimiento de tristeza y vulnerabilidad. Espero que se tomen pronto las medidas necesarias para restringir ya el porte de armas. Viste la película We need to talk about Kevin? La vi hace un tmpo y me dejo mal. En este caso el chico nacio malo… nada que hacer. Hay unos que nacen y otros que se hacen. Y como hace un tiempo te lei, somos mas los buenos en este mundo. Un abrazo!

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