Valor agregado (Por aquello del #tbt)

Me he clavado en estos últimos días leyendo mis diarios de primaria y secundaria y las libretas en las que escribía en prepa y carrera. Me he reído tanto, se me ha enchinado la piel, he tenido muchos cuestionamientos (no me acordaba que había querido tanto a esta persona o por qué estaba tan confundida en esos meses) y aunque se que soy yo la que los escribió y míos los sentimientos que están ahí, al leerlos después de tantos años desconocí muchos de éstos.

Con el tiempo cambiamos tanto, mejor dicho, evolucionamos tanto, que fácilmente se nos olvida de dónde venimos, por qué somos así…disfruté recordar y como dicen que recordar es volver a vivir, acabo de regresar de un viaje no muy lejano pero sí lleno de anécdotas. Algunas que quisiera compartir.

Este escrito es de Septiembre 2003. El día que fui a ver un Homenaje a Gabriel García Márquez en el Tec de Monterrey. Nunca se me va a olvidar como nos dejo a todos en el Teatro Luis Elizondo. La audiencia estábamos con gran expectativa de la culminación del evento porque íbamos a escuchar unas palabras del autor que no solo era Nobel de Literatura pero que nos había regalado tantos paisajes internos al compartirnos fragmentos de su imaginación.

Cuando le pasan el micrófono el sencillamente dice: “Muchas Gracias. Yo por eso escribo, para no tener que hablar. Gracias.”

Boquiabiertos. Así quedamos muchos, sobre todo los que nos esforzamos para poder asistir a verlo, a honrarlo. No me esperaba para nada escuchar eso aunque hoy entiendo lo predecible que era. ¿Qué necesitábamos escuchar que no nos había dicho ya? ¿Qué valor le podíamos dar ese día a sus palabras si éstas ya se habían colado por nuestros ojos a nuestro corazón?

Esa noche escribí esto. (No le voy a cambiar muchas cosas que desesperadamente quisiera cambiar, pero quería compartirlo tal cual esta para que no perdiera su esencia.)

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No creo que leer a García Márquez me haga más culta ni saberme de memoria 100 años de soledad me haga una persona más interesante.

Tal vez aprenderme un poema de Benedetti o una canción de Shakira signifique lo mismo para mi, tiene el mismo sentido en mi escaza riqueza intelectual.

Puede ser que Angeles Mastretta y sus Mujeres de Ojos Grandes me haya gustado más que El Alquimista de Paulo Coehllo.

Puede ser que viajar sea la respuesta.

Debe ser.

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El año anterior, en Julio 2, 2002 escribí esto: (Generalmente escribía alguna breve descripción debajo de la fecha, pero en esta hoja no hay nada. Solo puedo apreciar, leyendo el otro texto que escogí para compartir hoy, que durante ese par de años tenía una obsesión con Benedetti)

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Quiero huir con el aire
Volar alto como las águilas
Que me miren como las montañas
Ser tan fuerte como las raíces de un árbol

Quiero reír como una hiena
Llorar como un bebe
Nadar como sirena
Crecer como los girasoles
Escribir como Benedetti

Quiero ser predecible, algunas veces, como el cielo
Tan mujer como mi madre
Tan feliz como me haces
Tan independiente como el mar

Simplemente quiero ser.

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En conclusión: quería ser muchas cosas…y viajar jaj. ¡Que poca! Any de 18 años no le parecería nada que me este riendo de sus escritos.

De hecho me recordó que me gusta viajar, y que sigo creyendo que es de las acciones que más me han enriquecido como ser humano. Y no lo digo por turistear, por caminar en lugares exóticos o ir de shopping. Nunca han sido los paisajes externos sino los internos los que me han dado lecciones de vida.

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2 Comments

  1. Ay pues con razón… si me dejaran en una isla desértica y me dieran a escoger lo que me puedo llevar, sería el libro “100 Años de Soledad” y el CD “Pies Descalzos”. (Esa hubiera sido mi respuesta a los 14 años… la tengo que actualizar!). Ves, con razón!

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